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Lista de cine

Una selección de las mejores películas que puedes ver en Amazon Prime Video

Las plataformas de streaming son grandes contenedores que admiten multitud de películas. Pero ante tanto oferta es fácil perderse: uno se deja llevar por la pura novedad, o por lo que un algoritmo dice que nos va a gustar.

Por eso hemos rastreado entre las películas que a fecha 17 de marzo de 2020 ofrece Amazon Prime Video, y aquí te ofrecemos una selección variada con las mejores, donde tienes Originales de la plataforma, pero también otros títulos recientes y clásicos, unos muy asequibles, y otros que te ayudarán a crecer en el aprecio por el cine. ¡Que los disfrutes!

Una selección de las mejores películas que puedes ver en Amazon Prime Video
(2019) | 100 min. | Acción | Aventuras | Biográfico | Drama
Película inspirada en hechos reales, imagina cómo comparten viaje en globo en 1862, despegando de suelo londinense, el auténtico científico meteorólogo James Glaisher y la piloto Amelia Wren –inspirada en la francesa Sophie Blanchard–, con el objetivo de llegar a alturas nunca antes alcanzadas, y probar que resulta posible predecir el tiempo basándose en las condiciones del aire de las distintas capas de la atmósfera. Durante la peripecia rememoramos las dificultades que ha debido superar Glaisher, sus colegas no creen que la meteorología pueda ser una ciencia, y el trauma que arrastra Amelia, por la muerte de su esposo Pierre Rennes en otra arriesgada ascensión en globo. Tom Harper ha demostrado ser un competente director en series como Peaky Blinders y Guerra y paz, además de que en cine dirigió el emotivo drama sobre una cantante Wild Rose. Aquí se asocia con el bastante activo guionista Jack Thorne –suyos son los libretos de Wonder y de series como La materia oscura y The Accident– para contar una historia que sabe combinar la espectacularidad de las imágenes del viaje en globo –lo que incluye las condiciones climáticas variables que deben afrontar, y peligrosas ascensiones en el “barco” volante–, con el drama humano. La ambientación es estupenda, y sirve para dar unas pinceladas acerca de la comunidad científica de la época, dominada por los hombres, y presentar una heroína creíble, que no parece un pegote colocado ahí para simplemente complacer las corrientes feministas imperantes en la opinión pública actual. Vuelven a dar una lección de arte interpretativo la pareja Felicity Jones-Eddie Redmayne, tras su excelente trabajo en La teoría del todo. Aprovechan los contrastes de su personalidad que subraya el guion. Aunque ambos presentan un carácter decidido y emprendedor, James es tímido y tiene la mirada sosegada del científico, mientras que Amelia se muestra intrépida y extrovertida y en el comienzo del vuelo sabe mostrar su faceta de “showwoman” que el público desea, para ellos la aventura es un fantástico entretenimiento. De todos modos, se apunta la idea de que no son tan diferentes, y por ello se saben complementar, pues James se muestra tozudo en la idea de ascender, hasta extremos temerarios en exceso, mientras que ella arrastra inseguridades por la tragedia que sufrió su marido.
6/10
(2019) | 118 min. | Drama
Recién graduado en derecho en Harvard, el joven y ambicioso Daniel J. Jones tiene ante sí un futuro muy prometedor. Pronto pasa a formar parte del Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos. Y la senadora demócrata que preside ese comité, Dianne Feinstein, le encomienda que trabaja en un informe sobre las prácticas de interrogación y detención de sospechosos de terrorismo por parte de la CIA, que se adoptaron tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Serán años de trabajo, en que un pequeño equipo de personas debe revisar millones de documentos que podrían evidenciar que los servicios secretos estadounidenses acudieron a la tortura para sonsacar a los prisioneros, conculcando su dignidad y derechos más elementales. La postura de la Agencia consiste en señalar que esos métodos de interrogación mejorada habrían logrado información sustancial sobre atentados, y salvado muchas vidas, pero las conclusiones de Jones no corroboran esta idea. Scott Z. Burns, director y guionista al que le gustan las historias basadas en hechos reales, que cuestionan la pragmática y cínica idea de que “el fin justifica los medios” –suyos son los libretos de Efectos secundarios, sobre la industria farmacéutica, y The Laundromat. Dinero sucio, sobre la crisis financiera y los paraísos fiscales–, se mueve como pez en el agua con esta historia que describe minuciosamente la investigación de Jones, y los obstáculos con los que se encuentra, en la CIA, en la Casa Blanca con las administraciones de Bush y Obama, e incluso con su valedora Feinstein, que trata de hacerle ver que a veces hay que llegar a fórmulas de compromiso. También se recuerda varias veces que Jones puede convertirse en un nuevo Edward Snowden, considerado por muchos como un traidor, y que está reclamado por la justicia estadounidense, por filtrar información sobre el programa de vigilancia casi universal que realizaba la CIA. La narración es casi de estilo documental, de hecho nada llegamos a saber de la vida privada de Jones, interpretado por Adam Driver, ni de los otros personajes, más secundarios, ya sea la senadora a la que da vida Annette Bening, los directores y agentes de la CIA, o de los detenidos sometidos a tortura. El desafío del film es lograr que este enfoque no resulte tedioso, y en gran parte lo logra, aunque sea inevitable enterrar al espectador con abundantes datos que pueden serle de difícil digestión. La idea es no dejar duda acerca de la inmoralidad de la tortura, que se muestra con imágenes ciertamente desagradables, incluidas las ya tristemente célebres de ahogamiento simulado. Y mostrar las dificultades para lograr que la verdad salga a la luz, aunque resulte vergonzante; sin dejar de preguntarse si no hay aspectos sobre los que resulta un enfoque más prudente hacer borrón y cuenta nueva. El film tiene la honradez de señalar cómo los obstáculos para reconocer y publicar los errores provienen del campo demócrata y republicano, y deja un resquicio de esperanza recordando que el informe final contó con el respaldo de Feinstein y el republicano John McCain.
