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Lista de cine

100 películas para el debate

Hace años Televisión Española emitía precisamente un programa, “La Clave”, que seguía exactamente este modelo. Al programa de José Luis Balbín acudían unos invitados para hablar de un tema, se proyectaba una película ilustrativa del asunto a debatir, y al final venía el coloquio, con Balbín de moderador. La lista que presentamos quiere animar a los internautas a ver las películas con sentido crítico, con la familia, los amigos, en clase, de modo que se enriquezcan sus ideas con las tramas reales o imaginarias que constituyen su columna vertebral. Las películas permiten hablar de temas de siempre como dolor, familia y educación, y otros suscitados en los últimos tiempos, como el cambio climático, el derecho a la intimidad o la omnipresencia de los ordenadores.

1. El sentido del dolor. Tierras de penumbra

2. ¿Es posible un islamismo moderado? Le grand voyage (El largo viaje)

3. La eutanasia. Million Dollar Baby

4. Periodismo amarillo. El gran carnaval

5. El alcoholismo. Días de vino y rosas

6. La educación de los superdotados. En busca de Bobby Fischer

7. La educación de los disminuidos. Las llaves de casa

8. La inmigración. Cuando naces... ya no puedes esconderte

9. Disciplina y jerarquía: superiores y subordinados. Master and Commander. Al otro lado del mundo

10. Los reality shows. El show de Truman

11. Manipulación genética y clonación. Gattaca

12. Positivismo y ley natural. Vencedores o vencidos

13. El aborto. El amor imperfecto

14. El agostamiento del matrimonio. Dos en la carretera

15. El divorcio. Kramer contra Kramer

16. Las humanidades en la educación. La versión Browning

17. Relaciones profesor-alumno. El club de los poetas muertos

18. El apartheid. Llanto por la tierra amada

19. Ética empresarial. Glengarry Glen Ross (Éxito a cualquier precio)

