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Lista de cine

Las 100 mejores películas bélicas

Las tenemos desde que se combatía con lanza y casco hasta los últimos conflictos que han conmovido el mundo. Y es que los seres humanos se han peleado siempre, desde Caín y Abel. Hemos preferido incluir aquellas películas que muestran el frente de batalla, en detrimento de otras que se desarrollan en tiempos de guerra, pero no son estrictamente bélicas, como El pianista o La lista de Schindler.

Hemos evitado también los títulos sobre conflictos imaginarios, como La guerra de las galaxias, aunque sin duda se trata de una película de batallas a la altura de las mejores. Ofrecemos los títulos especificando la época del conflicto.

 

La antigua Grecia:

1. 300

2. Troya

La antigua Roma:

3. Espartaco

4. Gladiator

Rusia. Siglo XIII

5. Alexander Nevski

Rebelión escocesa contra Inglaterra. Siglo XIII

6. Braveheart

Inglaterra-Francia. Siglo XIV

7. Enrique V (1989)

Inglaterra. Siglo XV

8. Campanadas a medianoche

Guerra británico-francesa

9. El último mohicano

Guerra de los 7 años

10. Barry Lyndon

Guerra de Flandes

11. La kermesse heroica

Japón feudal

12. Ran

13. The Hidden Blade

14. Kagemusha, la sombra del guerrero

15. Cuentos de la luna pálida

Guerra de la Independencia Estadounidense

16. El patriota

España. Guerra de la Independencia

17. Orgullo y pasión

Guerras Napoleónicas

18. Los duelistas

19. Napoleón

20. Waterloo

Crimea (1854)

21. La carga de la brigada ligera (1936)

22. La última carga

Guerra de secesión estadounidense

23. El nacimiento de una nación

24. Tiempos de gloria

25. Cold Mountain

Guerra México-EE.UU. (1863)

26. El Álamo (1960)

27. El desertor del Álamo

Guerra británico-zulú (1879)

28. Zulú

I Guerra Mundial

29. Senderos de gloria

30. Sin novedad en el frente

31. La gran ilusión

32. Alas

33. Ángeles del infierno

34. Gallipoli

35. Capitán Conan

36. Lawrence de Arabia

37. La reina de África

38. Camino a la gloria (1936)

Guerra Civil española

39. Soldados de Salamina

40. Arise, mi amor

II Guerra Mundial

41. También somos seres humanos

42. La cruz de hierro

43. Cartas desde Iwo Jima

44. La condición humana III: La plegaria del soldado

45. Salvar al soldado Ryan

46. El día más largo

47. Enemigo a las puertas

48. Objetivo: Birmania

49. Destino Tokio

50. El puente sobre el río Kwai

51. El submarino

52. No eran imprescindibles

53. La Sra. Miniver

54. Bitter Victory

55. Jornada desesperada

56. Patton

57. La delgada línea roja

58. El hundimiento

59. Doce del patíbulo

60. Uno rojo división de choque

61. La batalla de Midway

62. Stalingrado

63. Vida y muerte del coronel Blimp

64. Arenas sangrientas

65. Infierno en las nubes

66. U-571

67. La colina

68. La gran evasión

69. La guerra de Hart

70. Los cañones de Navarone

71. Los invasores

72. MacArthur, el general rebelde

73. Rommel, el zorro del desierto

74. Sahara (1943)

75. Days of Glory

76. Air Force

77. Batallón de construcción

78. Cenizas y diamantes

79. China

80. Charlotte Gray

81. Cinco tumbas al Cairo

82. Un puente lejano

Vietnam

83. Apocalypse Now

84. La chaqueta metálica

85. El cazador

86. Platoon

87. Cuando éramos soldados

88. Corazones de hierro

Camboya

89. Los gritos del silencio

Corea

90. M.A.S.H.

91. A bayoneta calada

92. La colina de los diablos de acero

I Guerra del Golfo

93. Tres reyes

Guerra de Ruanda

94. Hotel Rwanda

95. Disparando a perros

Somalia

96. Black Hawk derribado

Guerra de Bosnia

97. En tierra de nadie

98. Las flores de Harrison

Guerra de Irak

99. La batalla de Hadiza

100. Redacted

 