6/10
(2016) | 135 min. | Drama Tráiler
Invierno, Massachussets. Arrendado en un pequeño semisótano, Lee Chandler malvive trabajando como fontanero y “arreglalotodo” en varios bloques de pisos. Es hombre trabajador pero de pocas palabras, no muy dado a relacionarse en sociedad. Recibirá una llamada de su pueblo: su hermano Joe acaba de fallecer debido a una enfermedad congénita en el corazón. Le tocará a Lee poner en orden las cosas de su hermano, comunicarle la noticia a su sobrino de dieciséis años, administrar sus propiedades, preparar el entierro, el funeral, etc. Hondísimo y desolador drama familiar entregado con perfección por el guionista y director Kenneth Lonergan, conocido por su estupendo debut tras las cámaras con Puedes contar conmigo. No sale Lonergan de su universo narrativo: los lazos familiares, la muerte, la culpa y las dificultades para reencontrar el rumbo cuando todo se ha hecho añicos. Lo transmite con una película dura, muy dura en su trama argumental, pero ofrecida con una enorme humanidad, con personajes reales, vivísimos, en las antípodas del tópico, a quienes no les cabe más remedio que seguir adelante y afrontar los embates de la vida, a veces verdaderamente trágicos. El sentido del dolor y la desgracia es tan insondable como la inmensidad del océano. Por mucho que lo miremos, que lo contemplemos frente a nosotros, será complicado encontrar las respuestas, tan misterioso es. Visualmente Manchester frente al mar se despliega como un puzle, en donde por medio de un montaje pormenorizado se van intercalando piezas en diferentes tiempos, que responden a las vivencias del pasado del protagonista. Retazos de vida, que surgen como recuerdos, flashes de lo que fue y se evaporó para siempre. Tal cualidad consigue que narrativamente la película sea un prodigio, pues se elude la confusión con maestría, golpea directamente donde quiere y a la vez se logra transmitir la idea de que es imposible intentar abarcar siquiera una gran parte del mundo exterior e interior de las personas. Siempre faltan piezas, pero bastan unos trazos firmes para vislumbrar un retrato. Así, casi es más importante en el film –en presencia y entidad– lo que no se muestra que lo que vemos en pantalla, por ejemplo en la relación entre Lee y su mujer (maravillosa Michelle Williams), sucesos apenas velados pero que sabiamente Lonergan los hace asomar en la prodigiosa escena del encuentro en la calle, de un dramatismo abrumador. Pero también en lo referente a la relación de Lee con su sobrino (estupendo Lucas Hedges) –esa compañía en el dormitorio, esa confesión en la cocina– o con sus amigos, personas buenas que siempre están ahí, con el hombro preparado en el momento malo. En el plano interpretativo, lo que hace Casey Affleck (Adiós pequeña adiós) con Lee Chandler es asombroso, angustiante. Faltan adjetivos para definir una verosimilitud tan perfecta. Pocas veces el Oscar sería un premio tan justo. A la pericia narrativa hay que añadir también la excelente puesta en escena y el acierto en las bellas localizaciones en la costa de Massachussetts, donde parece que las heridas no pueden empezar a cerrar hasta que llega el sol para calentar la tierra. Y funciona la potente inclusión de una reconocible banda sonora de calidad –Händel, Albinoni, Massenet, etc.–, que ayuda a digerir esas bellas imágenes contemplativas cuando acechan los instantes más trágicos y el espectador sólo puede tragar saliva. No estamos lo que se dice ante una película alegre, más bien todo lo contrario. Sencillamente hay cosas que no se pueden superar. Y por eso, es cierto, se le puede achacar al director neoyorquino haber llevado la historia hasta el extremo de la aflicción, dejando muy poco hueco para respirar. Y también que el recurso a la trascendencia, tan humano en ciertos casos, pase de puntillas. Sin embargo, pese a todo, Lonergan no hace una retrato sombrío de la existencia –incluso se permite algún momento cómico (o tragicómico)–, más bien parece subrayar algo que ya es claramente capital en su filmografía: pase lo que pase queda la familia, ella es el cabo fuerte, seguro, al que hay que agarrarse para mantenerse cuerdos. Es un comienzo.
7/10
(2019) | 130 min. | Drama Tráiler
Tony Vallelonga, apodado Tony Lip, trabaja como gorila en un local de moda, que sin embargo va a cerrar unos meses por reforma. Casado, con dos hijos, anda necesitado de dinero por lo que acepta convertirse en chófer y protector del Dr. Shirley, reconocido pianista negro, que ha actuado para el presidente, a punto de iniciar una gira por el profundo sur, donde se meterá en problemas por los prejuicios raciales. Con su hermano Bobby, Peter Farrelly revolucionó la comedia americana, sobre todo con Algo pasa con Mary, muy influyente por su humor extremadamente salvaje y soez, por lo que pese a que sus autores demostraban cierto nivel, no resultaba un producto aconsejable para los paladares más sensibles. Todo lo contrario que su primer trabajo en solitario, donde abandona el tono disparatado, inspirándose en una historia real, y navegando entre varios géneros, pues sobre todo se trata de una road-movie dramática, pese a que queda espacio para algún momento de cierta comicidad, mucho más contenida. El mismo realizador firma un convincente libreto, con Nick Vallelonga, hijo del protagonista real, y un tal Brain Hayes Currie, mas experimentado como actor secundario que como guionista. Se pueden sacar similitudes con Paseando a Miss Daisy, que también desarrollaba la relación entre un conductor y su señora, pues en ambos casos se enfrentan dos personajes opuestos, con diferencias raciales, allí un afroamericano y una anciana judía. De la misma forma, guarda semejanzas con numerosos films de encuentro entre dos individuos contrapuestos, que se ayudan el uno al otro a evolucionar. Pero no se trata de una mera repetición de esquemas ya inventados, no sólo tiene personajes memorables con entidad propia, sino que trata con originalidad temas como la discriminación que se daba en un pasado no muy lejano, y la hipocresía por parte de quienes por un lado veneran al artista Shirley, virtuoso del piano, pero después ven con malos ojos que coma en los restaurantes para blancos, o que use el mismo cuarto de baño que ellos. De hecho, el libro verde aludido en el título era una guía de viajes para hombres de color, que aconsejaba sobre alojamientos que no fueran a darles problemas. Farrelly se apoya en una puesta en escena bastante clásica, casi se diría que desfasada, donde se deja trabajar al actor, sin grandes despliegues de cámara, en ese sentido a veces recuerda al cine de Clint Eastwood. Pero sobre todo saca tajada a su principal arma, dos grandes protagonistas. Viggo Mortensen se ha trabajado el acento e incluso se ha transformado físicamente para dar vida a un italoamericano de buen corazón, padre de familia modélico, pero de modales rudos, y que habla por los codos, metiendo constantemente la pata. Mahershala Ali borda a su antítesis, un tipo refinado y elegante, que se siente desarraigado, pues por su éxito sus hermanos no le aceptan. Gracias al talento de ambos, por ejemplo una secuencia aparentemente sencilla, en la que el primero recomienda al segundo comer pollo frito con las manos, se convierte en todo un manjar cinéfilo para chuparse los dedos. No eclipsan al resto del reparto, formado por actores muy bien escogidos. Se podría citar a Linda Cardellini, vecina con la que mantenía un idilio Don Draper en Mad Men, aquí convincente esposa de Tony, pero hasta los secundarios más episódicos dan bien la talla. Para leer un extenso análisis del guión de la película pincha aquí.
