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Lista de cine

Películas que te hacen sentir bien y querer ser mejor persona

¿Puede el cine cambiar el mundo y hacer a los espectadores mejores personas? Algunos piensan que no, pero en decine21.com estamos convencidos de que un poco y un mucho sí puede ayudar. Pues somos muchos los amantes del cine que salimos de determinadas películas, no sólo conmovidos por lo que acabamos de ver, sino también estimulados por el ejemplo de unas personas de gran valía humana, y tal vez no tan diferentes de nosotros.

En su caso fue clave que supieron moverse por el amor, y abrir un poco la mente, no mirar la vida como por un canuto. Así que ahí va nuestra lista de 100 películas que te producen un agradable cosquilleo, y con su optimismo y el ejemplo de los personajes invitan a ser mejor persona. Si algún internauta ha crecido en bondad y se ha sentido mejor gracias a otros títulos no incluidos en nuestra relación, por favor, que sea bueno y nos lo comunique a decine21@decine21.com.

Películas que te hacen sentir bien y querer ser mejor persona
(2017) | 113 min. | Drama Tráiler
Lograda adaptación de la popular e inspiradora novela de R.J. Palacio. Narrada igual que el libro desde el punto de vista de diversos personajes, se centra en August Pullman, más conocido como Auggie, un chaval de diez años con una rara enfermedad genética por la que tiene el rostro terriblemente deformado, y ha debido someterse a numerosas intervenciones quirúrgicas. Sus padres Nate e Isabel le han prestado sus mejores atenciones, y ella ha sacrificado su carrera profesional por cuidarle, dándole una educación escolar personalizada en casa. También ha sido duro para su hermana adolescente Via, pues Auggie es el centro de atención, de modo que sus problemas han pasado a un segundo plano. Las cosas están a punto de cambiar, porque Auggie va a empezar a ir al colegio, en un intento de que pueda llevar una vida lo más normal posible. Y aunque el atento director suaviza su llegada animando a tres alumnos a que le sirvan de guías, el cambio va a ser duro. Todo el mundo le mira como a un bicho raro, y hasta hay quien se empeña en hacerle la vida imposible. Frente a tanta tonta y frívola película de colegios e institutos, u otros enfoques altamente depresivos –viene a la cabeza la no muy aleccionadora serie televisiva Por trece razones–, Wonder cuenta una historia emotiva y positiva, con personajes y situaciones sólidamente desarrollados, y que sabe sortear en todo momento el riesgo de la ñoñería, lo que no impide que sea una película muy conmovedora. Impacta la madurez de un niño que sabe lo que es el sufrimiento pero que mantiene su alma infantil, Jacob Tremblay, el coprotagonista de La habitación, hace un magnífico trabajo, nos conmueve con su corazón de oro, y también por el modo en que sobrelleva el rechazo y los chascos –las personas decepcionan, pero hay que saber perdonar–, la ilusión que despierta su pasión por la ciencia, o lo mucho que le encanta la fiesta de Halloween o La guerra de las galaxias. Y están muy bien presentados los compañeros de clase, con las distintas actitudes, desde el desdén lindante con el bullying puro y duro, hasta la buena acogida con aspectos vergonzantes, pasando por el que tiene valor para hacer lo correcto sin importarle el qué dirán. La película tiene además el valor de saber entregar con los trazos justos la dedicación de los padres –qué bien lo hacen Owen Wilson y Julia Roberts–, la inspiración de los profesores –ese lema de “Cuando tengas que escoger entre tener razón o ser amable, escoge ser amable”– o mostrar otros momentos más o menos traumáticos a esas edades, los que atraviesa Via dejada un poco de lado, con una amiga que en plena edad de pavo ha cambiado de intereses, aunque todas las cosas hay que saber verlas desde distintas ópticas para hacerse una idea más ajustada, y esto lo hace muy bien el film. Stephen Chbosky ya demostró habilidad para reflejar problemas juveniles en la adaptación de su libro Las ventajas de ser un marginado. Aquí se basa en obra ajena, pero que sabe hacer propia bien arropados por los compañeros de libreto Steve Conrad y Jack Thorne, es notable el importante esfuerzo de condensación, que sabe atrapar con fidelidad el espíritu del original, e incorporar ideas propias muy visuales, a partir del gusto de Auggie por su casco de astronauta, y de Star Wars, aúpa Chewbacca.