20. La objeción de conciencia. Un hombre para la eternidad

21. El genocidio, crimen contra la humanidad. La lista de Schindler

22. ¿Qué es una guerra justa? Senderos de gloria

23. Moral y trabajo profesional. La conversación

24. La atención de los ancianos. Cuentos de Tokio

25. Fidelidad y matrimonio. Breve encuentro

26. Confianza padres-hijos. El caso Winslow

27. Paro y desempleo. Los lunes al sol

28. Soledad, incomunicación, atención del otro. Solas

29. La pena capital. Pena de muerte

30. Evasión de la realidad y paraísos artificiales. Matrix

31. La capacidad de perdonar y la sabiduría de la tercera edad. Una historia verdadera

32. La belleza interior y exterior. El hombre elefante

33. Los malos tratos a la infancia. El Bola

34. Amor humano y verdadero. El camino a casa

35. El compromiso matrimonial. Encuentros privados

36. El cambio climático. Una verdad incómoda

37. Capitalismo salvaje, el autoengaño. Muerte de un viajante

38. Trabajo y frustración. El pez gordo

39. La esclavitud de las drogas. Traffic

40. La solidaridad, un granito de arena para cambiar el mundo. Cadena de favores

41. La aceptación de la muerte de los seres queridos. La habitación del hijo

42. La fe. Señales

43. El trabajo como escape de las propias obligaciones. Deliciosa Martha

44. La crisis de los cuarenta. La curva de la felicidad

45. La jubilación. A propósito de Schmidt

46. Vivir la vida con sentido. Vidas contadas

47. Violencia en la escuela. Elephant

48. ¿Tienen los genios que ser necesariamente raros? El loco del pelo rojo

49. Tutela de menores. Evelyn

50. Periodismo comprometido. Veronica Guerin

51. Las servidumbres de la pobreza, el narcotráfico. María, llena eres de gracia

52. Las raíces grecolatinas y judeocristianas de Europa. Una película hablada

53. El terrorismo internacional y los miedos del tercer milenio. United 93

54. Fanatismo y terrorismo. Paradise Now

55. El deporte como escuela de virtudes. El milagro

56. Los chicos de la calle. Estación central de Brasil

57. Enfermos terminales. La habitación de Marvin

58. Saber envejecer, la sombra de los padres sobre los hijos. Rocky Balboa

59. La cultura del éxito a cualquier precio. Jerry Maguire

60. Feminismo y feminidad. Sentido y sensibilidad

61. Capacidad de redención del ser humano. Los miserables

62. Vivir una vida que valga la pena. Atrapado en el tiempo (1993)

63. ¿Una sociedad enferma? Crash

64. Una televisión responsable. Buenas noches, y buena suerte

65. Política y populismo. El político

66. Fanatismo deportivo. Fuera de juego

67. El bloqueo creativo. Barton Fink

68. Hastío y aburrimiento en la sociedad actual The Game

69. Veteranos y su reconocimiento por la sociedad civil. Los mejores años de nuestra vida

70. ¿El hombre es bueno por naturaleza? El señor de las moscas

71. El racismo. En el calor de la noche

72. La corrupción policial. Sérpico

73. El peligro nuclear. Trece días

74. ¿Qué hace caer a una civilización? Apocalypto

75. El mundo de las bambalinas. Eva al desnudo

76. La explotación obrera. Lloviendo piedras

77. La vida en los estados totalitarios. La vida de los otros

78. Derecho a la intimidad. La memoria de los muertos

79. Las mentiras piadosas. Good Bye, Lenin!

80. Hambruna y miseria en épocas de depresión. Las uvas de la ira

81. Movimientos civiles y resistencia pasiva frente a la tiranía. Sophie Scholl: Los últimos días

82. La vida en los barrios deprimidos. Una historia del Bronx

83. La muerte, el tiempo que se va. Dublineses

84. La amistad. Tomates verdes fritos

85. Las masas y el individuo. Furia

86. Furia, frustración y estrés en la sociedad urbana. Un día de furia

87. Adolescencia y despertar sexual. Verano en Louisiana

88. Trabajo y familia en la profesión artística. Descubriendo Nunca Jamás

89. Dificultades de adaptación a los nuevos tiempos. Vidas rebeldes

90. El problema de la vivienda. El pisito

91. Robots e inteligencia artificial. El origen del mundo. 2001: una odisea del espacio

92. Violencia y rehabilitación del violento. La naranja mecánica

93. Pandillas juveniles, los amigos de los hijos. Rebelde sin causa

94. Relación padres-hijos, las distancias artificiales, las envidias fraternales. Al este del edén

95. Saber mirar, las relaciones humanas cotidianas. Smoke

96. Ineficacia de la justicia, venganza por la propia mano. El justiciero de la ciudad

97. Cuando la afición se convierte en obsesión. Misery

98. Familia y paternidad. Hook

99. El valor de la lectura. Fahrenheit 451

100. Seguridad informática, la dependencia de las nuevas tecnologías. La jungla 4.0

100 películas para el debate
(2005) | 90 min. | Drama
Escalofriante film, que nos mete en la piel de dos jóvenes palestinos, Shaïd y Khaled, amigos desde la infancia, y voluntarios para autoinmolarse en atentado terrorista, llevándose por delante el mayor número posible de vidas humanas. Su ofrecimiento es escuchado, y van a ser enviados a Tel Aviv. Antes pasan una noche de ‘despedida sin palabras’ de sus seres queridos, lo que da pie a momentos como el de la grabación de un vídeo con las razones de sus actos, donde a su convicción se suma, fuera de cámara, los miedos y el nerviosismo, y tal vez la sombra de la duda acerca de la moralidad de lo que van a acometer. Hany Abu-Assad narra su historia con estilo documental, sin justificar los actos de los protagonistas, pero mostrándolos como seres humanos, en el ojo del huracán de un horrible conflicto, cuya solución no puede ser, nunca, la violencia.
5/10
(2004) | 137 min. | Drama