8/10
(1983) | 105 min. | Comedia
Rupert Pumpkin, un cómico desconocido, insiste con pesadez a Jerry Langford, un famoso showman televisivo, para que le deje un espacio en su programa donde realizar su número de humor. Tras sacarle de un apuro en un momento de acoso de sus fanas, Langford acepta echar un vistazo al número, pero luego comienza a darle largas, escudándose en la muralla de secretarias y colaboradores. Pero Rupert no se dará por vencido en su camino por conseguir llegar a ser el rey de la comedia, tomando una medida drástica con efectos inesperados. Contundente y agridulce sátira sobre lo que se esconde tras las bambalinas de los programas de humor, que incluye dardos hacia las masas acríticas, que aúpan a la popularidad a las estrellas, o las condenan al ostracismo, con frecuencia caprichosamente. Jerry Lewis, que parecía hacer de sí mismo, es el paciente productor y Robert De Niro, que tan bien se le da el drama como la comedia, el aspirante a cómico. Dirige el maestro Martin Scorsese., que introduce escenas del protagonista Pumpkin fantaseando, en que resulta difícil distinguir de la realidad, opción arriesgada, pero que sirve para incidir en las alienaciones que conforman nuestra vida real. Aunque irregular rítmicamente, contiene algunos momentos memorables, especialmente en el último tramo del número televisado, muy divertido, también por las dosis de realidad que contienen las bromas.
6/10
(2019) | 88 min. | Documental
Documental de la cineasta china afincada en Estados Unidos Nanfu Wang, que en colaboración con Zhang Jialing puede hablar con conocimiento de causa de la política del régimen comunista chino de varias décadas de brutal control de la natalidad, con la llamada política del hijo único, por la que se exigía a la población tener un hijo como máximo –dos en zonas rurales–, bajo la amenaza de multas y otras sanciones. La directora fue la primera hija de un matrimonio de campesinos, a los que luego, cinco años después, se les permitió tener un niño, que sería varón, como deseaban. La sobrecogedora cinta describe el alarmismo alimentado mediáticamente ante la superpoblación, que condujo a medidas coercitivas que claramente atentan contra los derechos humanos y la dignidad de las personas. El film contiene testimonios escalofriantes, como el de la mujer que ha asistido a decenas de miles de nacimientos, pero también a otras cifras elevadísimas de abortos que, asegura, no deja de tener presente cada día, acciones de las que se excusa señalando al Estado que le obligó; y algunas imágenes de restos humanos de fetos arrojados en el vertedero ponen los pelos de punta. No dejan de exponerse algunos efectos perversos de este experimento social, que so capa de mejorar las condiciones de pobreza, deja a los niños sin posibilidad de disfrutar de un hermano, incluso separando a dos gemelas, entre otras consecuencias, o evita el nacimiento de niñas, en un ataque injustificable contra el ser humano, por ser mujer. El film recibió el Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance.
6/10
(1972) | 164 min. | Drama
Una película épica basada en la novela de Mario Puzo, guionista de la película junto a Coppola. Cuenta la vida de la familia Corleone, que ha ascendido en la sociedad norteamericana de principios de siglo gracias a la ambición y a las agallas de su patriarca, Don Corleone (Marlon Brando). Don Corleone es uno de los jefes de las familias neoyorquinas, que ejerce un enorme poder, que llega incluso hasta las altas esferas políticas. En un mundo de corrupción, Don Corleone es también el principal defensor del viejo orden moral de la mafia. Pero las nuevas generaciones no están dispuestas a acatar sus métodos, y el padrino no tiene fuerzas para imponerse. Un impresionante retrato que sobre la mafia siciliana en Estados Unidos. En el año de su estreno fue un gran éxito en taquilla. Logra la atención del espectador en todo momento, gracias a la maestría en la dirección de Coppola, y nunca resulta aburrido aunque se vuelva a ver de modo habitual. Oscar a la mejor película, al mejor guión, y al mejor actor para Marlon Brando, que se negó a recoger como protesta contra el trato dado por el gobierno a los indios norteamericanos. La historia se cuenta de manera contundente y ágil, a pesar de que está llena de dobleces. En el reparto aparecen con fuerza algunas brillantes caras nuevas, como la de Al Pacino, James Caan o Diane Keaton. La música de Nino Rota es inolvidable. Imprescindible y genial.