8/10
(2015) | 87 min. | Comedia Tráiler
Divertida, inteligente y amable comedia italiana, menos acomodaticia de lo que podría pensarse a simple vista, y que supone todo un canto a la tolerancia y a la apertura de mente frente a las ideas de los demás, cuando no coinciden con las propias. Sigue los pasos a Tommaso, un cirujano excelente profesional, casado y con dos hijos adultos, de pensamiento liberal, que niega la existencia de Dios, una fantasía propia de personas poco maduras. Se supone que es un amante de la libertad, y el hogar debería rebosar felicidad. Pero no es oro todo lo que reluce: su esposa Carla, ama de casa, se siente ninguneada y es desdichada; la hija mayor, Bianca, ya casada, es bastante superficial, y su marido no es muy apreciado por Tommaso; y el otro hijo, Andrea, está estudiando medicina, pero Tommaso está con la mosca detrás de la oreja, pues se le ve "distraido" y ahora convoca a la familia porque tiene algo importante que comunicarles... Conviene no avanzar mucho más de la trama de Si Dios quiere, para su completo disfrute, pues el guión del debutante en la dirección Edoardo Maria Falcone –que ya escribió el libreto de la prometedora ¿Te acuerdas de mí?– depara unos cuantos giros inesperados, incluido el que lleva al desenlace, además de contener una buena ristra de gags desternillantes. Hay que poner en el haber de Falcone entregar una película que invita al entendimiento entre las personas, superando los prejuicios, en lo relativo a un tema que a veces puede ser causa de fricciones como el de las creencias religiosas y el ser consecuente con las mismas, la práctica de la fe y el respeto delicado a lo que piensa el otro. Lo hace sin caer en obviedades ni seguir atajos fáciles, más bien hay que reconocerle la capacidad de riesgo en algunas soluciones argumentales. Falcone no se complica con la puesta en escena, sencilla y eficaz, sin grandes alardes. Lo que sí sabe hacer es partir de un guión sólido, con situaciones bien trabadas y personajes bien definidos, sobre todo los dos principales, el médico Tommaso (Marco Giallini) y el cura don Pietro (Alessandro Gassman), jugando con los contrastes de sus personalidades y el juego de apariencias y disimulos que ambos se traen, como una suerte de variación de Peppone y don Camilo, los célebres personajes humorísticos de Giovanni Guareschi. En tal sentido, el resto son secundarios, pero como es bien sabido, en la comedia este tipo de caracteres suelen resultar fundamentales, y aquí funcionan maravillosamente la hija, el yerno y el detective, mientras que la esposa y el hijo cumplen con su rol, aunque podían haber resultado más graciosos.
6/10
(2016) | 105 min. | Deportivo | Biográfico | Drama Tráiler
El drama deportivo basado en hechos reales se ha convertido en todo un subgénero, que suele dar buenos resultados, aunque arrastra el inconveniente de que en general las tramas suelen ser muy similares: una persona o un equipo se esfuerzan denodadamente por alcanzar la victoria en su disciplina deportiva, con constancia y tesón, tratando de dejar a un lado el ego, y en competición con otros rivales a veces no demasiado buenas personas. El interés adicional muchas veces radica en que el susodicho no parece tener demasiadas opciones para ganar. Pues bien, la historia del británico Eddie el Águila, que participó en los Juegos Olímpicos de Invierno en Calgary en 1988 como saltador de esquí, logra trascender los convencionalismos, usándolos cuando le conviene a su favor, sin que resulten nunca cargantes. Y es que muchos de los elementos citados en el párrafo anterior se encuentran presentes, pero se les da una vuelta, el guión de Simon Kelton y Sean Macaulay ofrece más de un inteligente requiebro. Para empezar, el espectador tiene claro que, en sintonía con el espíritu olímpico y la máxima de Pierre de Coubertin –lo importante no es ganar, sino participar– que lo que le importa a Eddie Edwards es competir en los Juegos Olímpicos. Lo que no tiene nada fácil, pues siendo niño tuvo problemas con las rodillas, no es un atleta natural. Además su familia es de extracción humilde –el padre es escayolista–, y no disponen de medios para darle una preparación adecuada. Pero Eddie tiene a su favor un optimismo a prueba de bombas, que alguno describiría como ingenuidad, y una fuerza de voluntad que no se rinde ante nada, él, simplemente, lo da todo. Así que sorteará mil y un obstáculos, incluida la incredulidad de tantos, y logrará la complicidad de un saltador malogrado, Bronson Peary, que podría hacer las veces de entrenador. Dexter Fletcher parece haber encontrado su camino como director tras Amanece en Edimburgo en títulos que logran que el espectador salga de la sala de cine animado y reconfortado para el quehacer diario. Su film, producido por Matthew Vaughn, tiene por momentos un tono de epopeya, pero sin que suene exagerado, siempre ajustado, porque no estamos ante un personaje que pretenda ser “el rey del mundo”. Y combina bien los aspectos dramáticos con los humorísticos, incluidos los tiernos y emotivos –esa madre que siempre cree en su hijo– y por supuesto los deportivos, cada vez que el protagonista, eficaz y creíble Taron Egerton salta desde el trampolín desde distintas alturas se nos encoge el corazón. La relación de Eddie con Bronson (magnífico Hugh Jackman, tremendamente natural) funciona muy bien, y hay momentos mágicos, que algún torpe director habría convertido en ridículos –las dos escenas que podríamos describir de “encuentros”, de las que mejor no desvelar detalles–, y que aquí resultan memorables.