Con 74 años, Clint Eastwood sigue en plena forma creativa. Sin dormirse siquiera un momento en los laureles de su anterior film, el aplaudido Mystic River, vuelve a entregar otro que ha acaparado siete nominaciones a los Oscar, de los que ha materializado cuatro, película, director, actriz principal y actor de reparto. Y no sólo dirige con mano firme y ritmo sobresaliente su mejor título desde Sin perdón, sino que entrega una magnífica interpretación. El guión de Paul Haggis toma elementos de los relatos de boxeo de F.X. Toole, reunidos en el libro Rope Burns. Stories from the Corner. Principalmente del que da título a la película, pero también de otro llamado Agua helada (allí aparece Scrap, el personaje del narrador, y el enclenque pero voluntarioso boxeador llamado Peligro). Y aunque ambientada en ambientes pugilísticos, estamos sobre todo ante la historia de un tipo, Frankie Dunn, un entrenador de boxeo que por razones innombradas ha perdido el amor de su hija. La llegada a su gimnasio de Maggie Fitzgerald, una joven terca y decidida, que sueña con triunfar en el ring, le ofrece la oportunidad de poner en marcha una suerte de amor paterno. Cuando este amor reencontrado se halla en peligro, Frankie se ve en una disyuntiva moral que le puede hundir en el más profundo de los abismos. La película fluye con enorme naturalidad. La voz en off del personaje de Morgan Freeman, un completo acierto, se justifica del todo en el desenlace, con una función semejante a la que tenía en Cadena perpetua. La armonía es total entre las imágenes de entrenamientos y combates, y los diálogos y silencios necesarios para ahondar en los puntos fuertes y en las heridas profundas de los personajes. Uno de ellos, el torpe púgil Peligro, ofrece el necesario y casi único contrapunto cómico de esta amarga película, aunque tenga también un deje de patetismo. La soledad de Maggie (estupenda Hilary Swank) queda de manifiesto cuando conocemos a su familia, lo que refrenda la percepción de que en Frankie ha encontrado un padre. Eterno fatalista, Eastwood insiste en la idea de que, con harta frecuencia, los mejores planes acaban torciéndose. Pero hay que reconocerle que no hace trampas con el espectador. Cuando uno de los personajes expresa su deseo de morir, el director juega con todas las cartas sobre la mesa. No estamos, ni mucho menos, ante un eco de Mar adentro, tampoco en el ponderado retrato de un sacerdote católico que tiene calado a su feligrés, y que sabe que su gran ‘tema’ es su hija y no ciertas disquisiciones teológicas de las que le gusta charlar. El final de la película de Eastwood atrapa casi a la letra, pero con imágenes, las últimas palabras del relato de Toole: “Con sus zapatos en la mano, pero sin su alma, [Frankie bajó en silencio la escalera de atrás y se marchó, con los ojos tan secos como una hoja agostada.”
8/10
(2004) | 96 min. | Ciencia ficción
La sombra del “gran hermano” es alargada. ¿Qué pasaría si en el futuro se implantara a las personas un chip en el cerebro que registrara todos los acontecimientos de su vida, hasta el momento mismo del fallecimiento? ¿Y si hubiera unos expertos, que una vez producida la muerte se dedicaran a hacer, con esas imágenes grabadas, resúmenes de toda una vida, para consuelo de familiares y amigos? Ésta es la inquietante premisa de este film escrito y dirigido por el desconocido Omar Naïm. Porque los problemas éticos de esta curiosa práctica enseguida quedan de manifiesto. Y no sólo por la indudable intromisión que supone, en la intimidad de las personas. Pues a la hora de hacer estas “películas”, el profesional maneja una enorme cantidad de metraje. Y como puede suponerse, la vida de cualquiera tiene mejores y peores momentos. ¿Puede hacer justicia una de “estas películas” a lo que ha sido la trayectora de un ser humano? ¿No se erige en Dios el protagonista, Alan, cuando a modo de un juicio final anticipado, selecciona y destaca lo que considera bueno de cada persona, desechando lo malo? Esta película, por su atinada línea futurista, recuerda a los guiones de Andrew Niccol, que han dado pie a títulos tan interesantes como El show de Truman, Gattaca y S1m0ne. No estamos aquí hablando de satisfacer un legítimo deseo de tener un álbum de fotos familiar, o un vídeo doméstico de la propia boda o de un viaje turístico. La trama pone en solfa en definitiva a los “reality shows”, el exhibicionismo desvergonzado y manipulador de la vida privada de las personas. Aquí, el hecho que lleva a Alan a cuestionarse su profesión es el hallazgo casual de una imagen de unos de sus clientes muertos, que le recuerda un traumático suceso de su infancia que cerró en falso, sin querer enfrentarse a su responsabilidad. Robin Williams sigue la vertiente seria de sus últimos trabajos (Retratos de una obsesión, Insomnio), y compone un personaje tímido, incapaz de establecer relaciones serias y comprometidas. Como concienzudo profesional que prefiere dejar aparcadas las dudas morales sobre lo que hace, recuerda al personaje que Gene Hackman compuso para Coppola en La conversación. La película ofrece un look diferente, según nos ofrece las andanzas de los personajes, o las imágenes grabadas por el chip. Lógicamente éstas son imágenes subjetivas, que ofrecen el punto de vista del personaje que tiene implantado el chip. Para darles un aspecto diferente fueron rodadas en vídeo digital, y en pantalla se impresiona el nombre de la persona portadora del chip, y el año, día, hora y minuto de su existencia en que se está grabando.
6/10
(2004) | 106 min. | Drama Tráiler