9/10
(2017) | 120 min. | Romántico | Comedia Tráiler
Amable comedia inspirada en la propia vida de su protagonista, el actor de origen pakistaní Kumail Nanjiani, que últimamente triunfa en la serie humorística de HBO Silicon Valley. El propio Nanjiani firma el guión junto a su esposa americana Emily V. Gordon, con la que está felizmente casado desde hace una década. Kumail vive en Chicago, trabaja como taxista en Uber, pero su sueño es ser comediante, y por ello actúa en clubes nocturnos con sus monólogos, junto a otros colegas buenos amigos. La interrupción en una actuación por parte de Emily Gardner, supone el inicio de una relación, en que ambos van progresando en su enamoramiento. Pero ella va a caer enferma, y le van a inducir un coma, justo después de una fuerte discusión porque él le había ocultado a ella que su familia no deja de planificarle citas para un matrimonio concertado con una pakistaní. En tal impasse, Kumail conocerá a los padres de ella. El televisivo Michael Showalter, que debutó en 2015 en el largo dirigiendo a Sally Field en Hello, My Name is Doris, maneja bien la trama tragicómica y romántica, aunque quizá pueda haber una acumulación excesiva de largas frases de los personajes, en que se nota demasiado la búsqueda de una conexión con los monólogos cómicos que conforman la carrera artística del protagonista. Se agradece de todos modos que domine el equilibrio en el desarrollo, pues fácilmente podía haberse caído en la caricatura o el estereotipo. De modo que tenemos el clásico desconcierto vital de quien busca situarse en la vida, con el añadido del choque cultural, que se ve alimentado por la presión familiar. Sí, Kumail nació en Pakistán, está muy agradecido a los cuidados de sus padres y hermano, y no reniega de sus raíces culturales, pero a la vez ama a Estados Unidos y las oportunidades que le ofrece, aunque le toque lidiar con los prejuicios que despiertan sus orígenes. A la vez, en las relaciones con los demás, se apuesta por la búsqueda de la comunicación y la confianza, señalando el daño que puede ocasionar no decir la verdad, que sirve para que comience a arraigar la podredumbre, que puede echar a perder el amor. Kumail demuestra que además de hacer reír, puede conmover, y está bien el resto del reparto, la encantadora Zoe Kazan, los padres de ella Holly Hunter y Ray Romano, la familia de él, Anupam Kher, Zenobia Shroff y Adeel Akhtar, y los amigos cómicos Bo Burnham, Aidy Bryant y Kurt Braunohler.
6/10
(2017) | 117 min. | Drama Tráiler
Se diría que Todd Haynes, con esta mágica aventura familiar, tan distinta a su anterior cine, sigue las huellas de Martin Scorsese con La invención de Hugo, pues también lleva a la pantalla una obra de Brian Selznick de corte dickensiano y con homenajes al cine mudo, en este caso contando además con el propio novelista para la adaptación. La trama discurre en dos tiempos separados por medio siglo de distancia, y presentados en color y en blanco y negro, donde los saltos de uno a otro hilo narrativo, hasta que quedan claras sus interconexiones, se producen con soltura, con tramos a veces de cierta duración, y en otras ocasiones de sorprendente brevedad, pero que sorprendentemente nunca chirrían. Por un lado tenemos en los años 70 del siglo XX a Ben, un chico del medio Oeste, que nunca ha llegado a saber quién era su padre, y al que un marcapáginas de su fallecida madre, bibliotecaria, le llevará a tratar de resolver el misterio de la identidad de su progenitor en Nueva York. Mientras que en los años 20, una niña, Rose, acude a ver a su madre en las pantallas de cine mudo, pues es actriz de la gran pantalla, que no se deja ver mucho por su hija en el mundo real. La película respira una magia muy especial, donde el mundo de la cultura, de los libros y los museos, de los dioramas y las maquetas, del cine, invita a la curiosidad por el conocimiento que crea lazos con los demás. Y la intuición de que los chicos de una y otra época podrían compartir algo más que cierta sordera –toda una metáfora de una sociedad de "sordos" inmersos en la verborrea insulsa, incapaces de escuchar y amar a los demás como son–, introduce un elemento de intriga que engancha. Además se introducen elementos propios del cine mudo en la narración que funcionan muy bien. El film es un canto a la familia y a la amistad, capaz de sobreponerse a las dificultades que se dan en la vida, donde hay momentos para la aventura, la risa y la emoción genuinas. En el reparto destacan los chicos protagonistas, Oakes Fegley y Millicent Simmonds, más una de las musas de Haynes con doble papel, Julianne Moore.
7/10
(2019) | 100 min. | Drama | Musical Tráiler
La joven veinteañera Rose-Lynn Harlan sale de la cárcel de Glasgow tras pasar doce meses encerrada. Llegará a casa de su madre, Marion, trabajadora en una panadería, que durante todo ese tiempo ha cuidado a los dos hijos de Rose. Hay tirantez entre ella y su hija, y entre ésta y sus hijos, que casi la miran como una desconocida y prefieren la compañía de su abuela. Y es que Rose nunca ha asumido sus responsabilidades de madre y persigue sin norte y con rotunda ingenuidad su sueño de infancia de ser cantante de country, faceta para la que ciertamente tiene sobrado talento. Pero ese deseo de marchar a Nashville, en Estados Unidos, está destruyendo su vida. Valiosa película británica que narra una historia de maduración personal escrita por Nicole Taylor, hasta ahora autora de algunos guiones de episodios de series televisivas. Compone una historia de hechuras clásicas, hasta cierto punto previsible, con un personaje principal que en algún momento perdió el norte de su vida y al que le cuesta un mundo desandar el camino y retomar el sendero correcto. Hay realismo en la situación caprichosa de la protagonista, no es mala mujer, pero es incapaz de centrarse, de descubrir sus verdaderas prioridades. Aunque alguna fase resulta un tanto forzada –ese cariño espontáneo y exagerado de su la dueña de la casa donde trabaja–, hay credibilidad en su evolución, la realidad se impondrá poco a poco, con momentos cotidianos en pantalla llenos de hondura. Recuerda la atmósfera al de otras películas británicas, de temática social, al estilo de la más descarnada Fish Tank o de algunas películas de Mike Leigh o Ken Loach, en donde las clases trabajadoras luchan por salir adelante y hacer realidad sus sueños. El director Tom Harper (Peaky Blinders, Guerra y paz) ha tenido buen ojo con el casting porque el notable resultado se apoya sobre todo en dos extraordinarias interpretaciones. El oficio de Julie Walters es bien conocido y aquí se mete en la piel de una madre realista, que actúa con mano dura en las situaciones que lo requieren, pero que jamás abandona y que sabe reorientar maravillosamente sus juicios hasta cambiar la propia perspectiva con encomiable humildad. Pero lo que más sorprende es la intensa actuación de Jessie Buckley, cantante reconvertida en actriz cuyo rostro recuerda mucho al de Sienna Miller. En 2008 esta joven irlandesa se presentó al concurso televisivo de la BBC “I Do Anything” y quedó segunda. Desde entonces Buckley ha sabido granjearse el favor de la industria y emprender una carrera que promete, gracias a un potente carisma frente a la cámara y una naturalidad encomiable. Y por supuesto, tiene una voz colosal, que en Wild Rose brilla en toda la banda sonora pero que en pantalla es disfrutable sobre todo en las composiciones “Peace in this House” o “Born to Run” y en ese reconfortante tema final “No Place Like Home”.