7/10
(2005) | 115 min. | Drama
1914. Prolegómenos de la I Guerra Mundial, con su terrible guerra de trincheras que acabará dejando los campos de Europa sembrados de millones de cadáveres. Se acerca la Nochebuena, y los soldados de los distintos bandos se aprestan a celebrarla del mejor modo posible. En la trinchera británica, un clérigo escocés trata de reconfortar a los combatientes; un tenor alemán va a recibir la inesperada visita de su esposa, una soprano, un encuentro que encanta a las oficiales; y en el lado francés, un teniente francés que añora a los suyos, y perdió una cartera con recuerdos personales, se esfuerza por mantener la moral propia y la de sus hombres. Y de pronto, sucede una especie de milagro. El tenor canta, el pastor responde con su gaita, los soldados franceses aplauden… Y con increíble naturalidad viven una inesperada tregua, un momento de confraternización que, tal vez, podrían esforzarse en prolongar... Emotiva y sentida película de Christian Carion que, en contra de lo que podría pensarse, se basa en hechos reales. El director se las arregla en todo momento para crear emociones genuinas, alrededor de una idea muy simple: los hombres podrían entenderse, arreglar sus diferencias sin recurrir a la violencia, porque el amor pugna por salir de sus corazones. A ese respecto, la misa de gallo pone, nunca mejor dicho, la carne de gallina, como le ocurre al oficial alemán judío. La idea central, que podría considerarse elemental, está muy bien plasmada gracias a la amplia galería de personajes, la mayor parte de ellos bien definidos con unos pocos trazos. Puestos a poner peros, puede parecer algo grotesco el dibujo que se hace de los altos mandos, a los que la tropa importa poco, incapaces de mantener un diálogo sereno con sus subordinados: ni los superiores jerárquicos son necesariamente unos villanos, ni los simples soldados gente estupendísima. No obstante, se trata de un canto tan hermoso en honor a la paz, que se olvida fácilmente ese reduccionismo.
7/10
(2004) | 123 min. | Drama
Wim Wenders recibió muchas críticas por este drama, porque a pesar de ser alemán analiza las secuelas de los brutales atentados del 11 de septiembre en la sociedad estadounidense. Y lo hace a través de los puntos de vista de dos personajes diametralmente opuestos. Lana, joven cristiana comprometida, regresa a Los Ángeles tras una larga temporada ayudando en una misión en Palestina. En la gran ciudad descubrirá que muchos ciudadanos viven en la más absoluta miseria. Mientras tanto, su tío Paul, se ha vuelto paranoico y trata de evitar nuevos ataques terroristas, recorriendo las calles con su furgoneta, vigilando a cualquier sospechoso, sobre todo si tiene apariencia de musulmán. Win Wenders es uno de los cineastas que mejor han retratado el lado oscuro del sueño americano, como prueban París, Texas, El amigo americano, The Million Dollar Hotel. En lugar de caer en una simplificación fácil del asunto, retratando a los yanquis como belicistas y violentos sin motivo, Wenders muestra la ingenuidad y el miedo de la sociedad estadounidense, su voluntad intervencionista para resolver los problemas mundiales. Y trata de explicar por qué esta última visión suele ser incomprendida por el resto del globo. Prolífico en imágenes magnéticas como es habitual, Wenders también logra excelentes trabajos de la joven Michelle Williams y el veterano John Diehl. Aquí sus hipnóticas imágenes rodadas en digital, cámara en mano, acompañan a Paul patrullando las calles llenas de mendigos y desamparados. Wenders denuncia la falta de cobertura social y los desequilibrios que enturbian en cierto modo los logros del país de la libertad.
6/10
(2004) | 121 min. | Drama
Gracias a Dios, es una constante en la historia humana que en los momentos más terribles surgen también increíbles actos de heroísmo. Y eso da esperanza. Esta película habla de que los grandes males dan lugar a grandes bienes, y lo hace con una historia real, terrible e intensa, sucedida recientemente en África durante el genocidio de Ruanda. Paul Rusesabagina es un ciudadano ruandés, de la etnia hutu, que regenta el Mille Collines, uno de los hoteles más prestigiosos de Kigali, perteneciente a la línea aérea belga Sabena. En medio de una situación social muy inestable, Paul, un tipo de buena posición social, inteligente y honesto, trabaja con empeño por mantener el orden y la calidad del servicio en su hotel, aunque ello le cueste algún pequeño soborno con las corruptas autoridades del país. Mientras tanto, la ONU se encuentra en Ruanda para mediar en el convenio de paz entre hutus y tutsis. Pero la paz nunca se hará realidad, ya que tras el asesinato del presidente estallará una tremenda guerra civil que dará lugar a uno de los peores genocidios del siglo XX. Muy pronto Paul se da cuenta del peligro que corre su propia familia, ya que su mujer es tutsi. Una noche dan comienzo los asesinatos indiscriminados por las calles; familiares y vecinos son masacrados por antiguos colegas; los tutsis caen a cientos por los machetes de los hutus. El odio es atroz e irracional. Paul conseguirá llegar hasta su hotel con su familia y allí sabrá que la ONU se desentiende del problema, mientras miles de tutsis buscan refugio en su hotel. La cercanía de los acontecimientos juega a favor en una historia de la que la mayoría de los espectadores hemos sido testigos. El director Terry George hace que sintamos la impotencia ante el genocidio y que nos impliquemos en los acontecimientos, gracias a un guión preciso, que no decae en ningún momento y que no duda en criticar duramente a las ambiguas y cobardes potencias occidentales. Resultan impagables para el resultado final, las interpretaciones de Don Cheadle y Sophie Okonedo (nominados al Oscar), que transmiten una angustia impresionante y dan lugar a momentos de un patetismo difícil de igualar. La película evita caer en exhibicionismos macabros; eso sí, la brillante y sobrecogedora escena de la carretera del río vale por sí sola para quitarle a uno el sueño durante una semana.