La historia de las aventuras de Peter Pan en su país de Nunca Jamás es considerada una de las cumbres de la imaginación humana; su idílica visión de la infancia perdida, de sus deseos y quimeras, junto con la huida de la responsabilidad que exige la madurez, son ideas vertebrales de una obra inmortal, considerada un hito de la literatura moderna. Cómo surgió este mundo, qué lo desencadenó, qué pensaba y sentía el escritor J.M. Barrie y, en fin, todo lo que rodeó su proceso creativo es el tema de esta sensible película dirigida por Marc Forster con exquisito refinamiento. La película comienza con un Barrie en horas bajas. Sus obras teatrales le han dado renombre y han obtenido un considerable éxito en los círculos pudientes de la Inglaterra del incipiente siglo XX, pero lleva tiempo sin inspiración y su alma se está anquilosando: necesita algo nuevo. Un día soleado, mientras se encuentra en los jardines de Kensington, halla por casualidad lo que buscaba. Se trata de la familia Llewelyn Davies: cuatro niños revoltosos y su madre, una viuda guapa y joven. James se hace amigo de ellos. Durante meses, los chavales se divierten con sus ocurrencias, sus trucos de magia, sus imaginativos juegos, y Barrie aprende a quererlos, a disfrutar de su compañía, al tiempo que algo comienza a fraguarse en su imaginación. Con el tiempo, su íntima relación con los Llewelyn Davies agudizará su crisis matrimonial y provocará habladurías, pero también fructificará en una obra inolvidable que remite a la infancia e invita a los adultos a creer de nuevo en los sueños. Forster (Monster's Ball) adapta la obra teatral “El hombre que era Peter Pan”, escrita por Allan Knee, y es sorprendente el ingenioso modo de plasmarla en imágenes. Los planos desprenden una belleza melancólica enorme, acentuada por una ambientación muy natural, gran variedad de estampas idílicas y una cálida y preciosa luminosidad. Johnny Depp, nominado al Oscar, compone un Barrie comedido y realista, pero todo el reparto está fantástico, especialmente Kate Winslet y el pequeño y expresivo Freddie Highmore. Aunque exquisita en su aspecto formal y con una deliberada y notable carga de emotividad, la película no es, sin embargo, un simple cuento de hadas: hay drama serio, conflictos afectivos profundos, una egoísta y condescendiente ruptura matrimonial, dolor y lágrimas. Es decir, mucha dosis de realidad.
7/10
(2004) | 113 min. | Drama
¡Qué difícil es juzgar bien a las personas...! Y sin embargo, día a día, los seres humanos parece que no podemos sustraernos a emitir juicios críticos acerca de tal o cual actuación de nuestros semejantes. Y como somos egoístas, desconfiados, frívolos, cínicos y quizá solitarios, a menudo nuestras conclusiones resultan parciales y estrechas, cuando no claramente sesgadas por nuestros gustos y prejuicios. No tiene por qué ser así, pero la experiencia raramente nos demuestra lo contrario. C’est la vie, que dirían los franceses. Pues bien, que cualquier ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor, de lo bueno y de lo malo, de la virtud y del pecado, sin importar su condición, su raza o su religión, es la gran verdad que transmite esta maravillosa y multipremiada película, que respira autenticidad por los cuatro costados. Su creador, Paul Haggis, se dio a conocer al gran público el año pasado con el guión de la también fantástica Million Dollar Baby, película durísima dirigida por Clint Eastwood. Ahora, además de escribir el guión de Crash, con la colaboración de Robert Moresco, también ha optado por ponerse detrás de las cámaras y hacer labores de producción. La jugada le ha salido perfecta y ahí están los Oscar conseguidos para demostrarlo. El hallazgo del cadáver de un muchacho durante una noche especialmente fría en la populosa ciudad de Los Ángeles, sirve de punto de arranque de un argumento que se retrotrae a las treinta y seis horas anteriores del fatal descubrimiento. Durante ese tiempo, el modélico guión de Haggis hará llegar al espectador –con apenas algunos trazos– los diversos caminos existenciales y las crisis de identidad de un amplio puñado de personajes, que quieren retratar –con las lógicas limitaciones de la realidad- la variada tipología de personas de una gran ciudad y por ende del mundo entero. Ahí están el fiscal del distrito y su esposa, con sus desencuentros y soledades; un policía con experiencia y su joven e idealista compañero; un tendero iraní y su hija médico; un cerrajero mexicano y su familia; un matrimonio acomodado de afroamericanos; dos agentes de la ley; dos jóvenes delincuentes... Gracias al guión y al montaje milimétrico las vidas de los personajes quedan relacionadas entre sí, un poco a la manera de Magnolia (1999), la apabullante película coral de Paul Thomas Anderson, aunque en el caso de Crash las historias sean más equilibradas y menos excesivas. La película, tan honda como sincera, es un monumento sobre la condición humana, con todas sus debilidades y sus esperanzas. Y por encima de todo, Haggis logra algo muy, pero que muy difícil hoy en día: emocionar casi hasta las lágrimas sin una pizca de sentimentalismo. Y hay que elogiar el completísimo reparto, lleno de actores conocidos, al igual que los aspectos más técnicos, como la fotografía de J. Michael Muro y la música minimalista de Mark Isham, que viene aderezada con las estupendas canciones “In the Deep”, de Bird York, y el excelente colofón “Maybe Tomorrow” de Stereophonics.
9/10
(2004) | 101 min. | Drama
Película muy bien construida, sencilla y emotiva, que muestra las acciones a que puede empujar una vida miserable. María trabaja en una empresa productora de flores en Colombia. Es una joven valiente, con personalidad, que ama a su familia, piadosa a su manera. Embarazada de un novio nada comprometido, tratada de cualquier manera en su trabajo, se le presenta una forma rápida de ganar dinero: transportar droga a EE.UU. como ‘mula’, o sea, en bolsitas ingeridas que lleva dentro de su cuerpo. Un riesgo considerable, no sólo por la posibilidad de ser detectada por la policía: si una bolsita revienta en el estómago, la muerte es segura; y si la mercancía se ‘pierde’, las familias pagarán las consecuencias. En el movidito viaje a Nueva York en avión marchará en compañía de otras tres ‘mulas’. Joshua Marston firma una sólida primera película, equilibrada, con matices, que pese a su dureza no es sórdida. Los personajes son muy humanos, tienen debilidades, pero se hacen querer. Hay momentos, como el de la revelación de la muerte de una de las mujeres a su hermana, o la visita a la ginecóloga, espléndidamente resueltos. Y frente a los desalmados traficantes hacen contrapunto gente buena como Fernando, que está en una oficina que presta ayuda a los inmigrantes de habla hispana.