Las 100 mejores películas bélicas
(2019) | 138 min. | Acción | Bélico | Drama Tráiler
Roland Emmerich es un cineasta alemán que ya desde el inicio de su carrera mostró su fascinación por el cine estadounidense, siguiendo los parámetros de un Spielberg en títulos como El secreto de Joey. Luego, ya en Hollywood, demostró una sorprendente atracción hacia títulos que rendían pleitesía al amor de los yanquis por su país, con Independence Day  y El patriota, a la vez que manejaba enormes presupuestos, sin duda que se movía como pez en el agua a la hora de armar superproducciones. Por ello no resulta extraña que ahora dirija Midway, sobre la Guerra del Pacífico en los años de la Segunda Guerra Mundial, concediendo el espacio principal a la batalla del título, aunque ampliando el marco con los prolegómenos que conducen a ese punto culminante de la contienda. Por supuesto, no es la primera vez que el cine la aborda, en 1976 tuvimos La batalla de Midway de Jack Smight, con un reparto plagado de estrellas, Charlton Heston, Henry Fonda, James Coburn, Glenn Ford y Toshiro Mifune, entre otros. En realidad podríamos decir que el film de Emmerich combina lo contado ahí con lo que mostraba la película de 1970 Tora, Tora, Tora. De modo que la trama arranca con el oficial de inteligencia Edwin Layton detectando que Japón podría sentirse fuerte para intentar imponer su dominio en el Pacífico, pero sin que sus advertencias sean escuchadas, lo que conduce al desastre de Pearl Harbor, el ataque japonés inesperado y que destruye gran parte de la flota. Con el nombramiento del almirante Chester Nimitz, Estados Unidos se prepara para dar una respuesta contundente, el audaz bombardeo de Tokio, coordinado por el teniente coronel Jimmy Doolittle. Para llevar a cabo la operación es necesario que inteligencia, con Layton detrás sea escuchada, en sus intentos de descodificar los mensajes nipones. Y pilotos como Dick Best se jugarán la vida, pues las operaciones tan lejos de un lugar para repostar, y sin apenas portaviones, son de altísimo riesgo. Todo conducirá a la batalla de Midway, que podría convertirse en una trampa mortal para unos y otros, decidiéndose el destino de la guerra. El film de Emmerich, coproducción con China que cuenta con un guion del más bien desconocido Wes Tooke, es riguroso a la hora de ceñirse a los hechos históricos, y se sigue con interés. Los efectos visuales digitales siguen perfeccionándose, de modo que todas las escenas de acción bélica resultan impactantes. Como es de rigor en una cinta de guerra que sigue las pautas de la vieja escuela, resulta importante el reparto, casi exclusivamente masculino, donde destaca Woody Harrelson, un actor igual se enfrenta a los zombies con guasa en Zombieland. Mata y remata, que se lanza a interpretar con enorme dignidad y clase al almirante Nimitz. Hay muchos rostros reconocibles, como el de Nick Jonas, uno de los hermanos Jonas, el valiente piloto Bruno, o los de Dennis Quaid, Aaron Eckhart y Luke Evans, correctos aunque no tienen la fuerza de los clásicos. El bando japonés es retratado con respeto, se evita caer en el trazo típico de la caricatura.
6/10
(2016) | 131 min. | Bélico | Drama Tráiler
Una película asombrosa, que vuelve a demostrar que Mel Gibson es un cineasta genial, capaz de elevar una historia interesante a la categoría de obra maestra fílmica sin paliativos, verdaderamente él cumple con la regla de las 3 "E", que dice haber escuchado y tener en cuenta: un film debe ser Entretenido, debe mostrar una vertiente Educativa, y, ya es lo máximo, debe Elevar el espíritu del espectador, divisas tenidas muy en cuenta en Hasta el último hombre. Como hizo en Braveheart y en La Pasión de Cristo, parte de hechos reales, aquí con la ventaja adicional de que existen testimonios escritos y filmados de los protagonistas de su historia, de hecho la película concluye con algunos de estos últimos. El film cuenta la asombrosa historia de Desmond Doss (1919-2006), un joven de Virginia que desea servir en el ejército de su país tras el ataque japonés a Pearl Harbour, y la consiguiente declaración de guerra. Pero, objetor de conciencia y hombre de fe, cristiano adventista del séptimo día, se ha prometido en presencia de Dios no tocar un arma, él servirá como médico y pondrá los medios para salvar vidas. Semejante postura se topa con la incomprensión de compañeros y superiores, que la confunden con locura, cobardía, fanatismo o una mezcla de todo eso. Pero él se mantendrá fiel a sus convicciones y finalmente destinado en Okinawa dará prueba de un valor y entrega a los demás desarmante. El guión de esta poderosa historia lo han urdido dos hombres que ya antes han escrito historias inspiradoras con componente bélico: Robert Schenkkan en la miniserie The Pacific, con el mismo escenario de guerra, y Andrew Knight en El maestro del agua. Su libreto es sólido. En el primer tramo, componiendo el background de Desmond antes de su alistamiento, su vida alegre y sencilla, su enamoramiento, el trauma del padre veterano de la Gran Guerra, cuyas secuelas han influido en toda la familia. Luego con la peripecia de su preparación militar en un cuartel, con la incomprensión que suscita su determinación de no tocar un fusil. Y finalmente en Okinawa, la guerra pura y dura, donde su fe y la entrega incondicional en su trabajo se desvelan de modo heroico. La película de Gibson no puede ser más oportuna en un momento histórico en que un derecho que parecía pacíficamente aceptado, el de que nadie debería ser obligado a hacer algo que repugne a su conciencia, empieza a conocer trabas y a ser puesto en entredicho, porque supuestamente sería un estorbo para otros. La cuestión está muy bien desarrollada y es básica en un personaje muy bien perfilado, y al que da vida de modo maravilloso Andrew Garfield: nos creemos su entereza, donde la fe es primordial, da pruebas de humanidad, no es de piedra, tiene sentido del humor, y la subtrama romántica con una encantadora Teresa Palmer tiene la virtud de convertir en agradabilísimo lo que en diferentes manos habría sido decididamente ñoño. Las escenas