7/10
(2003) | 96 min. | Drama
Leonor, una profesora universitaria portuguesa, hace un crucero por el Mediterráneo con su hijita María Joana. La idea es reunirse con el esposo y padre, que es piloto de una línea aérea, en Bombay. El viaje es el cumplimiento de un sueño dorado de Leonor, y al hilo de los puertos en los que recalan, ella ofrece a la niña un precioso relato histórico-cultural de las raíces grecolatinas y judeocristianas de Europa. Imprescindible película del director luso Manoel de Oliveira, que con 95 años sigue en la brecha del mundo del cine. Su film es una delicia, un canto al entendimiento entre distintas civilizaciones (la ‘mesa de Babel’, donde el capitán y sus invitadas hablan en múltiples lenguas) y a una enseñanza integral (las ‘clases’ de la madre a su hija). Debería ser obligatorio su visionado a todos los que andan construyendo la Unión Europea, sobre todo para los tibios que en la redacción de la constitución, parecen cerrar los ojos al legado de nuestros antepasados. Estupendo el reparto, y sorprendente el desenlace, que no dejará a nadie indiferente.
7/10
(2003) | 125 min. | Fantástico Tráiler
Un homenaje a los contadores de historias. Una reivindicación de la imaginación, como modo de mostrar la realidad. Si el lector nos apura, en Big Fish estamos ante una unión improbable de Tim Burton con John Ford y su apuesta por “imprimir la leyenda” a la hora de contar la historia de El hombre que mató a Liberty Valance. Todo esto subyace en el último film del director de Eduardo Manostijeras, título con el que mantiene una íntima relación; podría decirse sin exageración que Big Fish es su versión madura. Con guión de John August, a partir de una novela de Daniel Wallace, Burton entrecruza hábilmente el presente, en que Will Bloom acompaña en el lecho del dolor a su padre Ed, gravemente enfermo, con un pasado de relatos hermosos pero increíbles. Éstos, escuchados una y mil veces, se han convertido a los ojos del hijo en una impostura, que oculta una verdad que cree ignorar: en efecto, a Will le atormenta la idea de que su padre esté a punto de dejar este mundo, y que no haya llegado a conocer quién es. En manos de otro director, la película que nos ocupa sería un plato acaramelado de muy difícil digestión, sobre todo en lo que se refiere a los relatos de juventud de Ed. Pero en Burton habita un alma poética y sensible, capaz de mostrarnos un mundo pasado donde conviven lo luminoso con lo feísta, fotografiarlo con colores pastel, y lograr que no chirríe el engranaje. De nuevo, marca personalísima de su entera filmografía, asistimos a un desfile de criaturas desvalidas, auténticos “patitos feos” que buscan alguien que les entienda: además de Ed, ese tipo optimista a machamartillo, auténtico flautista de Hamelín para todos los que le conocen (magnífica a este respecto, la escena del desenlace), tenemos el gigante, el empresario circense, el escritor, las hermanas siamesas, la bruja con el ojo de cristal que muestra el futuro… También se las arregla el cineasta para que la mezcla imposible de drama (con el problema de comunicación padre-hijo), fantasía (los detalles surrealistas, divertidísimos, que salpican toda la cinta), romanticismo (la conquista por Ed de la amada) y lirismo (el pueblo idílico en medio de ninguna parte) funcione. Ha procurado además suavizar algún detalle zafio, del que podía haber prescindido, sencillamente. Magnífico el reparto, en especial los trabajos de Ewan McGregor y Albert Finney, que encarnan a Ed Bloom de joven y anciano.
8/10
(1959) | 214 min. | Histórico | Acción | Aventuras | Drama Tráiler
Al tiempo del paso por la Tierra de Jesús de Nazaret, un judío, Ben-Hur, sufre junto a los suyos duras pruebas que le empujan a vengarse de quien fuera su amigo, el romano Messala. Al acabar la guerra de secesión americana el general nordista Lew Wallace concibió su obra sobre un coetáneo de Jesús, esclavizado y condenado a galeras, mientras su madre y su hermana contraían la lepra en prisión. Fue tan popular que se llevó al teatro y al cine. En 1925 Fred Niblo hizo una espectacular versión muda y en 1959 fue William Wyler quien tomó el relevo. Su film ganaría 11 Oscar, incluido el de mejor película. Curiosamente, Wyler fue ayudante de dirección en el film de Niblo. A Wyler, Oscar al mejor director por tercera vez, le atraía rodar una película grandiosa, pero, acostumbrado a mimar a los personajes, sentenció: “Esta vez habrá que preocuparse de la gente”. Y fue esa mezcla de intimismo y grandiosidad la que cautivó al público. Como decía un Charlton Heston que nunca ha estado mejor, “hizo un film personal”, lo que no era nada fácil. A ello ayudó la intervención en el guión de Christopher Fry, que no sólo pergeñó unos diálogos razonables para le época descrita, sino que, según decía, vio que “la relación emocional significativa es la de amor/odio entre Messala y Ben-Hur”. Resulta un gran acierto no mostrar nunca el rostro de Jesús, a quien se ve de espaldas. Y la escena de la crucifixión, con la sangre regando la Tierra, es de una belleza inefable.