7/10
(1998) | 169 min. | Bélico
Un veterano de la Segunda Guerra Mundial visita con su familia el cementerio de la playa de Omaha. Los recuerdos se agolpan en su memoria. Los sucesos de aquel ya lejano 6 de junio de 1944. El día D del desembarco de Normandía, en que 170.000 soldados comienzaron la liberación de Europa del yugo nazi. Una de las misiones, que recae en el capitán Miller y sus hombres, es rescatar a un soldado muy especial, perdido en las líneas enemigas: se trata de James Ryan, que ha perdido tres hermanos en combate, y al que el alto mando americano quiere devolver con vida a su madre. Lo nunca visto en guerra. Un realismo alucinante. La primera media hora del film, prácticamente sin diálogos, muestra toda la crudeza de la guerra. En el desembarco las balas silban, los temblores y el miedo son palpables, los rezos se oyen, los miembros amputados y la sangre se ven: no es "como en las películas" sino que es, de verdad, la guerra. Luego la película se centra en la misión de rescate, no sin antes ofrecer una secuencia antológica: el trasiego entre el alto mando hasta que una mujer recibe la noticia de la muerte de 3 hijos en distintas acciones bélicas. Los actores recibieron una dura instrucción militar para hacer más creíbles sus caracterizaciones: largas marchas, noches cortas, alimentación de supervivencia, clases sobre armamento... Hasta hubo un conato de motín por la dureza del entrenamiento. Pero el resultado valió la pena, y ha sido reconocido con cinco merecidos Oscar: mejor director, fotografía, montaje, sonido y montaje de efectos sonoros.
8/10
(1997) | 103 min. | Drama | Histórico Tráiler
1804. El príncipe Alberto ha muerto, y la reina Victoria de Inglaterra está triste y deprimida. Sin ganas de hacer nada, se ha retirado a una casa de descanso, abandonando sus obligaciones reales. Su popularidad mengua por momentos, y algunos hablan de abolir la monarquía. La fuerte personalidad de Disraeli se muestra preocupada. Un secretario de la reina llamado John Brown, escocés de carácter, la anima a salir a caballo para olvidar. Comienza una relación especial, pues Brown se salta a la torera el protocolo, conviertiéndose en confidente la reina. Los rumores se disparan y... Agradable film de corte histórico, en el que los británicos son maestros consumados. Resulta estupendo el dibujo de una situación en que una monarca se demuestra humana. Judi Dench, conocida por sus intervenciones en los dos últimos films de la saga de James Bond, optó al Oscar con justicia por su caracterización impecable de la Reina Victoria y ganó un Globo de Oro.
7/10
(2018) | 97 min. | Biográfico | Comedia | Drama Tráiler
1937. En la cima de su popularidad, Laurel y Hardy están peor pagados que otros cómicos. El primero amenaza con dejar la productora de Hal Roach, seguro de que su compañero seguirá sus pasos, pero éste no lo hace. Dieciséis años más tarde, ambos están en decadencia y sufren problemas financieros, así que aceptan una gira por Reino Unido, que les servirá para apoyar su nuevo proyecto de película, una parodia de Robin Hood. Cinco años después de la prometedora pero no del todo redonda Filth, el escocés Jon S. Baird firma un retrato crepuscular de una de las grandes parejas cómicas del cine, a partir del libro “Laurel and Hardy: The British Tours”, adaptado para la pantalla por Jeff Pope, guionista de Philomena, que contaba también con Steve Coogan como protagonista. Describe sobre todo el lado trágico de la pareja, oculto tras sus hilarantes trabajos, Laurel no le ha perdonado a su socio lo que considera una traición que les ha perjudicado gravemente, mientras que Hardy tiene problemas con el juego, y con su salud, pero ambos están unidos por una enorme amistad, que por mucho que se ponga a prueba parece subsistir siempre. También se trata la fugacidad de la fama, en el caso concreto de estos intérpretes, conocidos en España como El Gordo y el Flaco, debió resultar duro –como se comprueba en un momento clave del film– que el público les sustituyera por Abbot y Costello, que aparentemente trataban de imitar su estilo de humor, pero con mucho menos talento. El director logra un film conmovedor, al tiempo que se luce con algunos segmentos destacados, como el travelling inicial en un estudio de cine, que recuerda a El juego de Hollywood, o cuando repite alguna secuencia con pequeñas diferencias y logra dar a entender que los protagonistas se han pasado de moda o que lo que resulta hilarante en pantalla, puede resultar dramático en la vida real. Con ayuda de los diseñadores de prótesis y un excelente maquillaje, el citado Coogan –en su mejor trabajo– y el camaleónico John C. Reilly –en un nuevo acierto– se mimetizan, parecen realmente los biografiados, y son capaces de dar humanidad a dos personajes que para la mayor parte del público son iconos. Pese a su buen hacer, consiguen robarles puntualmente la función Nina Arianda y Shirley Henderson, que encarnan respectivamente a la enérgica y descarada Ida, esposa de Laurel, y a la minúscula mujer de voz chirriante Lucille, señora de Hardy. Lo describe muy bien uno de los personajes del film, en una escena en la que al verlas sentencia: “tenemos dos parejas cómicas por el precio de una”.