bélicas están muy bien concebidas y resultan comprensibles para el espectador, a diferencia de otros filmes, donde todo es confuso, y la excusa facilona y cómoda es, "ya se sabe, la guerra es así". Así que entendemos el objetivo de una acción, el desplazamiento de los soldados, los obstáculos, el recurso a la artillería... En la línea de sus anteriores filmes, Gibson se decanta por el hiperrealismo, violencia estilizada muy bien fotografiada, pero violencia, al mostrar todo el horror de la batalla en lo referente a heridas, mutilaciones, sangre y vísceras. De este modo, por contraste, queda más subrayado el hecho asombroso de cómo se puede ser heroico en la guerra sin disparar una sola bala, y ello sin pretender negar que los otros soldados también están cumpliendo su deber luchando contra los japoneses con las armas. La partitura musical de Rupert Gregson-Williams está inspirada, y no pretende imponerse al resto de los elementos de las distintas escenas, de modo que se puede disfrutar de una interpretación, o de la belleza de algunos planos, como aquellos a que dan pie los descendimientos de los soldados y del propio Desmond desde lo alto del Hacksaw Ridge. Todo el reparto está muy bien, hemos mencionado a Garfield y Palmer, pero los padres del protagonista (Rachel Griffiths y Hugo Weaving), más los distintos soldados (Vince Vaughn, Luke Bracey, Sam Worthington...) también están interpretados con mucho talento.
10/10
(2014) | 134 min. | Acción | Bélico Tráiler
Al final de la II Guerra Mundial, los Aliados inician su ofensiva final en el frente europeo. Norman Ellison, joven taquígrafo que sólo lleva ocho semanas alistado, es enviado a servir al tanque Sherman dirigido por el veterano sargento Wardaddy. Aunque se siente superado por las duras situaciones que sobrevienen, el chico aprende poco a poco a afrontar el horror bélico. David Ayer está detrás de dos brillantes películas que mostraban el día a día de los agentes de policía enfrentados a la violencia, pues ejerció como guionista en Training Day (Día de entrenamiento) y escribió y dirigió Sin tregua. También fue el autor del libreto del film sobre los tripulantes de un submarino U-571. Corazones de acero tiene muchos elementos en común con estos títulos, pues se centra en el compañerismo de los protagonistas, también en un entorno hostil, y encerrados en un espacio muy cerrado, como en el último largometraje citado. Esto trae inevitablemente a la memoria la magistral La diligencia, de John Ford, también por su énfasis en la relación entre personajes de caracteres variopintos, en este caso los hombres que se ocupan de un tanque. Los protagonistas están descritos con tridimensionalidad, lo que da pie a grandes interpretaciones, sobre todo por parte de Brad Pitt –productor, que se ha reservado el papel más complejo, pues da vida a un sanguinario implacable con el enemigo, pero que también tiene aspectos nobles–, y el joven Logan Lerman, que fue Percy Jackson en la conocida saga juvenil, y que aquí tiene el arco de evolución más amplio. Pero también brillan como secundarios sus compañeros de vehículo acorazado, Michael Peña –el latino y racional–, Shia LaBeouf –el religioso– y Jon Berthal –el desequilibrado peligroso–. Aunque no se recrea en la violencia, ésta no se escatima cuando procede, muy en la línea de La cruz de hierro, de Sam Peckinpah. Todo parece enormemente realista y bien documentado (salvo curiosamente los disparos, artificiosamente superpuestos a la imagen). Y si bien pone de manifiesto la crueldad de los nazis, que provocaron la guerra, también muestra las brutalidades y el fanatismo de los estadounidenses, que surgen de la reacción ante la barbarie, pero igualmente injustificables. Además, Corazones de acero cuenta con algunas secuencias brillantes, como la entrada de los protagonistas en la casa de dos primas alemanas, llena de suspense, o el enfrentamiento con el 'antitanques' alemán, donde Ayer deja claro que aunque tiene más prestigio como libretista, también es un realizador de primera.
7/10
(2004) | 156 min. | Histórico | Drama Tráiler
El director Oliver Hirschbiegel adapta fielmente el libro de su compatriota Joachim Fest, donde se narran con meticulosidad los últimos días de Hitler en su búnker de la Cancillería del Tercer Reich en Berlín, antes de suicidarse junto a su mujer Eva Braun. La película recoge el asfixiante ambiente del refugio durante los últimos días, cuando reina ya la desesperación de quienes saben que el fin es inevitable. Sólo es cuestión de días que los soviéticos alcancen el centro de la ciudad, pero Hitler se niega a capitular: en su locura cree que la victoria alemana es posible, que sus tropas no pueden fallarle… Los miembros de la cúpula militar que permanecen junto a él no saben cómo afrontar sus desvaríos, y le toleran, y le adoran, y le siguen. Pero la realidad se hace palpable tras las tambaleantes galerías del bunker, y al fin sólo hay una salida para quienes se niegan a rendirse. Por primera vez una película alemana desentraña uno de los episodios más vergonzosos y terribles de la historia de Alemania. Y lo hace de una manera excepcional a lo largo de casi tres horas que se pasan en un suspiro, gracias a un guión ajustado e intenso, sin cabos sueltos ni tramas secundarias. El espectador siente la opresión de estar bajo tierra, de presenciar el fin de un patético fracasado, un führer enfermo que se arrastra por la atmósfera gris de sus aposentos privados, enterrado en vida… Y acaba por hacerse increíble a la mente del público que esas pocas personas hundidas en su agujero hicieran lo que hicieron con el destino del mundo. Realmente excepcional es la dramatización de Bruno Ganz (es aconsejable escucharle en alemán), quien encarna a Hitler con tal énfasis que uno acaba por olvidar el verdadero rostro del dictador nazi. Una película de las que quedan para la posteridad.
8/10
(2004) | 121 min. | Drama