8/10
(1975) | 141 min. | Aventuras | Drama
La historia de una hermosa amistad. Más allá de los hermosos parajes de Siberia donde transcurre la acción, magníficamente fotografiados. Más allá incluso de la necesaria advertencia, teñida de ribetes ecológicos, acerca de la pujante civilización que transforma los lugares más bellos en… otra cosa. El gozne sobre el que verdaderamente gira esta obra maestra de Akira Kurosawa es la maravillosa relación que se establece entre el capitán Vladimir Arseniev, explorador del ejército ruso, y Dersu Uzala, un nativo siberiano al que conoce casualmente, y que le sirve como guía en sus esfuerzos por trazar un mapa topográfico. Basada en una historia real, que plasmó en un diario el propio Arseniev, esta película, cuidadosamente restaurada, llega al DVD de la mano de Divisa. Y bien acompañada de interesantes extras. Akira Kurosawa siempre ha demostrado ser un auténtico maestro en humanidad. Pero quizá fue en este film en el que alcanzó la cota más alta en el mencionado campo. Pues logra perfilar la enorme personalidad de Arseniev y, sobre todo, Uzala, de modo asombroso. Inicialmente, el cazador Uzala, que vaga por la estepa y bosque siberianos, parece un tipo más o menos pintoresco, una curiosidad viviente que resulta útil a los soldados rusos. Pero pronto Arseniev y los otros hombres descubren a un personaje de una pieza: sacrificado, amante de la naturaleza, capaz de poner en riesgo su vida para salvar al capitán. Todo ello contribuye a estrechar los lazos entre estos dos hombres. Al mismo tiempo, en el film flota todo el rato una nube de tristeza, que se acrecienta, cuando las facultades de “jinete libre y salvaje” de Uzala empiezan su declive. El cazador interpreta el ataque de un tigre como la respuesta de la naturaleza al ataque del que está siendo objeto por parte del hombre. Su vista empieza a estar gastada. Arseniev, que se reencuentra con su viejo amigo tras muchos años, le ofrece techo: su casa es la casa de Dersu. Pero la adaptación al nuevo entorno no es fácil, como tampoco lo es aceptar la vejez. Con toda justicia, la película se llevó el Oscar al mejor título extranjero, además del premio principal del Festival de Moscú. Coproducción ruso-japonesa, destaca el trabajo de los actores principales, Maksim Munzuk y Yuri Solomin, que unido a una fotografía deslumbrante, presenta de modo perfecto la amistad de estos dos hombres, y su muy especial comunión con la naturaleza.
8/10
(2003) | 138 min. | Aventuras
Sotavento. Foque, trinquete, bauprés. Más de un amante de los libros de aventuras, se ha sentido perdido entre términos náuticos incomprensibles, al leer novelas que transcurren en el mar. Para los que son de tierra adentro, el inicio de Master and Commander puede producir temblores. Pero la sensación dura poco. La descripción de la vida a bordo del Surprise, espléndida nave de Su Majestad Británica que surca los mares en 1805 durante las guerras napoleónicas, es un paso necesario. Gracias a él nos hacemos idea de las penalidades y hermosura de la navegación. Y estamos listos para conocer a los personajes y su misión, inspirados en la décima novela de Patrick O'Brian sobre el capitán Jack Aubrey “el afortunado”, aunque con elementos de las otras. Aubrey, capitán del Surprise, tiene órdenes de capturar el Acheron, buque insignia de la Armada Francesa; su determinación para cumplir la misión, recuerdan a la obsesión del capitán Achab por Moby Dick, aunque Aubrey revela una humanidad superior. Contrapunto a su empeño militar lo ofrece el médico de a bordo, Stephen Maturin. Buen amigo de Aubrey, la razón de que esté en el barco no estriba en su sentido marcial. Cumple un papel y está dispuesto a luchar, pero su deseo es recabar en las Islas Galápagos para estudiar la naturaleza virgen y hacer avanzar la ciencia. Los intereses de Aubrey y Maturin no son necesariamente contrapuestos, pero el rico guión pergeñado por Peter Weir y John Collee sabe crear un conflicto donde colisionan patriotismo, lealtad, cumplimiento de la palabra. El film acierta, pues, donde más importa: en la historia y los personajes. Conocemos además a otros tripulantes y entendemos su valor y sus temores. Vemos a creíbles niños guardamarinas, que empiezan a saber lo que es el mando, y a los que no debe temblar la voz cuando dan órdenes a curtidos marineros. Todo el reparto, en el que sobresalen Russell Crowe y Paul Bettany, está soberbio. Master sorprende por su clasicismo. Cuenta una historia de aventuras, donde las virtudes son nítidas y atractivas. Acostumbrados en tanta película reciente a héroes que van por libre, aquí observamos cómo cada marinero tiene su papel, la importancia de la obediencia. No hay maniqueísmo, y sí una buena delimitación de los deberes y lealtades a los que uno está, necesariamente, sometido. En tal contexto, surgen con naturalidad las miradas a lo alto, la plegaria a Dios.