7/10
(2005) | 135 min. | Aventuras | Drama | Histórico
Aproximación nada tópica a la exploración del nuevo mundo por los ingleses. El film arranca en 1607, cuando tres barcos avistan tierra tras una larga navegación atlántica. Les empuja el deseo de prosperar, la promesa que nadie garantiza de que se harán ricos en los lugares recién descubiertos. Pero la creación del asentamiento costero de Jamestown se hace penosa, y hay miedo de tratar con los nativos. Así que encomiendan la tarea al capitán John Smith, como mejor alternativa a la de su muerte en la horca por insubordinación. Cuando se adentra en el interior con sus hombres, son atacados y sólo él sobrevive. Contra pronóstico es aceptado en un poblado, donde aprende a apreciar las costumbres indias, al tiempo que surge el amor por la joven hija del jefe powhatan, la hermosa e inteligente Pocahontas. La promesa incumplida del regreso de la expedición a Inglaterra, y la ayuda prestada a Smith por Pocahontas, traerán consecuencias imprevisibles. Me atrevería a decir que este film tiene en su contra esa cursilada animada de la Disney titulada Pocahontas, el triste precedente de Colin Farrell en una película histórica (!), la olvidable Alejandro Magno, y lo que con mirada superficial –e injusta– podría describirse como un aire a El lago azul. Por favor, prejuicios fuera. Terrence Malick saca a pasear su alma de poeta, y recrea la historia de modo pausado, con extraordinaria delicadeza, y sin caer en extremismos no deseables. Ya sólo la belleza del plano en que los indios admiran las naves recién llegadas, que tendrá su correspondencia ulterior en Inglaterra, cuando Pocahontas descubre una catedral, hablan de que la hermosura de las tierras vírgenes tiene su contrapunto en los logros de la civilización. Ciertamente, la vida de los indios tiene algo de edénico, como de tranquila vida lograda, pero quizá su modo de desenvolverse no sea muy distinto al de los habitantes de la campiña inglesa. En cuanto al contraste de nativos y exploradores, son lógicas las diferencias entre quien buscaba algo mejor y encuentra mil y una penalidades, y quien se conforma con lo que tiene. Eso sí, la crueldad en la batalla es equiparable. Acierta Malick al trenzar la historia de amor y la transición gradual de Pocahontas a los modos occidentales. Un Farrell contenido, una sorprendente y bella Q'Orianka Kilcher que tenía quince años cuando hizo el film, y un reposado Christian Bale, constituyen los tres lados de un triángulo atípico, donde se entienden bien el entusiasmo adolescente transformado por el sufrimiento en amor por esposo e hijo, el abandono por satisfacer los anhelos exploratorios, o el amor redescubierto del bondadoso viudo.
8/10
(2011) | 94 min. | Drama
Una escuela, en Montreal. Una profesora se ahorca en la misma aula en la que impartía clases a chicos y chicas de doce años. Simon, uno de sus alumnos, es quien la descubre. Bachir Lazhar, inmigrante argelino, lee la noticia en la prensa, y se le ocurre ofrecerse como sustituto. Tras la sorpresa inicial, la directora, que tiene lógica prisa en cubrir el puesto, le acepta. Aunque Bachir proviene de un ambiente con métodos pedagógicos muy diferentes, logrará hacerse con su clase, entendiendo los sentimientos que embargan a los chicos tras el suicidio, al tiempo que sobrelleva su personal tragedia familiar. Magnífica película escrita y dirigida por el canadiense Philippe Falardeau, que adapta una obra de teatro de Evelyne de la Chenelière. Profesor Lazhar ha sido nominada al Oscar a la mejor película extranjera, y tiene la mayoría de las cualidades exigibles a un gran film: una historia interesante, conflictos, apasionantes temas de fondo, y personajes bien definidos. Todo presentado con un tono sobrio, una paleta de colores apagados –gran parte de la narración transcurre en invierno–, y una partitura musical perfecta para acentuar el “mood” entre triste y esperanzado que preside el film. Falardeau se las arregla para confrontar modos de enseñar diferentes, que no tienen por qué colisionar, se puede aprender de la pedagogía de unos y otros, lo importante es interesarse de verdad por los alumnos, educar y no conformarse con enseñar. En Profesor Lazhar, también habla de los padres, su presencia agobiante o su ausencia por motivos profesionales, en los que tal vez no falte el amor, pero puede que esté ausente el hacerse cargo, el entender, o el simplemente “estar ahí”, accesibles, para lo que haga falta. La globalización, el encuentro de Oriente con Occidente es un hecho, hay que aprender a convivir, a respetar la diferencia, a valorar lo bueno del otro; pero sin negar lo que está mal o no funciona, ya sea el fundamentalismo que conduce al terrorismo en Argelia, o los problemas de las sociedades desarrolladas, donde cuestiones como la imposibilidad de “tocar” a un alumno –hay una hipersensibilidad sobre actitudes con connotaciones sexuales o de malos tratos– son sólo la punta de un problemático “iceberg” que en Occidente no se quiere –o no se sabe– sacar a la luz. Lejos de Falardeau cuestionar el papel de la psicóloga que quiere ayudar a los niños a pasar página con el suicidio de su profesora, pero el cineasta no deja de apuntar a si a veces hay un conformismo que se limita a aplicar “reglas de manual”, en vez de ver personas, individuos, en los chicos, a los que hay que tratar de ayudar. Y Lazhar, desde su posición de profesor, hace eso, sin tratar de suplantar a nadie, simplemente cuidando a los que tiene a su cargo. Todas las escenas del profesor en el aula, o con sus alumnos, o en las relaciones con sus colegas, tienen el sabor de lo auténtico. Como cabe imaginar, en una película que se titula Profesor Lazhar, el personaje del título es el alma de la historia, lo que exige a un actor de talento para encarnarlo. Fellag da con el tono perfecto de quien ha sufrido y sigue sufriendo mucho en la vida, pero no trata de cargar sobre los hombros de otros lo que es su dolor. Alguien educado, interesado por los demás, inmigrante, sin dejarse dominar por el pensamiento de cómo será juzgado por los que tiene alrededor. El resto del reparto está muy bien, de modo especial los niños Sophie Nélisse y Émilien Néron.