Gracias a Dios, es una constante en la historia humana que en los momentos más terribles surgen también increíbles actos de heroísmo. Y eso da esperanza. Esta película habla de que los grandes males dan lugar a grandes bienes, y lo hace con una historia real, terrible e intensa, sucedida recientemente en África durante el genocidio de Ruanda. Paul Rusesabagina es un ciudadano ruandés, de la etnia hutu, que regenta el Mille Collines, uno de los hoteles más prestigiosos de Kigali, perteneciente a la línea aérea belga Sabena. En medio de una situación social muy inestable, Paul, un tipo de buena posición social, inteligente y honesto, trabaja con empeño por mantener el orden y la calidad del servicio en su hotel, aunque ello le cueste algún pequeño soborno con las corruptas autoridades del país. Mientras tanto, la ONU se encuentra en Ruanda para mediar en el convenio de paz entre hutus y tutsis. Pero la paz nunca se hará realidad, ya que tras el asesinato del presidente estallará una tremenda guerra civil que dará lugar a uno de los peores genocidios del siglo XX. Muy pronto Paul se da cuenta del peligro que corre su propia familia, ya que su mujer es tutsi. Una noche dan comienzo los asesinatos indiscriminados por las calles; familiares y vecinos son masacrados por antiguos colegas; los tutsis caen a cientos por los machetes de los hutus. El odio es atroz e irracional. Paul conseguirá llegar hasta su hotel con su familia y allí sabrá que la ONU se desentiende del problema, mientras miles de tutsis buscan refugio en su hotel. La cercanía de los acontecimientos juega a favor en una historia de la que la mayoría de los espectadores hemos sido testigos. El director Terry George hace que sintamos la impotencia ante el genocidio y que nos impliquemos en los acontecimientos, gracias a un guión preciso, que no decae en ningún momento y que no duda en criticar duramente a las ambiguas y cobardes potencias occidentales. Resultan impagables para el resultado final, las interpretaciones de Don Cheadle y Sophie Okonedo (nominados al Oscar), que transmiten una angustia impresionante y dan lugar a momentos de un patetismo difícil de igualar. La película evita caer en exhibicionismos macabros; eso sí, la brillante y sobrecogedora escena de la carretera del río vale por sí sola para quitarle a uno el sueño durante una semana.
7/10
(1930) | 128 min. | Drama
Se cumplen 75 años de este clásico del cine antibélico. Producido por Universal, fue justo ganador del Oscar al mejor film. Además, el director, Lewis Milestone, se llevó la estatuilla al mejor director. Adaptación del libro homónimo de Erich Maria Remarque, la trama se sitúa en la I Guerra Mundial. Una guerra cruel, donde las batallas muchas veces fueron una auténtica carnicería; se han encargado de recordarlo títulos como Adiós a las armas (1932), Senderos de gloria, Gallipoli, Pabellón de oficiales, o Largo domingo de noviazgo. La acción transcurre en el bando alemán, y arranca con el fervor patriótico propagado en las aulas entre jóvenes estudiantes que no han cumplido los 18 años, pero que están deseando combatir por su país. El amor auténtico por su nación poco tiene que ver con la realidad que encuentran en el campo de batalla, donde la brutalidad, el horror y el miedo son compañeros habituales, por no hablar del hambre o las heridas de guerra. Se producen situaciones en que sale lo mejor de cada soldado (el compañerismo, la asistencia en la muerte), pero también hay momentos esperpénticos, como aquel en que uno de los soldados comparte un agujero en el suelo con un combatiente enemigo moribundo, cuya lengua no entiende; sólo sabe que es un ser humano con seres queridos, como él, algo que prueba la fotografía que lleva en la cartera. Sorprende la madurez de este film, casi recién iniciado el cine sonoro. Y la valentía del desenlace, nada acomodaticio. Resulta además acertado el reparto de actores desconocidos, lo que acentúa el realismo; el director buscó incluso antiguos combatientes alemanes. Sobre el tono del film da idea el prólogo de arranque, en que se dice con palabras de Remarque: “Esta historia no es una acusación ni una confesión, y aún menos una aventura, pues la muerte no es una aventura para aquellos que se enfrentan de pie a ella. Trata simplemente de una generación de hombres que, aunque escaparan de las bombas, quedaron destrozados por la guerra.”
7/10
(1989) | 109 min. | Bélico
Durante la guerra del Vietnam, un escuadrón queda atrapado en la inmensidad de la selva. Con la moral minada, se plantean cada vez más el sinsentido de una lucha que no conduce a ninguna parte. Desesperados y con la conducta trastornada, secuestran a una joven del país. Con ello pretenden vengarse de la población vietnamita, que les hace la vida imposible. Sólo un grupo de oficiales tendrá la suficiente honestidad y sangre fría para enfrentarse a los soldados, y evitar que se cometa una atrocidad. Película repleta de tensión que supone una vuelta de tuerca más dentro de las numerosas visiones cinematográficas de la guerra del Vietnam. Destaca la interpretación de un boyante Sean Penn, que con el tiempo se ha convertido en uno de los actores más sólidos de su generación. Michael J. Fox, por su parte, trataba de librarse del sambenito de actor de películas adolescente, y logra una meritoria interpretación.
6/10
(2004) | 163 min. | Aventuras
Trasladar a la pantalla el extensísimo poema griego La Ilíada era una empresa verdaderamente homérica (nunca mejor dicho en este caso), pero Hollywood no conoce límites. Y es que no se trata sólo de su extensión, sino del contenido mitológico y heroico de un poema que ha sido considerado como una de las cimas de la literatura de todos los tiempos. Homero narra en ella la guerra desencadenada en el siglo XII a.C. entre griegos y troyanos, cuando Paris, príncipe de Troya, se lleva consigo a su ciudad fortificada a la bella Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta. Las fuerzas griegas comprenden varios reinos (Esparta, Micenas, Tesalia), comandados por el rey de Micenas Agamenón. Pero para derrotar a Príamo, rey de Troya, él sabe que necesita a Aquiles, rey de los Mirmidones, el único guerrero capaz de enfrentarse al temido Héctor, el más valeroso combatiente de la ciudad amurallada. Pero Aquiles detesta la arrogancia de Agamenón… Muy bien podría haberse llamado la película “La cólera de Aquiles”, porque el guión se aleja quizá peligrosamente del terreno mitológico (aquí los dioses no aparecen) para centrarse en las desavenencias entre Aquiles y su jefe. Esto no quita por supuesto para que estén presentes los temás básicos de esta historia épica, tales como la amistad, el amor, el honor y la valentía. El director Wolfgang Petersen ha logrado salir airoso de esta superproducción plagada de extras y rodar vibrantes escenas de lucha cuando entran en acción los nombres ilustres de Áyax, Odiseo (conocido también como Ulises) o Héctor, con algunos planos panorámicos extraordinarios. Brad Pitt se esfuerza por aportar a su personaje la fuerza del mito, aunque quizá le hace un flaco favor su estado perpetuamente iracundo, mientras que Eric Bana encarna con majestuosidad al honorable Héctor.