8/10
(2003) | 118 min. | Comedia
Año 1989. El comunismo se derrumba, el muro que divide Berlín se viene abajo. Pero algunos no se enteran. Es el caso de Christiane Kerner, una mujer comunista de Alemania del Este. Poco antes de semejante vuelvo político y social, cayó en coma. Y unos meses después, sin saber por qué, Christiane recupera el conocimiento. Su joven hijo Alex sabe que debe evitar a su madre cualquier sobresalto, pues podría suponer una recaída. Sabiendo que ella es una comunista convencida, decide ocultarle los cambios ocurridos esos meses. Como Christiane debe guardar cama, mantendrá a toda costa la ficción de que las cosas siguen como antes, incluso con nuevos logros del paraíso socialista. Pero claro, resulta difícil conseguir productos que ya no se fabrican, y que han sido sustituidos por marcas procedentes del mundo capitalista; y los telediarios y programas televisivos son muy diferentes a los de antaño. El director alemán Wolfgang Becker articula una difícil tragicomedia. Y hace auténticos ejercicios de equilibrista para no derivar en la farsa pura y dura, terreno por el que fácilmente podía haber transitado. De este modo hay bromas, sí, como la del enorme cartelón de Coca Cola, pero se evita convertir el film en una sucesión de chistes más o menos fáciles. Porque la película tiene un contrapunto dramático: el padre ausente, que huyó a Occidente, una sombra a la que madre e hijo tienen que enfrentarse tarde o temprano (la hermana ya se cruzó con él, en una de las escenas más tristes del film); así, la reunificación alemana se convierte en metáfora del reencuentro familiar. El film nos habla además de la necesidad de aceptar la verdad de los hechos, frente a la tentación de refugiarnos en fantasías que al final acaban pasando factura.
6/10
(2002) | 120 min. | Acción | Aventuras | Cómic | Fantástico
Nueva York. Peter Parker es un chaval normal y corriente que vive con sus tíos en el barrio de Queens. Es aficionado a la fotografía y colabora en el periódico de su instituto. Además está secretamente enamorado de Mary Jane, una compañera de clase a la que él ve inaccesible, pese a que también es su vecina y la conoce desde hace tiempo. Su vida, por tanto, no se diferencia en nada de la de cualquier joven de su edad: clases, estudio, algún trabajo esporádico y vida familiar… Pero su rutina va a cambiar cuando accidentalmente reciba el picotazo de una araña modificada genéticamente. Peter adquirirá poderes arácnidos fabulosos: facilidad para trepar por paredes y techos, agudeza sensorial extraordinaria, rapidez de movimientos, fortaleza física y, cómo no, capacidad para tejer su propia tela de araña. Al principio verá en esas características un medio formidable de hacer dinero, pero un triste suceso le convencerá de que debe utilizar sus nuevos poderes para combatir el mal. En el otro platillo de la balanza hará contrapeso un megalómano de los negocios llamado Norman Osborn, que además es el padre de Harry, el mejor amigo de Peter en el instituto. Osborn realiza experimentos científicos para el gobierno, pero tras la negativa para poner en marcha su último proyecto decidirá experimentarlo consigo mismo. Como resultado, verá aumentada su inteligencia y su fortaleza, pero también se convertirá en un demente que pondrá en jaque a la ciudad de Nueva York. Nace así el Duende Verde, el mayor enemigo de Spider-Man. A la hora de hacer una película seguramente todos los directores se pregunten qué escondida clave han de tocar para lograr el éxito. Muchos aspectos tienen de funcionar para que la imagen de la pantalla impregne nuestras retinas durante años: historia atractiva, guión trabajado y coherente, personajes sólidos, actores eficaces… Y, sin embargo, quizá todo eso no baste para situar la película en el particular Olimpo de los espectadores. Hace falta algo más. Y si llamamos la atención sobre este aspecto es porque en los últimos tiempos hay dos ejemplos que cabe estudiar: Spider-Man y El señor de los anillos. ¿Por qué esa fascinación en los espectadores? Resulta esclarecedor que ambas películas se basen en historias previas que durante muchos años han gozado del favor de los lectores. Pero hay que añadir –y aquí está la clave misteriosa–, que es entre esos lectores fanáticos (en el buen sentido) donde hemos de buscar a los responsables de ambos proyectos cinematográficos. Antes de rodar Spider-Man, Sam Raimi era ya acérrimo seguidor del cómic de Marvel –a los 12 años sus padres le regalaron un cuadro de Spider-Man que todavía se encuentra sobre la cabecera de su cama en la casa donde creció– y por eso el proyecto le ilusionó como a un niño que estrena balón de fútbol, puso su alma en él y comunicó su entusiasmo a todo el equipo. Y eso se nota en la película. Es verdad que Spider-Man sobresale por su impresionantes efectos visuales, pero también es cierto que lo hace aún más por su historia. Y es que paradójicamente las piruetas técnicas se encumbran cuando se ponen al servicio de una trama dramática que interesa. Raimi (Darkman, Un plan sencillo), apoyado magníficamente en el cómic y en el guión de David Koepp (Parque jurásico, Misión imposible), ofrece un entretenimiento soberbio, con personajes sólidos, verosímiles, que dan lugar a relaciones psicológicas muy intrincadas. Se permite además aderezar la mezcla con gags tan divertidos como el entrenamiento del protagonista, todo un logro de naturalidad narrativa. Si a todo ello sumamos el magnífico trabajo del reparto, el éxito del que hablábamos al comienzo es cosa hecha. Tobey Maguire es sencillamente la encarnación del héroe solitario a su pesar, ese tipo normal cuyas responsabilidades son a veces un plato duro de tragar (¡pobre Mary Jane!). Y a Willem Dafoe (Platoon, Arde Mississippi) habría que apuntarlo como uno de los malvados más sobresalientes de los últimos tiempos. No todos los actores hubieran pasado el corte en la esquizofrénica escena del espejo. Él no sólo aprueba holgadamente sino que además se da el gustazo de ponerte los pelos como escarpias.