8/10
(2006) | 139 min. | Acción | Drama Tráiler
Apasionante película de Mel Gibson, situada en la época de decadencia de la civilización maya anterior a la llegada de los españoles al nuevo mundo. La historia que se cuenta es sencilla, y si se quiere, hasta convencional. Un pueblo de indígenas vive en relativa tranquilidad, dedicados a la caza y a las ocupaciones del hogar. Entre bromas a veces crueles, el cariño de la familia, y los relatos del clan alrededor del fuego, a cargo de un venerable anciano, transcurre una existencia primitiva que tiene algo de idílico, y que en su narración se diría deudora de Bailando con lobos de Kevin Costner. Pero todo se va al traste con la llegada de un grupo guerrero, que asola la aldea y captura a un puñado de robustos varones, a los que mantiene vivos con propósitos ignotos. Uno de ellos es Garra de Jaguar, que mantiene su esperanza de huir por el recuerdo de su mujer encinta y su pequeño hijo, ocultos en un profundo hoyo del que debe rescatarles. Gibson es un cineasta poderoso, como demostró en el correcto drama El hombre sin rostro, y sobre todo en Braveheart y La Pasión de Cristo, títulos que acreditan a un maestro del cine, aunque algunos se empeñen en acallarlo, por mezquinas razones ideológicas. Aquí entrega un film de acción trepidante, de asombrosa fuerza visual y ritmo increíble, que aprovecha todas las posibilidades que ofrece una cultura misteriosa, la maya, de la que ignoramos tantas cosas, superando así el reto que no supieron afrontar filmes como Rapa Nui. Gibson asimila bien algunas influencias, las hace suyas, desde Acorralado, hasta las aventuras tintinescas de “El templo del sol”, y sabe crear situaciones límites para las que parece que no hay salida, para resolverlas de modo brillante, incluido el sobrecogedor final. Esta historia, pese a su inusitada violencia, innegable pero entendible por la trama y por las tendencias hiperrealistas dominantes en el cine actual, transmite emociones genuinas bien comprensibles por un público universal. Porque al final, Gibson, con el guión bien documentado históricamente, coescrito junto a Farhad Safinia, está hablando de las cuestiones básicas que interesan a una civilización digna de ese nombre, y que siguen siendo de rabiosa actualidad en nuestro mundo globalizado, con elementos esperanzadores, sí, pero también con otros que hablan de decadencia: familia, el valor de la vida humana, la tentación omnipresente de la corrupción, la manipulación de las masas, el afán de venganza y la obcecación, la inclinación religiosa natural del hombre… Y el miedo, el miedo que nos asalta, ante la posibilidad de dilapidar la herencia de este mundo. El talento de Gibson para contar una historia de interés para un público amplio, y que trata los grandes temas que nos ocupan a todos, es, sencillamente, asombroso. Además, sabe sacar todo su jugo a un reparto de completos desconocidos, estupendos en sus respectivos papeles, y lo que es más difícil, dotarlos de sus peculiaridades, de modo que son reconocibles para el espectador, al que afectan sus pequeños y grandes dramas personales.
10/10
(2018) | 120 min. | Biográfico | Drama Tráiler
Inspirada película sobre Ruth “Kiki” Ginsburg, actualmente jueza del Tribunal Supremo de Estados Unidos. Hizo historia contribuyendo al cambio en las leyes por discriminación de sexo, con un caso a la inversa, el de un hombre soltero, dedicado a cuidar a su madre impedida, y al que no se le permitía una desgravación fiscal reservada sólo a las mujeres. Su lanzamiento ha coincidido con el del documental candidato al Oscar RBG. La veterana Mimi Leder es una cineasta que se bregó en la televisión, con tv-movies y la serie Urgencias, y a la que Steven Spielberg dio la alternativa cinematográfica en su entonces recién creada compañía DreamWorks con El pacificador y Deep Impact. Sin resultar nunca genial, ha ido ganando en hondura dramática a lo largo de los años, sin dejar de trabajar para la pequeña pantalla, en títulos notables como The Leftovers. Aquí maneja un guión del debutante Daniel Stiepleman, sobrino de la jueza, que huye del didactismo facilón, poniendo el acento en el interés humano de la historia, lo que incluye la conciliación familiar de la protagonista –como su marido, ambos estudian derecho–, y el modo en que se abre paso en un mundo en que se le cierran los bufetes de abogados, y debe dedicarse a enseñar derecho. Contrariedades como la enfermedad del esposo, son encaradas con fortaleza. También tiene su interés el choque generacional, Kiki con su hija, lo que prueba cómo las diferencias entre edades surgen siempre, y cómo el amor es el que logra limar posibles asperezas. El film abarca alrededor de dos décadas en que queda claro que los tiempos cambian, y también el estado injusto de las cosas. Quizá el espectador puede perderse en algún momento con los tecnicismos legales, pero el resultado es muy encomiable, y cuenta con un gran reparto, con sobresaliente para Felicity Jones encarnando a una mujer de carácter.
6/10
(2012) | 157 min. | Épico | Drama | Musical Tráiler
Año 1815. Jean Valjean cumple condena de trabajos forzados por robar una hogaza de pan, bajo los vigilantes ojos del estricto inspector de policía Javert. Obtenida la libertad condicional, desespera porque nadie le da trabajo cuando se conoce que es un ex convicto. Pero su vida da un vuelco cuando redescubre el amor y la compasión gracias al obispo que le acogió en su casa, a quien robó su cubertería, y que descarta denunciarle asegurando que el botín fue un regalo. Valjean iniciará una nueva existencia bajo otra identidad, pero a lo largo de los años Javert se cruzará en varias ocasiones decisivas de su vida, poniendo en peligro todo lo logrado. Pese a todo siempre optará por intentar hacer lo correcto, lo que supone entre otras cosas ayudar a su ex empleada Fantine, obligada a prostituirse, y que tiene una hijita, Cosette. Mientras, en las calles de París, entre los miserables, cada vez se extiende más el anhelo de la libertad frente a la tiranía y la injusticia social. “Los miserables” de Victor Hugo ha sido repetidamente adaptada al cine, además de convertirse en maravilloso musical de Alain Boublil, Claude-Michel Schönberg y Herbert Kretzmer, el más representado hasta la fecha en los escenarios. Tom Hooper (ganador del Oscar por El discurso del rey) acomete el desafío de versionar para el cine musical, con un guión donde a los autores originales se suma William Nicholson, que dio muestra de sensibilidad con historias tan humanas como la de Tierras de penumbra. Él y Hooper consiguen dar a la película aliento cinematográfico, no tiene el espectador la sensación de que las canciones se encadenen abruptamente saltando