7/10
(2003) | 152 min. | Drama
La guerra de secesión americana. Inman, un soldado que combate en el bando sudista, resulta herido. En la etapa de convalecencia llega a sus manos una carta de su amada Ada, hija de un clérigo, con la que apenas mantuvo dos breves conversaciones y un beso antes de partir. En esas encendidas líneas, ella le cuenta sus penas, la muerte de su padre, su práctica inutilidad a la hora de sacar adelante su granja. Y le dirige una orden imperiosa: que deje todo lo que tiene entre manos (el ejército, por tanto) y vuelva junto a ella. Conmovido, sabedor de que ese amor a primera vista es lo que da sentido a su vida, Inman emprenderá el largo camino a casa. Adaptación de la voluminosa novela de Charles Frazier, ganadora del prestigioso National Book Award americano, que muestra cómo el amor es un motor más poderoso que las guerras a la hora de que el mundo siga dando vueltas. Anthony Minghella, director y autor del guión, sabe vertebrar bien la historia, que se inicia con Inman en el frente. Los flash-backs nos permiten conocer cómo se fraguó el delicado amor entre una tímida damisela del Sur, perfecta señorita nada práctica, y un tosco granjero, al que cuesta articular más de dos palabras seguidas. Una vez cumplido este primer objetivo, Minghella narra paralelamente las penalidades de Ada para sobrevivir en su granja y las de Inman para regresar. Ella contará con la ayuda inesperada (quizá demasiado, pues la chica llega casi como llovida del cielo) de Ruby, una moza sin demasiados modales, pero muy trabajadora y con un corazón de oro. Pero debe soportar el acoso de un bruto pretendiente, que más que a ella lo que desea son sus tierras. Mientras él, al modo de un Ulises del siglo XIX, encontrará en su camino múltiples personajes, oráculos, ciegos y cantos de sirena. Minghella pone un especial cuidado en las transiciones entre uno y otro hilo narrativo. Una buena herramienta para ello es la música: el director la usa, no sólo como un elemento que sirve para dar paz en medio del clima bélico, sino para pasar de una historia a otra; el piano de Ada y los violines del grupo del padre de Ruby, vienen para eso al pelo. El film es el clásico título concebido para arrasar en los Oscar. De hecho, obtuvo 7 nominaciones (de las cuales materializó una, la estatuilla de Renée Zellweger), pero curiosamente, no en los apartados de película y director. El diseño de producción, fotografía, música, son apabullantes, así como el reparto, sembrado de actores de primera línea. Nicole Kidman (no nominada, quizá por su premio de Las horas el año anterior) prueba que es una de las mejores estrellas que pueblan la galaxia Hollywood, creíble en su modosito personaje y en su transformación; también Jude Law (él, sí, nominado) hace creíble un personaje parco en palabras, pero en cuyo rostro es bien visible la huella de la guerra; y René saca todo su jugo a un personaje agradecido, apoyo necesario para la heroína. El resto –Atkins, Gleeson, Hoffman, Portman, Ribisi, Shuterland, Winstone…–, secundarios de lujo, cumplen sus papeles a la perfección.
7/10
(1935) | 115 min. | Drama | Histórico | Comedia
Llega al DVD esta estupenda comedia de Jacques Feyder, con aire de vodevil. El director belga toma una época histórica, la del siglo XVII, y muestra los temores de la pequeña población de Boom, en Flandes, ante la proximidad de las tropas españolas, que no vienen cargadas de demasiadas buenas intenciones que digamos. Visto el panorama, el burgomaestre tiene una idea que quizá calme temporalmente los deseos de pillaje de los invasores. Se trata de simular que él ha muerto, al tiempo que se recibe amistosamente a los extranjeros; de este modo, ante el duelo de la ciudad, quizá sean respetados. Y en efecto, ante la actitud aparentemente colaboracionista de la población, los recién llegados no ejecutan actos de brutalidad. Lo malo es que el jefe de los españoles inicia avances amorosos hacia la supuesta viuda, lo que, como es de imaginar, no gusta al marido ultrajado. Por otra parte, el caos reinante quizá sirva para que la hija del alcalde vea que su noviazgo con el artista Bruegel, mal visto por el padre, prospera. Aunque el film lo que pretende es hacer reír con un entretenimiento ligero, algunos se lo tomaron bastante en serio. Y es que en cierto modo fue algo premonitorio acerca del régimen colaboracionista de Vichy, que hizo las cosas más fáciles a los nazis tras su invasión de Francia. Lo que hizo que, un poco a la tremenda, fuera tachada de filogermana. No obstante, sería un gran éxito de público. Feyder, maestro del cine realista que tenía detrás una larga carrera en el cine mudo, hizo un film divertido y diferente a lo que se estilaba entonces. Y concedió el papel más goloso, el de mujer del burgomaestre, a su propia esposa, la actriz Françoise Rosay. Uno de los puntos fuertes del film es la imaginería, que retrotrae a los cuadros flamencos de la época. El director artístico Lazare Meerson, prematuramente fallecido con 38 años, hizo una verdadera obra de arte, bien asistido por el gran Alexandre Trauner (que luego haría este cometido en muchos filmes de Billy Wilder) y Georges Wakhévitch.
8/10
(1981) | 110 min. | Bélico | Drama