7/10
(2004) | 122 min. | Deportivo | Drama
Año 1979. Estados Unidos pasa por una crisis de confianza. En años de guerra fría, ha vivido fracasos como la Guerra de Vietnam, o el escándalo del Watergate, saldado con la dimisión del presidente Nixon. Ahora, en plena administración Carter, sucesos como la toma de la embajada en Irán, o la invasión rusa de Afganistán, desaniman a la población. En esta atmósfera, Herb Brooks recibe el encargo de entrenar el equipo de hockey sobre hielo que representará a EE.UU. en las olimpiadas de invierno. Herb es un tipo duro. Sabe que dispone de poco tiempo, y antes de buscar a las estrellas de la liga profesional, opta por formar un equipo con gente joven, aficionados con talento, donde todos deben ser una piña. Así se prepara para lograr un “milagro”: vertebrar un equipo capaz de ganar a un rival legendario, la Unión Soviética, no porque sean mejores (los rusos llevan 15 años jugando juntos, son profesionales), sino porque habrán preparado “el momento” en que la victoria es posible. Apasionante film deportivo, basado en hechos reales. Gavin O’Connor (Tumbleweeds) sabe imprimir a su historia un vibrante tono épico, y comunica eso tan bonito de representar a tu propio país. Jugar con la dualidad “es sólo un partido de hockey”-“es más que un partido de hockey” se revela un acierto. El film no sólo entrega partidos emocionantes de resultado dudoso. También critica con acierto los llamados “Dream Teams”, capaces de todo menos de hacer soñar a sus seguidores, al haber sustituido los profesionales el amor a sus colores por el deseo primordial de hacer cuanto más dinero mejor. Kurt Russell encarna con aplomo al tozudo entrenador, y se dibuja bien su conflicto de conciliar el trabajo con la atención a la familia; allí Patricia Clarkson, como su esposa, da una nueva lección interpretativa, al insuflar vida a lo que podía ser un “papel florero”, conjugando cariño al marido con exigencia para que atienda todos sus deberes.
6/10
(2003) | 96 min. | Drama
Leonor, una profesora universitaria portuguesa, hace un crucero por el Mediterráneo con su hijita María Joana. La idea es reunirse con el esposo y padre, que es piloto de una línea aérea, en Bombay. El viaje es el cumplimiento de un sueño dorado de Leonor, y al hilo de los puertos en los que recalan, ella ofrece a la niña un precioso relato histórico-cultural de las raíces grecolatinas y judeocristianas de Europa. Imprescindible película del director luso Manoel de Oliveira, que con 95 años sigue en la brecha del mundo del cine. Su film es una delicia, un canto al entendimiento entre distintas civilizaciones (la ‘mesa de Babel’, donde el capitán y sus invitadas hablan en múltiples lenguas) y a una enseñanza integral (las ‘clases’ de la madre a su hija). Debería ser obligatorio su visionado a todos los que andan construyendo la Unión Europea, sobre todo para los tibios que en la redacción de la constitución, parecen cerrar los ojos al legado de nuestros antepasados. Estupendo el reparto, y sorprendente el desenlace, que no dejará a nadie indiferente.
7/10
(1991) | 130 min. | Drama Tráiler
Film que fue un éxito relativamente inesperado en taquilla, pese a basarse en una novela de Fannie Flagg candidata al Pulitzer. La misma autora firmó el guión, que bascula entre dos historias que discurren en el Sur de Estados Unidos. Una, actual, afecta a Evelyn Couch, anodina ama de casa, acostumbrada a ser ignorada por su tosco marido, quien conoce casualmente en una residencia de la tercera edad a la fascinante Ninny Threadgoode, una anciana que vive allí, y con la que simpatiza enseguida. Ninny deja a Evelyn con los ojos como platos contándole entretenidas anécdotas de las andanzas juveniles, tiempo atrás, de dos mujeres muy amigas: Idgie y Ruth. El relato, mostrado a lo largo de varios flash-backs, cambiará la vida de Evelyn. Una película femenina, pero que gustará a cualquiera con un mínimo de sensibilidad, y en definitiva a todo el que conozca el significado verdadero de la palabra ‘amistad’. Porque de eso trata en definitiva este film, más allá de la parte de intriga, que figura en la frase promocional de doble sentido ‘¿El secreto de la vida? ¡El secreto está en la salsa!’. Se nos habla de una doble amistad, en el presente y en el pasado. Esa capacidad de compartir penas y alegrías con otra persona, manifestada en el grito de guerra, que muestra complicidad, ‘¡Towanda!’, ayuda precisamente a sobrellevarlas y a gozarlas mejor. Amistad, amor… en los que hay un tiempo para llorar –muchas desgracias sacuden a las protagonistas– y otro tiempo para reír –Evelyn aparcando a la puerta de un centro comercial, por ejemplo. También se nos habla de la posibilidad de cambiar: Evelyn es capaz, como dice a su esposo, de mirarse un día al espejo y reconocer que no le gustó lo que vio. ‘¿Sabes entonces lo que hice?’, le pregunta. ‘Cambié.’ El neoyorquino Jon Avnet no se ha prodigado mucho en la dirección. Ha producido muchos filmes (como Sky Captain y el mundo del mañana), pero sólo ha dirigido pocos largos. Aparte de Tomates verdes fritos, el mejor sin duda, es director de The War (La guerra), un título interesante, y de El laberinto rojo e Íntimo y personal, que dan menos de lo que prometen. Aquí contó con una historia entrañable, y supo llevar todos los sentimientos citados a la pantalla. Conserva ese indefinible romanticismo sureño, y cuenta con cuatro grandísimas actrices: Jessica Tandy (ganadora del Oscar por Paseando a miss Daisy), Kathy Bates (que tiene el mismo galardón por Misery), Mary Stuart Masterson y Mary-Louise Parker.