7/10
(2001) | 122 min. | Romántico | Comedia
Si uno piensa que la originalidad en cine es terreno agotado, con esta película se va a llevar una sorpresa. Amelie es un maravilloso ejemplo de que hay tantas historias como modos de contar y de que la forma visual puede configurar el contenido tanto como el argumento. Amelie es una joven de veintidós años que ha tenido una infancia un tanto extraña, al amparo de unos padres más raros que un perro verde. Ahora trabaja en un bar de Montmartre cuya propietaria es una antigua jinete circense y que es frecuentado por un celoso patológico. Pero su vida rutinaria cambia de la noche a la mañana, cuando una coincidencia despierte en ella un sueño filantrópico que se convertirá en su misión en la vida: hacer felices a los demás. Una a una, las personas que la rodean irán notando su influjo: la estanquera hipocondriaca, la portera llorona, el tonto empleado de la frutería y, muy especialmente, “el hombre de cristal”, un pintor solitario que sólo es capaz de ver la realidad a través de un cuadro de Renoir. Sin embargo, algo también va a trastocar el corazón de Amelie cuando se quede prendada de Nino, un joven extraño que se dedica a coleccionar fotos desechadas en los fotomatones. El divertimento acaba de empezar. Gran parte del mérito de esta película lo tiene una chica llamada Audrey Tautou, la actriz francesa que da vida a la protagonista. Curiosamente el papel había sido pensado para Emily Watson. Sin embargo, la actriz tuvo que rechazarlo por no saber francés y estar comprometida para filmar Gosford Park. Feliz contratiempo. El rostro de Tautou es un hallazgo, con una candidez, picardía y atractivo fuera de lo común. Jean-Pierre Jeunet (Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos, Alien Resurrección) ha filmado sin duda su película más amable y sensorial, un auténtico virtuosismo de colores, movimientos de cámara, sonido y ritmo. Y aunque siempre impera un tono de fábula "light", el guión firmado por Guillaume Laurant, colaborador habitual de Jeunet, es divertido de verdad, y algunos episodios como la vuelta al mundo del gnomo son tan desternillantes como surrealistas.
7/10
(2000) | 136 min. | Drama
Joven de color con talento. Vive en un barrio popular. No le gusta destacar por su inteligencia, y se gana el respeto de sus compañeros gracias a sus habilidades con el baloncesto. Tampoco se niega a hacer alguna “machada”, como colarse en el piso de un excéntrico vecino. Tal personaje resulta ser William Forrester, un novelista genial, autor de una única obra. El interés de Jamal por conocerle aumenta. Y llega a un acuerdo para que le ayude a desarrollar su incipiente talento con las letras. El guión de Mike Rich está medido, se entregan las palagras justas. Y se agradece el recurso también a imágenes poderosas: Connery en su bicicleta dice más acerca de su estado de ánimo que mil discursos. La película dispara en varias direcciones, con temas más desarrollados unos que otros; desde la leve presencia de la familia de Jamal, la rivalidad con un compañero de instituto o el apuntado conato de romance interracial entre Jamal (magnífico el debutante Rob Brown) y Claire (Anna Paquin, la niña de El piano). La cuestión central acometida por el film es el despliegue de los propios talentos, frente a la tentación de enterrarlos en un hoyo, a la espera del momento oportuno de sacarlos a la luz, que nunca llega. En ese sentido la relación maestro-discípulo entre Forrester (inconmensurable Sean Connery) y Jamal, núcleo de la historia, es magnífica, pues aporta ideas en torno a la amistad, la lealtad, la ayuda desinteresada y prestada sin que se note, el esfuerzo, el impacto de la clase social a la que uno pertenece...
8/10
(2000) | 122 min. | Drama
Comienzo de curso en el cole. El nuevo profe de sociales propone a sus alumnos un trabajo: “Piensa una idea para hacer del mundo un sitio mejor.” A Trevor, un chaval muy espabilado, se le ocurre una: hacer tres favores, y que los beneficiados hagan lo mismo, y así hasta el infinito y más allá. Que nadie piense, por el argumento, que Cadena de favores es una cursilada. Mimi Leder dirige un drama sensible, con tres espléndidos actores (Hunt y Spacey ya tienen un Oscar en su haber y Osment fue candidato), que dan lo mejor de sí. La exploración del dolor que ocasiona el matrimonio roto de los padres de Trevor, y la creación de un profesor nada estereotipado, que va como derrotado por la vida, justifican sobradamente el visionado de este film. Ya sólo el arranque de la narración (el profesor de espaldas ante la pizarra, el modo en que consigue la atención de sus pupilos) es un buen botón de muestra de que Leder ha mejorado tras la cámara después de films como El pacificador y Deep Impact.
