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Lista de cine

Las 100 mejores bandas sonoras originales de películas

Proponemos un listado de las mejores bandas sonoras, una música que hemos escuchado y tarareado un montón de veces. Nuestro agradecimiento a Luis Miguel Carmona, autor del libro “Las mejores bandas sonoras originales de la historia del cine”, por proporcionarnos tan completa lista, un regalo para los oídos de cualquiera. Entiéndase que la relación incluye música escrita originalmente para el cine. Si nuestra batuta ha olvidado alguna pieza esencial, no dudes en dar la nota y proponerla en nuestro buzón de sugerencias. Nuestro orquesta de sabios interpretará las proposiciones, cara a incluirlas en el anexo al listado.

Las 100 mejores bandas sonoras originales de películas
(1963) | 205 min. | Drama
Los que defienden a capa y espada aquello de que siempre la película es peor que el libro deberán revisar esta adaptación por parte de Luchino Visconti de la inmortal novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Y es que Visconti sabía tanto como Lampedusa del tema central, la decadencia de la aristocracia, al pertenecer el cineasta a una familia noble, igual que el protagonista de la obra: un siciliano del XIX que ve cómo sus privilegios se acaban. Se trata del príncipe siciliano Fabrizio di Salina, que en 1860 trata de apegarse a su viejo mundo en declive, mientras Garibaldi llega con su ejército a la isla, para unificar Italia, y acabar con el viejo régimen feudal. Salina permite que su sobrino Tancredi se aliste en el ejército y contraiga matrimonio con Angelica, hija de un nuevo rico que representa la burguesía en ascenso. “Algo debe cambiar para que todo siga igual”, viene a decir la obra de Lampedusa, que muestra el nacimiento de un nuevo mundo en el que la burguesía sustituye a los nobles, ofreciéndoles dinero, mientras que estos se dejan comprar. Resulta deslumbrante el modo en que Visconti despliega su narración, sin prisa ninguna. Y de ese modo logra dibujar con minuciosidad a sus personajes, de modo especial al príncipe de Salina, una espléndida composición de Burt Lancaster, quizá la mejor de su carrera. Sus conversaciones con el padre Pirrone rebosan cinismo, por un comportamiento hipócrita del que es consciente; con don Ciccio cuestiona la democracia, por un plebiscito en que el único voto negativo ha sido manipulado; con los jóvenes prometidos medita acerca de la fugacidad de la vida, y lo efímero de la belleza; con Chevally, que le hace la propuesta de ser senador de la república, honor que rechaza por considerar que en la política sólo caben los que están ahí para medrar. La mirada del cineasta es melancólica. Los pocos pasajes que protagonizan los personajes (notablemente el recorrido de la casa vacía de Tancredi y Angelica, unos radiantes Alain Delon y Claudia Cardinale) acentúan la pena por la juventud que se va. Porque Fabrizio es bien consciente de que su mundo tiene los días contados. Con esta obra maestra, Visconti abandona definitivamente el neorrealismo de sus orígenes. El cineasta se inscribe en una tendencia del cine italiano conocida como “caligrafista”, que consiste en la minuciosa reconstrucción de una época, mediante un ritmo pausado. Destaca la modélica utilización del color del director de fotografía, Giuseppe Rotunno, que se inspira en las obras de los pintores Delacroix y Hogarth. El escenógrafo Mario Garbuglia dota a los escenarios de tantos detalles que todo parece digno de un museo, mientras que los esmerados trajes de Piero Tosi parecen de verdad. Además, Visconti aprovecha para lucirse como cineasta épico con la vistosa secuencia de la batalla de Palermo. Entre todas las secuencias, se lleva la palma el inolvidable baile, que ocupa un tercio del metraje, en el que el príncipe Salina legitima en la sociedad a la famlia de Angelica, al tiempo que él mismo decide permanecer en un segundo plano a partir de ese momento. El film ganaría la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Se trata asímismo de un título clave en la filmografía de Burt Lancaster, estrella del cine de acción y aventuras, que se consagraba definitivamente como actor dramático de peso, tras otros logrados papeles en Vencedores o vencidos y El hombre de Alcatraz. Tras hacerse por fin con el reconocimiento de la crítica, el actor iniciaba una segunda e interesantísima etapa en su carrera, en la que volvería a colaborar de nuevo con Visconti en Confidencias. Le acompañan dos de las grandes estrellas del cine europeo de la época, que ya habían trabajado con Visconti en Rocco y sus hermanos, Delon y Cardinale.