I Guerra Mundial. Dos atletas australianos marchan al frente. Alrededor de la batalla de Gallipoli, Peter Weir entrega un sólido alegato antibelicista, aprovechando de modo maestro las notas del ‘adagio’ de Albinoni. El film lanzó a la palestra a un jovencito Mel Gibson. Quién no recuerda el diálogo: "-¿Qué son tus piernas? -Muelles de acero. -¿Cómo vas a correr? -Como un leopardo".
7/10
(1996) | 129 min. | Bélico | Drama
Bertrand Tavernier abordó el tema de la guerra en La vida y nada más y La guerra sin nombre. De nuevo abunda en los horrores bélicos a partir de una novela, de contenido autobiográfico, del francés Roger Vercel, que en algunos aspectos conecta con Senderos de gloria de Stanley Kubrick. La historia transcurre durante la recta final de la I Guerra Mundial, cuando los franceses logran una victoria decisiva, en el frente de los Balcanes. Ésta ha sido posible, en parte, gracias al cuerpo de 50 hombres que manda el capitán Conan. Delincuentes y asesinos reclutados en distintas prisiones, hallan una forma de redimirse mostrando su valor en el combate. La película ofrece secuencias bélicas perfectamente coreografíadas. La dirección artística mereció un premio en el Festival de San Sebastián. Fotografía nerviosa y música son de gran belleza. Pero donde sobresale el film es en su historia, valioso material que ahonda en el espíritu humano, y que muestra con justeza el contexto donde se desenvuelve. Tavernier y su guionista, Jean Cosmos, hacen una magnífica adaptación con adecuado sentido del ritmo, que sabe huir de simplismos maniqueistas, donde la forma está al servicio del fondo. Tavernier muestra un amplio abanico de tipos humanos. El capitán Conan posee un valor y coraje algo salvajes; es individualista, pero aprecia a sus hombres; en la guerra da lo mejor de sí mismo, pero su razón de ser, su mundo, pueden acabarse cuando llegue la paz. Trata de entenderle Norbert, maestro en la vida civil, sobre el que van cayendo distintas responsabilidades –primero como abogado, luego como fiscal– en procesos militares, donde trata de actuar guiado por la justicia. Se dibuja con acierto la relación entre estos dos hombres, que quiere ser de amistad, aunque sus modos de ver la vida sean muy diferentes. Conan no responde a estereotipos militares; sin embargo, admira al teniente De Scéve, por su valentía y virtudes castrenses. Este personaje, positivo pese a sus defectos –Conan y Norbert se describen del mismo modo–, equilibra el corrosivo retrato que se hace de algunos altos mandos, preocupados sólo de satisfacer su ego. Otros personajes secundarios –el soldado acusado de cobardía y su afligida madre, el sacerdote que ayuda en su defensa...– enriquecen la narración. El film muestra en los personajes rasgos de amistad, amor, entrega, comprensión, justicia... Pero están teñidos de amargura, empapados de un pesimismo que ve difícil cambiar el estado de las cosas. Es difícil cambiar caracteres demasiado hechos, desarraigar la maldad o el egoísmo que anidan en tantos corazones, parece decir un sombrío Tavernier.
6/10
(1960) | 184 min. | Histórico Tráiler
Espartaco. El nombre de un esclavo tracio que lideró una rebelión contra el todopoderoso imperio romano, tras huir de una escuela de gladiadores con 70 hombres en el año 73 a.C. Reunió en torno a sí a 120.000 seguidores, un auténtico desafío a Roma. Las legiones de Craso y Pompeyo se emplearon a fondo para derrotar a Espartaco y crucificar a 6.000 hombres en la vía Apia, a modo de escarmiento. Al fondo estaban las luchas intestinas en el Senado, con el creciente poder de Craso y Julio César. La historia, novelada por Howard Fast, encandiló a Kirk Douglas, que se hizo con los derechos a través de su productora Bryna Productions. El guión lo escribió Dalton Trumbo. Tanto él como Fast figuraban en la lista negra del Comité de Actividades Antiamericanas, pero Douglas decidió dar crédito a ambos en el film. El director fue inicialmente Anthony Mann, que hizo las escenas de las minas de sal. Pese a su indudable competencia, Douglas, que había rodado con Stanley Kubrick Senderos de gloria, le sustituyó sin aparente motivo. Mucho se ha especulado sobre tal decisión: se diría que Douglas creía a Kubrick más controlable. El cineasta aprovechó la oportunidad para probar que podía rodar una gran superproducción (fue la única vez que hizo un film que no era iniciativa suya); a partir de entonces hizo todo lo que quiso, con su legendaria meticulosidad. Douglas se esforzó mucho, tanto en la producción como en su papel, pero su personaje, Espartaco, era de los más desdibujados. Kubrick da muestras de su enorme fuerza visual. Las luchas en la escuela de gladiadores, con Espartaco y Draba contemplando a sus compañeros por una ranura, o las evoluciones de los ejércitos en la batalla entre esclavos y romanos, son de enorme belleza. Entre los extras de esta edición, destacan, además de los comentarios, una larga entrevista con Peter Ustinov, las escenas de entrenamiento en la escuela de gladiadores, y un documental sobre ‘Los 10 de Hollywood’.
8/10
(2003) | 112 min. | Bélico | Drama
Postrimerías de la guerra civil española. El bando republicano huye a la desbandada. Un grupo de milicianos conduce por un bosque a 50 prisioneros del otro bando; se dispone a fusilarlos. En la confusión de la refriega, salva la vida el escritor falangista Rafael Sánchez-Mazas. Oculto entre la maleza, un miliciano le descubre. Pero, inexplicablemente, no dispara: respeta su vida. Medio siglo después una joven escritora en crisis investiga la historia. Un artículo en un diario puede que le lleve a la novela de su vida… y a descubrir unas cuantas verdades sobre sí misma. Impecable adaptación de David Trueba de la novela de Javier Cercas. El director y guionista logra una buena conjunción entre los hechos actuales y los del pasado, e inserta bien los testimonios de protagonistas auténticos de lo que se cuenta. Un gran acierto de Trueba es mirar hacia atrás sin ira, sin revanchismos. Puede considerarse algo caprichosa la decisión de convertir al protagonista masculino de la novela en una mujer, pero resulta innegable que Ariadna Gil asume su papel con brillantez.