7/10
(1946) | 172 min. | Drama
Al acabar la contienda, tres veteranos de la II Guerra Mundial descubren que regresar a la normalidad puede ser más duro que el combate. Al, Fred y Homer se conocen a bordo del avión que les lleva de vuelta a casa. Y surge, natural, la amistad. Su alegría por la paz y el reencuentro con sus seres queridos tropiezan pronto con dificultades: Al se reincorpora a su puesto en un banco, su mujer e hijos le adoran, pero tiene problemas con el alcohol; Fred ve que no hay trabajo para él, y que su esposa, con la que se casó en vísperas de alistarse, no es como creía; y Homer, que perdió sus dos manos, no puede soportar que sus padres y su novia le tengan lástima. William Wyler filmó a partir de la obra de MacKinlay Cantor, con guión de Robert Sherwood, una obra maestra que completaba su contribución a la guerra con La Sra. Miniver (una inyección de moral a los civiles que sufría intensos bombardeos y la ausencia de los soldados) y Memphis Belle (soberbio documental).
9/10
(2003) | 81 min. | Drama Tráiler
Tragedia del instituto de Columbine en Estados Unidos, causada por dos jóvenes armados con fusiles de asalto, que un día entraron en su escuela y arramblaron a tiros con todo el que se les ponía por delante. El director Gus Van Sant acude a un estilo documental (incluso en el formato de pantalla, el televisivo de 1.33:1) para mostrar los hechos desnudos con la mayor objetividad posible; y cuando el espectador cree haber encontrado la clave para entender cómo se desató la masacre, aparece una nueva pieza, distinta, que permite otra lectura: chavales inadaptados, admiración por la violencia de grupos neonazis, facilidad para comprar armas por internet, adicción a los videojuegos, aislamiento, incomunicación con los padres, sexualidad cansada, sentimientos de superioridad... son algunos de los elementos que explican, en parte, el salvaje comportamiento. Pero Gus Van Sant muestra no sólo a Alex y Eric, los adolescentes que dispararon sus armas; vemos a otros jóvenes del instituto, cuyas vidas tampoco son una maravilla: a John, un rubito guaperas, cuyo padre es un alcohólico; a Brittanny, Nicole y Jordan, tres niñas monas, anoréxicas, que provocan su propio vómito para mantener su curvilíneo tipo; o Michelle, una chica patito feo, torpe en las clases de gimnasia, lista pero solitaria y sin amigos, a quien nadie hace caso. Jóvenes todos con problemas, a los que falta una mano adulta que les ayude a levantarse y caminar. Con habilidad, Van Sant se las arregla para componer una situación poliédrica, que no admite explicaciones simplistas, en la que todos tenemos la culpa y nadie la tiene del todo.
7/10
(1997) | 128 min. | Acción | Thriller
Nicholas Van Orton, un ejecutivo, solitario y egoísta, que cree haberlo visto todo y está un poco cansado de la vida, recibe un curioso regalo de cumpleaños de parte de su hermano: un juego con experiencias excitantes. Poco a poco, la vida de Nicholas empieza a convertirse en una angustiosa carrera por salvar el pellejo. Tras el bombazo de la impactante Seven, el director David Fincher dirigió esta original y vibrante película, suavemente pesadillesca, con Sean Penn y Michael Douglas como hermanos.
6/10
(2003) | 138 min. | Aventuras
Sotavento. Foque, trinquete, bauprés. Más de un amante de los libros de aventuras, se ha sentido perdido entre términos náuticos incomprensibles, al leer novelas que transcurren en el mar. Para los que son de tierra adentro, el inicio de Master and Commander puede producir temblores. Pero la sensación dura poco. La descripción de la vida a bordo del Surprise, espléndida nave de Su Majestad Británica que surca los mares en 1805 durante las guerras napoleónicas, es un paso necesario. Gracias a él nos hacemos idea de las penalidades y hermosura de la navegación. Y estamos listos para conocer a los personajes y su misión, inspirados en la décima novela de Patrick O'Brian sobre el capitán Jack Aubrey “el afortunado”, aunque con elementos de las otras. Aubrey, capitán del Surprise, tiene órdenes de capturar el Acheron, buque insignia de la Armada Francesa; su determinación para cumplir la misión, recuerdan a la obsesión del capitán Achab por Moby Dick, aunque Aubrey revela una humanidad superior. Contrapunto a su empeño militar lo ofrece el médico de a bordo, Stephen Maturin. Buen amigo de Aubrey, la razón de que esté en el barco no estriba en su sentido marcial. Cumple un papel y está dispuesto a luchar, pero su deseo es recabar en las Islas Galápagos para estudiar la naturaleza virgen y hacer avanzar la ciencia. Los intereses de Aubrey y Maturin no son necesariamente contrapuestos, pero el rico guión pergeñado por Peter Weir y John Collee sabe crear un conflicto donde colisionan patriotismo, lealtad, cumplimiento de la palabra. El film acierta, pues, donde más importa: en la historia y los personajes. Conocemos además a otros tripulantes y entendemos su valor y sus temores. Vemos a creíbles niños guardamarinas, que empiezan a saber lo que es el mando, y a los que no debe temblar la voz cuando dan órdenes a curtidos marineros. Todo el reparto, en el que sobresalen Russell Crowe y Paul Bettany, está soberbio. Master sorprende por su clasicismo. Cuenta una historia de aventuras, donde las virtudes son nítidas y atractivas. Acostumbrados en tanta película reciente a héroes que van por libre, aquí observamos cómo cada marinero tiene su papel, la importancia de la obediencia. No hay maniqueísmo, y sí una buena delimitación de los deberes y lealtades a los que uno está, necesariamente, sometido. En tal contexto, surgen con naturalidad las miradas a lo alto, la plegaria a Dios.