6/10
(1997) | 157 min. | Histórico | Drama
Año 1839. Los esclavos que transporta el barco español Amistad, encabezados por Cinque, se amotinan y exigen ser llevados de vuelta a África. Pero la nave acaba recalando en aguas estadounidenses. Comienza un juicio donde pesan los cargos de asesinato, además de la reclamación de la propiedad de los esclavos por parte de un terrateniente, al que apoya la corona española. Un grupo de abolicionistas se hace cargo de la compleja defensa, viendo una ocasión de oro para avanzar en la supresión del comercio con seres humanos. Si la veta de cine fantástico y de aventuras que hizo popular a Steven Spielberg parece algo agotada -Parque Jurásico y El mundo perdido: Parque Jurásico 2 son un alarde técnico y de dirección, pero se echa en falta la imaginación de su autor- no sucede así con sus películas adultas. El director asume la responsabilidad de provocar la reflexión del espectador -en primer lugar la de sus hijos, ha asegurado-, lo que no está nada mal ante un panorama de películas en cuya degustación parece condición indispensable no pensar en absoluto. No deja de ser paradójico que él y George Lucas recuperaran el cine de aventuras cuando nadie lo cultivaba, y que ahora que abundan los films de simple entretenimiento sea Spielberg el que proponga temas que apelan a la conciencia. Como todos los filmes de Spielberg, Amistad es muy visual; magnífica es la fotografía de fuertes contrastes, en que los personajes parecen bañados en luz. Y la historia, auténtica en sus líneas maestras, interesa. Quizá sea algo larga, con alguna caída de ritmo, y algún personaje poco desarrollado, como el de Morgan Freeman. Pero magníficas ideas de guión mantienen la atención. Una es la dificultad del idioma. Los esclavos no hablan inglés ni castellano, no pueden expresarse bien. Eso mantiene las distancias, y logra que esa consideración de seres inferiores, sin derechos, se acepte más fácilmente. De modo que cuando los defensores, siguiendo los consejos del ex presidente John Quincy Adams –formidable Anthony Hopkins-, tratan de ver no 'cosas' sino 'personas' con su historia, y logran comunicarse, la perspectiva cambia de modo muy efectivo. También el paralelismo entre la odisea de los esclavos y el relato del Evangelio que cautiva a uno de ellos ayuda a dar un sentido a los sinsabores que padecen.
6/10
(1990) | 185 min. | Western
En plena conquista de los territorios inexplorados del Oeste en 1860, un intrépido soldado de la Unión decide visitar la frontera con los indios antes de que esta desaparezca. Allí, entra en contacto con una tribu de Sioux, con los que vive una mujer blanca que fue secuestrada cuando era pequeña. Tras tomar el nombre de ‘Bailando con lobos’ y pasar una temporada con los indios, consigue su admiración y respeto, a la vez que él comienza a sentir amistad por ellos y vive un apasionado romance con ‘En pie con el puño en alto’, la mujer blanca. Uno de los más exitosos debuts como realizador fue este filme dirigido por el reputado actor Kevin Costner, que era en aquel momento la estrella más taquillera de Hollywood. No sólo fue una de las películas más vistas del año, sino que a pesar de sus defectos de primerizo consiguió 7 premios oscar en la edición de 1991: Mejor Película, Director, Fotografía, Montaje, Guión Adaptado, Banda Sonora y Sonido. La fotografía de grandes espacios de Dean Semler es excelente y muestra de forma espectacular las grandes llanuras del estado de Dakota –donde fueron rodados todos los exteriores– en Panavisión. Por otra parte el guión ensambla con soltura los ingredientes de una clásica historia épica, como son la historia de amor, las batallas y, sobre todo, en esta ocasión, la naturaleza, uno de los personajes más importantes.
7/10
(1939) | 121 min. | Drama
El senador de un estado de la costa oeste de los Estados Unidos muere de forma repentina, justo en el momento en que el Senado va a votar la aprobación para la construcción de una presa. Esta obra llenará los bolsillos del político Jim Taylor (Edward Arnold). Para sustituir al senador fallecido, se elige a toda prisa al inexperto Jefferson Smith (James Stewart), que presenta un proyecto de un campamento para niños, a construir en el terreno que ocupará la presa. Jim Taylor y otro senador, Joseph Paine (Claude Rains), elaboran un plan que implique a Jefferson en un escándalo de corrupción. Pero gracias al apoyo de su leal secretaria, Clarissa Saunders (Jean Arthur), de la que acabará enamorándose, Jefferson puede probar su inocencia y obliga a Paine a confesar la verdad. Una de las películas más conseguidas del genial Frank Capra. Conocido durante los años 30 y 40 por su maestría para elaborar una especie de fábulas morales, con una fuerte carga didáctica. Destacan El secreto de vivir (1936), Vive como quieras (1939), y Juan Nadie (1940). Se trata de una gran película con unas escenas repletas de la mejor comedia, con unas excelentes interpretaciones y un trepidante final. La escena del interminable discurso, en que Stewart no debe ceder la palabra, es fantástica. Imprescindible.
6/10
(1990) | 116 min. | Drama Tráiler
Basada en hechos reales, y publicitada con la frase "los milagros sencillos no existen", el film narra los sucesos acaecidos en una clínica de Estados Unidos, donde un médico llamado Malcom Sayer trata a una serie de enfermos crónicos, que padecen una encefalitis, todos ellos víctimas de una epidemia que afectó a cientos de personas durante los años veinte. La consecuencia es que todos ellos han estado durante treinta años inmovilizados, sin capaz de comunicarse Los métodos del doctor son poco convencionales, pero inesperadamente los enfermos, experimentan un "despertar", que raya lo milagroso, pasados unos meses los enfermos recaen en el estado de letargo anterior, tan misteriosamente como se habían recuperado. Penny Marshall dirige esta hermosa película, cargada de gran interés humano. En el film se dan cita dos gigantes de la interpretación. Robin Williams, en un papel más comedido que de costumbre, y el camaleónico Robert De Niro dando vida a uno de los enfermos. La película cuentra con una esmerada fotografía a cargo de Miroslav Ondrícek y una gran banda sonora de Randy Newman.
6/10