6/10
(2002) | 150 min. | Drama Tráiler
Que la guerra es un completo horror, lo sabe todo hijo de vecino. Pero sin duda que hay horrores y horrores, y el que le toca padecer a la familia Szpilman es de los que hacen época. Al estallido de la Segunda Guerra Mundial y la consiguiente ocupación de Polonia por los nazis, sigue la insidiosa persecución de los judíos. Y el gran crimen de Wladyslaw Szpilman y sus padres y hermanos, que viven en Varsovia, no es otro que el de ser judíos. Aunque Wladyslaw es un pianista de prestigio, esto no le libra ni a él ni a los suyos de lo que comienzan siendo vejaciones, sigue con el ghetto y el asesinato indiscriminado, y llega hasta a la amenaza de “la solución final”, o sea, el holocausto. Una narración clásica, que funciona, basada en rigurosos hechos reales, narrados por Wladyslaw Szpilman en sus memorias. A pesar de que el territorio del holocausto está más que trillado por el cine (con esa esa obra maestra de Spielberg, La lista de Schindler, como magnífico fruto), Roman Polanski hace una aportación original. Curiosamente, lo que da su enorme personalidad al film es el desapasionamiento, el esfuerzo por ofrecer el punto de vista de Szpilman sin aspavientos innecesarios, confiando en la fuerza de su tragedia, del horror de que es involuntario testigo y protagonista. Hay más acierto en este film que en Rebelión en Polonia de Jon Avnet que, al poner el acento en la resistencia judía en el guetto, distorsiona ligeramente el conjunto de los hechos; o que en Amén de Costa-Gavras, intento nada disimulado de culpabilizar a la Iglesia por el holocausto. Polanski gradúa la presentación de los elementos de la historia, sabe hacerla crecer en interés. Define bien los personajes, una familia judía de lazos muy estrechos. Y muestra cómo los acontecimientos históricos les sobrepasan: la invasión nazi, los bombardeos, la discriminación racial, que aumenta progresivamente hasta llegar al guetto y los campos. Viene entonces el punto de inflexión de la película, que conduce a una reflexión acerca de la soledad, de la capacidad de aguante del espíritu humano. Cómo se va minando la vida del alma lo muestra muy bien esa escena en que Szpilman está ensayando un posible salto suicida desde la ventana, para no caer en manos de los nazis. El piano que Szpilman no puede tocar físicamente, pero sí con la mente, habla de lo más noble que tiene el hombre, que a pesar de la crueldad y la persecución implacables es capaz de conservar. Esa segunda mitad del film es un prodigio de sensibilidad. Las escenas del protagonista entre las ruinas de la ciudad son de una fuerza enorme, parece que nos encontremos en un paisaje lunar, donde todo es piedra. Sin apenas palabras en su etapa de soledad, el desconocido y recién oscarizado Adrien Brody aguanta el peso de la narración con su mirada de animal acorralado a la que queda un resto de humanidad, que agradece las ayudas inesperadas. Magnífica resulta la aparición providencial del oficial alemán, un personaje que da un giro insospechado a la trama, y que nos recuerda lo ingenuo que resulta querer convertir la Historia en un relato de buenos y malos, o el confiar sólo en las propias fuerzas.
7/10
(1979) | 202 min. | Bélico
Tres años de rodaje, un tifón, la hipoteca de sus propiedades, la sustitución del protagonista Harvey Keitel por Martin Sheen, el infarto de éste, una crisis matrimonial finalmente resuelta… No es fácil distinguir las dificultades reales del rodaje de Apocalypse Now con la leyenda que le confirió aura de título maldito. Se dijo que un desequilibrado robó material rodado y lo devolvía “por entregas”, en forma de trocitos calcinados; Peter Biskind afirmó que los cadáveres del refugio de Kurtz, procedentes en teoría del instituto anatómico forense, eran en realidad cuerpos de tumbas profanadas. Eleanor Coppola, esposa de Francis, escribió en su diario: “Es horrible advertir que alguien a quien amas se adentra en el centro de sí mismo y se enfrenta a sus temores, temor al fracaso, a la muerte, a volverse loco. Hasta ahora no había podido aceptar que el hombre al que amo, mi marido, el padre de mis hijos, pudiera mentir, traicionar y ser cruel con la gente a la que quiere.” Se producía un inquietante paralelismo entre Coppola y los personajes principales de Apocalypse Now. La idea del film surgió de John Milius, al que ayudó George Lucas en un primer tratamiento. Pero cuando Coppola asumió la historia, le dio un vuelco decisivo: no sería un título bélico al uso, sino una meditación sobre la degradación del espíritu humano. Tomar como columna vertebral “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, ayudó a dar carta de naturaleza a estas intenciones. En el libro de Conrad, el protagonista inicia un largo viaje a un África ignota, para aclarar el modo en que Kurtz explota una mina de diamantes. La búsqueda, el encuentro, el intento de comprender las motivaciones del otro, serían los mimbres con que Coppola confeccionaría su personal cesto acerca de las luces y sombras del espíritu humano. Resulta reduccionista decir que Apocalypse Now es una película sobre Vietnam. Va más allá: podría ser cualquier guerra, y podría no hablar de guerra alguna. Habla de actos humanos y sus consecuencias. De la posibilidad de hacer el bien y el mal. De las dudas y la tendencia a juzgar al otro. Coppola lo explicó con claridad: “Quería hacer un film sobre las grandes cuestiones planteadas por esta guerra (…), cuestiones vastas, filosóficas. Como el concepto de moral, del bien y del mal, que uno encuentra cada vez que trata un tema donde hay gente que cree ser muy buena, muy moral, y que hacen cosas que parece que están muy mal.” Algunos comentaristas tacharon los diálogos de ampulosos. Son los mismos que prefieren el mensaje directo del ataque de los helicópteros al son de “La Cabalgata de las Walkirias” (magnífica, sin duda) al esfuerzo intelectual que exige el discurso lúcido e incoherente (se da esta paradoja) de un coronel Kurtz envuelto en la negrura de las sombras (como don Vito Corleone en El padrino). Las reflexiones de Willard, servidas con voz en off, en que se interroga sobre su misión, acabar con Kurtz (“No podía creer que quisieran enterrar a este hombre; casi mil condecoraciones”, “Ese hombre tiene la mente clara, pero el alma deshecha”); o los intentos de Kurtz de expresar el estado de su alma, las dudas que le acometen… son esfuerzos notables por descender al abismo en que puede caer el hombre. 