de un escenario o año a otros, y los diálogos no cantados se han reducido para este fin al mínimo. Los temas de Los miserables, el musical, son, por supuesto, los bien conocidos para todo aquel familiarizado con la obra de Hugo. Es decir, la confianza en Dios en situaciones extremas, el mantenimiento de la esperanza y la necesidad de dar gratis el amor a los demás. También el realismo de no negar la existencia de la miseria y de aprovechados que sacan partido exprimiendo a los más débiles o simplemente a los incautos, la disposición a dar la vida por ideales que merecen la pena, la lucha por la libertad. O la importancia de tener corazón frente a la tentación de atarse a frías normas y reglamentaciones. El mérito del musical, en los escenarios y en el cine, es no volver simplón este amplio y rico abanico de cuestiones. En la película Los miserables, el musical, Hooper añade un arriesgado tono épico, apostando por un marco abrumador en el que se desarrolla la acción, como subrayando más la universalidad y grandeza de lo narrado, eso no es simplemente una pequeña historia en el devenir de la humanidad. Y deslumbra con escenarios como el lugar de los trabajos forzados de Valjean, un muelle sacudido por la tormenta, el paisaje por el que vaga ya en libertad, o los marcos de la capilla donde hace su plegaria, del París sediento de libertad, o el que marca el destino de Javert. También es muy hábil el montaje, sobre todo en el momento climático que une diversos temas musicales y a casi todos los personajes. Pero por supuesto, lo importante es el drama humano de los personajes, expresado en desgarradoras canciones. El director pone el acento sobre todo en los aspectos trágicos, lo que hace que los personajes cómicos de los mesoneros Thénadier (Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen), presentados con zafiedad, queden algo desdibujados, no producen gracia sino repulsa, y hasta se acercan a lo grotesco con su aparición en la boda. A cambio, Valjean crece, ayudado por la increíble interpretación de Hugh Jackman, verdaderamente notable en sus solos como “What Have I Done?”, al igual que Anne Hathaway como Fantine -increíble con “I Dreamed a Dream” y, sorpresa, la desconocida Samantha Barks como Éponine que deslumbra con “On My Own”. Es meritorio el trabajo del resto de actores, niños y mayores, con Russell Crowe interpretando a su racionalista Javert de modo contenido, evitando cualquier asomo de histrionismo, una arriesgada opción que acaba dando sus frutos.
8/10
(1992) | 120 min. | Aventuras
América del Norte, durante las guerras coloniales entre Francia e Inglaterra. Hawkeye es un hombre blanco que vive con su padre adoptivo indio, Chingachgook, y el hijo de éste, Uncas, últimos supervivientes de la tribu de los mohicanos. Un día rescatan a dos hermanas británicas, Cora y Alice, de una emboscada mortal de indios hurones. Y las llevan al fuerte donde está su padre, oficial inglés. Pero las tropas francesas y sus sanguinarios aliados, los hurones, cercan el fuerte. El director Michael Mann, artífice de El dilema y Collateral, despuntó con esta maravillosa y épica adaptación, bastante libre por otra parte, de la inmortal obra del novelista norteamericano James Fenimore Cooper. Impresionante interpretación de Daniel Day-Lewis, bellísima Madeleine Stowe, música increíble y pegadiza de Trevor Jones y asombrosas escenas de acción. Memorable y de una belleza fascinadora resulta el comienzo del film, cuando los tres indios persiguen por los bosques a una pieza de caza. A lo largo del film hay momentos además que quedan grabados en el imaginario del cinéfilo, como la escena de la cascada, la violenta emboscada contra los ingleses a la salida del fuerte o los enfrentamientos finales en el camino de rocas. Un film de aventuras y acción de los que marcan una época.
7/10
(2009) | 153 min. | Acción | Aventuras | Bélico Tráiler
  “Érase una vez... en la Francia ocupada por los alemanes de 1940”. Así empieza Malditos bastardos, frase de Quentin Tarantino que supone toda una declaración de principios, homenaje a Sergio Leone y compañeros, por su peculiar manera de mirar al western y al cine bélico, subrayado por la partitura musical, casi siempre integrada por viejas partituras de Ennio Morricone. Y a la vez, frase con que se inician habitualmente los cuentos y relatos de corte fantástico. El film consta de un prólogo de inusitada fuerza dramática, y la narración se estructura a través de varios capítulos que llevan al esperado momento climático y a un epílogo, donde Tarantino da rienda suelta hasta el paroxismo a su característica violencia paródica. En el primer año de la ocupación, el coronel de la SS Hans Landa, apodado “el cazador de judíos”, rastrea sus piezas en plena campiña francesa. Es toda una secuencia concebida con enorme habilidad, con elementos de western y de puro suspense, que sirve de insuperable tarjeta de presentación de Landa, personaje que ha puesto en el mapa al actor austriaco Christoph Waltz, premiado como mejor actor en Cannes. Shosanna, una joven judía a la que nunca vio el rostro, escapa de las garras de Landa por su irracional indulgencia. Varios años después la chica está en París, y tiene una pequeña sala de cine. Los servicios de propaganda nazis, con Joseph Goebbels a la cabeza, la escogen para estrenar la última película de la UFA, protagonizada por un heroico soldado alemán. Podría ser la ocasión ideal para que Shosanna se vengue de los nazis. Mientras, y de modo independiente, un comando compuesto por judíos americanos, opera en la Francia ocupada matando nazis y arrancándoles la cabellera; los alemanes los conocen con el sobrenombre de “malditos bastardos”. También ellos van a tener la idea de dar un golpe en el cine, aprovechando a una actriz alemana, que colabora con ellos. Tarantino demuestra ser un gran contador de historias, conocedor profuso de sus referentes, buen escritor de diálogos, que sabe definir personajes y sorprender con ciertas audacias que no es cuestión de desvelar. Destaca el tratamiento coral, que permite el lucimiento de todos los actores, hasta de los que tienen menos líneas. Por supuesto, su film es completamente intrascendente, una especie de cómic gamberro y violento, con elementos operísticos, también en las ‘ensaladas de tiros’ que remiten a Leone o al mencionado por él Enzo Castellari, del que incluso toma prestado el título de la película. Ir más allá –hay quien habla de audaz planteamiento de cómo el cine puede cambiar las cosas– parece una lectura un tanto excesiva. Su regodeo en la violencia puede cansar –hay varios momentos que piden apartar la vista–, pero es preciso reconocerle el dominio del medio, y su particular sentido del humor.  
8/10