8/10
(2003) | 118 min. | Comedia
Año 1989. El comunismo se derrumba, el muro que divide Berlín se viene abajo. Pero algunos no se enteran. Es el caso de Christiane Kerner, una mujer comunista de Alemania del Este. Poco antes de semejante vuelvo político y social, cayó en coma. Y unos meses después, sin saber por qué, Christiane recupera el conocimiento. Su joven hijo Alex sabe que debe evitar a su madre cualquier sobresalto, pues podría suponer una recaída. Sabiendo que ella es una comunista convencida, decide ocultarle los cambios ocurridos esos meses. Como Christiane debe guardar cama, mantendrá a toda costa la ficción de que las cosas siguen como antes, incluso con nuevos logros del paraíso socialista. Pero claro, resulta difícil conseguir productos que ya no se fabrican, y que han sido sustituidos por marcas procedentes del mundo capitalista; y los telediarios y programas televisivos son muy diferentes a los de antaño. El director alemán Wolfgang Becker articula una difícil tragicomedia. Y hace auténticos ejercicios de equilibrista para no derivar en la farsa pura y dura, terreno por el que fácilmente podía haber transitado. De este modo hay bromas, sí, como la del enorme cartelón de Coca Cola, pero se evita convertir el film en una sucesión de chistes más o menos fáciles. Porque la película tiene un contrapunto dramático: el padre ausente, que huyó a Occidente, una sombra a la que madre e hijo tienen que enfrentarse tarde o temprano (la hermana ya se cruzó con él, en una de las escenas más tristes del film); así, la reunificación alemana se convierte en metáfora del reencuentro familiar. El film nos habla además de la necesidad de aceptar la verdad de los hechos, frente a la tentación de refugiarnos en fantasías que al final acaban pasando factura.
6/10
(2002) | 125 min. | Comedia
Warren Schmidt. Acaba de jubilarse de un importante puesto ejecutivo en su empresa. ¿Qué puede hacer ahora? Si se le ocurre dejarse caer por su antiguo trabajo, el jovenzuelo sustituto de turno le mirará con una cara cuyo significado bascula entre “qué pesado, ¿qué querrá éste ahora?” y “este viejito me viene ahora, ¡a mí!, a dar lecciones, ¿qué se habrá creído?”. Su esposa viene con ideas “geniales” como la comprar una caravana y recorrer a lo largo y a lo ancho los Estados Unidos. A punto de hacer ese viaje, la mujer muere: entonces Schmidt se entera de que tenía una aventura con su mejor amigo. Tal revelación le hace caer en un terrible abandono: su vida carece de alicientes, los afectos que creía auténticos le han fallado. Por si fuera poco, su hija está a punto de casarse con quien considera un perfecto imbécil. Así las cosas, el único lazo que le permite estar conectado al mundo es Ndugu Umbo, un niño africano al que ha apadrinado. Si uno lee el párrafo anterior, la conclusión que saca es que el film que nos ocupa es una auténtica tragedia. Y sin duda que en parte lo es. No obstante lo que nos entrega Alexander Payne, director de la interesante y también despiadada Election (1999), es una comedia llena de humor negro, una sátira tremenda sobre lo que puede ser una vida desprovista de significado. Ante tal situación, Payne nos pone en la tesitura de reír, por no llorar. Vemos a un hombre patético (genial Jack Nicholson, que evita caer en el histrionismo), que ha “visto” discurrir su existencia, pero que no la ha “mirado”, no la ha “vivido”, en el sentido más radical de la palabra. Sobre esto el director y coguionista –usando como hilo conductor las cartas que Schmidt escribe a su ahijado– nos regala situaciones muy divertidas, a la vez que nos hace reflexionar sobre la necesidad de contar con asideros capaces de dar sentido a la vida.
6/10
(2003) | 92 min. | Biográfico | Drama
Esta vez, el artesano Joel Schumacher responsable de cintas tan distintas como Tigerland y Última llamada, retrata una historia real. Veronica Guerin fue una periodista irlandesa muy popular del diario dublinés Sunday Times. En los 90, alarmada ante el aumento del consumo de drogas entre la juventud, Veronica abordó una serie de reportajes sobre las mafias responsables del narcotráfico en Dublín. Contaba con la ayuda de Traynor, un “topo” que le revelaba el funcionamiento de la organización de John Gilligan, uno de los reyezuelos de la droga en Irlanda. Como a éste no le gustaba que la periodista indagara demasiado, intentó pararle los pies con métodos violentos. Popular como Galadriel en la trilogía de El señor de los anillos, Cate Blanchett ha trabajado a fondo su interpretación. Para dar veracidad a su personaje, la actriz australiana viajó a Dublín antes del rodaje, y se entrevistó con amigos y familiares de la auténtica Veronica Guerin. Además, escuchó las entrevistas que concedió a la radio, y leyó sus reportajes. El film retrata bien las relaciones familiares de la protagonista (pasa mucho tiempo fuera de casa, mientras su marido Graham es el que más se ocupa del hogar, con ayuda de Bernadette, la madre de Veronica), y las dificultades por conciliarlas con su arriesgada profesión. Quizás la trama se centra demasiado en la protagonista, y desdibuja otros personajes, algo arquetípicos (el marido comprensivo, los gángsters malvados). Pero esto se compensa por cómo aborda la responsabilidad de los periodistas, por una vez los buenos de la historia, así como la injusticia de que unos pocos se enriquezcan a costa del sufrimiento de los adolescentes adictos a la heroína.
6/10
(2002) | 94 min. | Drama