8/10
(2002) | 138 min. | Bélico
Tras el revisionismo a que ha sido sometido el tratamiento fílmico de la Segunda Guerra Mundial (Salvar al soldado Ryan y La delgada línea roja sumaban, a la seguridad del cine de antaño de que se combatía por una causa justa, el a veces obviado horror de cualquier guerra), le toca el turno a la Guerra de Vietnam. Acostumbrados a personajes tarados, sobre los que pesan mil y un traumas, sorprende gratamente Cuando éramos soldados, una película que viene a recordar que el comportamiento heroico es posible en cualquier conflicto bélico. Incluso en aquél cuyas motivaciones de fondo son discutibles. El material perfecto para este nuevo punto de vista lo proporciona "We Were Soldiers Once… and Young", libro escrito al alimón por el teniente general ya retirado Harold G. Moore y el corresponsal de guerra Joseph L. Galloway. Ambos fueron protagonistas de una acción de guerra en la Zona de Rayos X, en el valle de Drang, y plasmaron sobre el papel su experiencia y la de los hombres con los que combatieron. Randall Wallace, guionista de Braveheart y Pearl Harbor, y que había dirigido la entretenida El hombre de la máscara de hierro, filma con aplomo su historia, y la insufla de un tono épico. Sin ocultar el horror –algunas escenas bélicas son sencillamente espeluznantes–, calan en la humanidad de sus compañeros, en su heroísmo cotidiano. Los soldados son personas normales, con familia, que rezan y aman, que se esfuerzan por vivir el espíritu de las viejas virtudes castrenses. Esto no quita para que haya muerte y destrucción por doquier (se menciona expresamente la masacre que sufrió el general Custer, como referencia), o momentos en que los nervios se rompen. Pero se evita el sadismo que se había convertido en “marca de la casa” del subgénero vietnamita. Humanizar no significa dulcificar o suavizar el infierno bélico. Es dar la “foto” completa.
6/10
(2002) | 125 min. | Bélico
Los años de la II Guerra Mundial. El teniente Hart (Colin Farrell), estudiante de derecho en la vida civil, es hecho prisionero por los nazis. No es un héroe y lo sabe; lo que le cuesta es reconocerlo, y esto molesta al coronel William A. McNamara (Bruce Willis), cuyas raíces castrenses se remontan cuatro generaciones. No quiere a ese hombre en su barracón del campo de prisioneros, y lo manda con los suboficiales. Allí –giro dramático de doble vuelta y pelín forzado– van a parar también dos oficiales negros; en un ambiente de racismo nada soterrado, se fuerza la muerte violenta de uno de ellos. La atmósfera se carga, y se produce el asesinato de un suboficial blanco: el negro superviviente es el principal sospechoso y tras lograr, graciosa concesión de los nazis, la posibilidad de formar un consejo de guerra, Hart se encarga de su defensa. Gregory Hoblit maneja bien la historia, a la vez que muestra con atino a un grupo de hombres que combaten por su país, pero que no son de una pieza. Tanto el razonable Hart (el joven Farrell) como el soldado a machamartillo McNamara (Willis, al que le basta saber estar), presentan rasgos sombríos; pero a la vez son capaces de sacrificarse y pensar en los otros. Los nazis son unos malvados, como mandan los cánones; pero el coronel que compone Marcel Iures también muestra su humanidad al aflorar sentimientos paternales en su endurecido corazón. Hasta tenemos a un par de actores de color (Terrence Howard y Vicellous Reon Shannon) dispuestos a reclamar la cuota de pantalla que piden Denzel Washington, Halle Berry y compañía. Si encima tenemos un par de espectaculares escenas de acción –dos ataques aéreos, posibles gracias al software desarrollado para la bastante inferior Pearl Harbor–, podemos decir en verdad “miel sobre hojuelas”.
6/10
(2001) | 121 min. | Drama | Bélico
Corren tiempos difíciles. Ha estallado la Segunda Guerra Mundial, y en Inglaterra las están pasando canutas. Pero Charlotte Gray es feliz, porque está enamorada, lo que hace las cosas más llevaderas. Su novio es piloto de la RAF, y ella se enorgullece de él. Pero, caray, el avión de su chico es abatido, y Charlotte, que sabe francés a la perfección, acepta colaborar con el servicio de espionaje británico, y ayudar a la Resistencia. Si de paso puede ayudar a su novio, atrapado en Francia, pues mejor que mejor. Nadie mejor que una mujer, la australiana Gillian Armstrong, para describir las andanzas de una fémina intrépida, pero de carne y hueso, que sabe lo que es el miedo. La directora ya se adentró en el alma femenina en la adaptación del clásico de Louisa May Alcott Mujercitas (1994). Aquí combina los elementos melodramáticos con la emoción de saber si los nazis van a descubrir la verdadera identidad de la intrépida heroína.
6/10
(1936) | 97 min. | Bélico
La guerra de trincheras de la I Guerra Mundial según el gran Howard Hawks y el novelista William Faulkner, coautor del guión. El film describe con el trasfondo bélico y varios puntos en común con La escuadrilla del amanecer, anterior trabajo de Hawks y Faulkner, un triángulo amoroso entre un oficial de gran valía, pero adicto a mezclar coñac con aspirinas, una enfermera que le atiende por lástima, y un militar recién llegado. Y aunque no faltan momentos para el heroísmo, se incide en el absurdo y el horror de toda guerra. A este respecto resulta muy eficaz el momento en que las tropas francesas detectan que los alemanes están cavando debajo de su posición para colocar explosivos. Saben que son carne de cañón, y la duda es si serán ellos los muertos, o la tropa que venga a relevarles a la mañana siguiente. La fotografía de Gregg Toland en las escenas de combate resulta memorable, y el reparto, principales y secundarios, está sublime.
8/10