Desmond Doyle, pintor de brocha gorda, casado y con cinco hijos. Demasiado aficionado al alcohol y sin trabajo fijo. Su mujer abandona el hogar con su amante y no deja dirección. Ante situación tan precaria, a Ley de la Familia irlandesa obliga a que los chavales, cuatro niños y una niña, la Evelyn del título, sean enviados a instituciones religiosas de caridad. Entretanto Desmond trata de enmendar su vida: dejará de beber y buscará empleo. Y aunque no nade en la abundancia, lo conmovedor de su caso facilita la asistencia de tres prestigiosos abogados, que lucharán para que el padre recupere la custodia de sus hijos. Film basado en hechos reales y producido por Pierce Brosnan, el último 007 del universo mundo, que se reserva el papel del padre. Dirige la conmovedora peli el australiano Bruce Beresford, que cuenta en su filmografía con las estupendas Gracias y favores y Paseando a miss Daisy. El espectador más duro no evitará alguna lagrimita, sobre todo cuando la niña Sophie Vavasseur entra en escena.
6/10
(2001) | 94 min. | Comedia | Drama
Vidas por aquí, vidas por allá. Un abogado joven y triunfador; una joven limpiadora; el frustrado jefe de una compañía de seguros; un egocéntrico profesor universitario… Y más, más gente, junto a lo que ha sido y lo que podría haber sido de sus vidas, amores y desamores incluidos, si no hubiera ocurrido tal o cual cosa. Jill Sprecher ya sorprendió con la estupenda Esperando la hora, película coescrita, como ésta, con su hermana Karen. Aquí vuelve a demostrar su agudeza a la hora de captar tipos humanos diversos y sus relaciones. Las habilidad de las chicas Sprecher es dibujar personajes y situaciones creíbles, y demostrar que, a pesar de que existen hechos incontrolables en nuestras vidas, lo que sí está al alcance de todos es repartir amor, regalar una sonrisa. Lo demuestra sobre todo ese empleado de mediana edad, injustamente despedido de su empresa, y al que los sucesos contrarios no logran borrarle la sonrisa que habitualmente adorna su rostro. Cuenta Jill que se ha basado en un hecho que le ocurrió a ella: La película, coral, ofrece magníficos trabajos de los actores. Entre los conocidos destacan Matthew McConaughey, John Turturro, Amy Irving y Alan Arkin.
7/10
(2002) | 113 min. | Drama Tráiler
Una ciudad portuaria innombrada, en Galicia. Tiempos de recesión. Los astilleros que daban trabajo a un buen número de gente han cerrado. Un grupo de amigos se vio afectado. Uno de ellos se apaña bastante bien regentando un bar. Otro trabaja de guardia jurado. El resto ha pasado a engrosar las listas de parados. Y con ese panorama a cuestas sobreviven y se reúnen con frecuencia en el bar, y allí ríen y lloran, tratan de llevar la situación lo mejor posible. Lo que a veces no es fácil. Fernando León de Aranoa maneja junto a Ignacio del Moral un guión aparentemente invertebrado, con diálogos plenos de naturalidad, dichos por un reparto perfecto, en el que destaca Javier Bardem, uno de los grandes del actual cine español. Y consigue transmitir emociones sencillas con enorme fuerza. Como el mismo León decía recientemente, hablando de sus hábitos de espectador, (“Veo de todo, producciones de fuera, de aquí. Al final, con lo que me quedo, es con la sensación de que me han echado un poco de luz sobre algo, sobre la vida, sobre el amor, la sociedad... Me gusta la sensación de montaña rusa en el cine, sentarme y que me manejen.”), él procura hacer lo mismo contando historias con las que el espectador conecta inmediatamente. Apenas ocurre nada en esta película galardonada con 5 Goyas, incluidos los de mejor película, director y actor principal. Pero tras la aparente levedad de una vida cotidiana y reconocible se nos habla de los rígidos mecanismos de una sociedad insolidaria, incapaz de dar trabajo a las personas de cierta edad, que socava los lazos más sagrados, que aboca a los más débiles a la salida en falso. Nadie tiene la culpa y todos tienen la culpa. La falta de ocupación laboral se revela mal gravísimo, no sólo por las carencias económicas que comporta, sino porque el hombre que no trabaja deja de ser hombre: su dignidad se ve gravemente afectada. Elevando la reflexión, se llega a decir que “Dios no cree en los hombres”. Esa culpabilización divina conduce sin remedio a la desesperación. Evita León los didactismos fáciles que llevan a condenar a personas e instituciones, pero deja su film un regusto de amargura y derrotismo, como si el actual estado de cosas fuera inalterable. Al final queda sólo un vago sentido de la lealtad para jugarlo todo a la carta de la supervivencia.
6/10
(2002) | 120 min. | Drama
Tom. Padre de familia. Una buena esposa, dos niños estupendos. No es mal tipo. Pero sus jornadas son aburridas, cada una igual a la otra. Su trabajo es anodino y la vida parece ofrecer pocos alicientes. Cerca de los 40, la crisis podría estallar en cualquier momento. Porque tiende, además, a la disipación: se distrae con la publicidad de lencería y las chicas guapas que se cruzan en su camino, y halaga a su ego masculino que una compañera le tire los tejos. Pero una inesperada noticia, que le trae una antigua novia, trastoca todo: hace nueve años, ella tuvo una hija de él; y le ocultó el hecho. Ahora está sin blanca, y antes de que vaya a un orfanato, prefiriría que él se hiciera cargo de Nina. ¿Aceptará su mujer a la niña en casa? El francés Manuel Poirier sorprendió con Western, que permitió descubrir a un excelente actor español, Sergi López. Ahora vuelven a trabajar juntos en un film luminoso sobre amor y responsabilidad. Guionista y director, Poirier despliega la historia con ritmo tranquilo, adecuado al ambiente rural de la Bretaña donde se desarrolla. Y compone una galería de personajes entrañables, con problemas semejantes a los de Tom, que se hacen querer. Lejos de la sensiblería presenta, con optimismo muy de agradecer, gente de carne y hueso, y problemas que a todo el mundo atañen. El detonante de la trama (el descubrimiento de la hija desconocida) sirve a Tom a modo de potente foco, que ilumina lo que un estilo de vida acomodaticio había empañado.
6/10