9/10
(1968) | 175 min. | Western
Después de su trilogía del Oeste compuesta por Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo, Sergio Leone empezaba a estar un pelín cansado de que le etiquetaran como el rey del spaghetti-western. Pero no tuvo más remedio que volver a los caminos polvorientos y al entrañable Monument Valley donde John Ford enmarcara muchos de sus memorables filmes. El resultado fue una impactante película, Hasta que llegó su hora. Durante mucho tiempo, Leone fue considerado como un director efectista y menor. Pero el éxito de Sin perdón de Clint Eastwood, que éste dedicó al italiano y a Don Siegel, ayudó a cambiar esta percepción. En efecto, Leone demuestra ser un excelente creador de atmósferas, con un espléndido uso de los sonidos naturales, y de la música de Ennio Morricone. Ejemplar a tal respecto es la secuencia de apertura, en que tres matones aguardan en una estación desierta la llegada de un hombre. Por otro lado, Leone utiliza el formato panorámico como nadie, tanto para generosos planos generales, como para primerísimos planos donde la fuerza de los rostros, que parecen tallados en roca, es muy poderosa. El film narra la llegada de una joven (guapísima Claudia Cardinale) al rancho de su futuro marido, viudo con tres hijos. Pero los encuentra muertos. Un asesino brutal (increíble Henry Fonda, en un cambio de registro notable), conchabado con los constructores del ferrocarril, los ha matado para quedarse con sus tierras, un erial revalorizado por el próximo paso cercano del “caballo de hierro”. Por distintas razones, dos tipos ayudan a la desconsolada viuda, que quería al fin sentar la cabeza y dejar su disipada vida de prostituta: Cheyenne (el sólido Jason Robards, que había destacado como Doc Hollyday en La hora de las pistolas) y Armónica (Charles Bronson, mejor que nunca como misterioso personaje que toca la armónica, y que nadie sabe lo que quiere). En la escritura del guión se produjo una asociación insólita: Dario Argento, Bernardo Bertolucci, y el propio Leone. El director explicaba así su elección de Fonda como el asesino: “El espectador ha de quedar impresionado al instante por el enorme contraste entre su implacable personaje y su rostro, el de un actor que durante muchos años ha simbolizado la justicia y la bondad”.
8/10
(1956) | 220 min. | Histórico | Drama Tráiler
Basada en las Sagradas Escrituras, narra cómo Moisés se enfrenta al faraón y consigue que deje salir a los israelitas de su esclavitud en Egipto. Los israelitas huyen, los egipcios le persiguen, Moisés abre las aguas del Mar Rojo para que se pueblo pueda atravesarlo y que después se ahoguen sus perseguidores... Así hasta llegar al dictado de las Tablas de la Ley. Entonces los israelitas adoran a un becerro de oro, y Moisés debe hacerles entrar en razón. En definitiva, una historia conocida por todos, muy bien contada. Treinta y tres años después de su primera versión, Cecil B. DeMille consigue su sueño de llevar de nuevo esta historia al cine, esta vez con sonido y color. Una película con una enorme fuerza narrativa, que se mantiene inalterable a lo largo del tiempo. Se encuentra entre las grandes producciones que han hecho grande a Hollywood. Los actores son de primera, y destacan Yul Brynner y Edward G. Robinson, en los papeles de Ramsés y Dathan, respectivamente, y, cómo no, Charlton Heston en el de Moisés. Una película muy entretenida, que se ve con gusto, repleta de escenas espectaculares. Fue nominada a siete Oscar y se llevó el de mejores efectos especiales.
7/10
(1959) | 214 min. | Histórico | Acción | Aventuras | Drama Tráiler
Al tiempo del paso por la Tierra de Jesús de Nazaret, un judío, Ben-Hur, sufre junto a los suyos duras pruebas que le empujan a vengarse de quien fuera su amigo, el romano Messala. Al acabar la guerra de secesión americana el general nordista Lew Wallace concibió su obra sobre un coetáneo de Jesús, esclavizado y condenado a galeras, mientras su madre y su hermana contraían la lepra en prisión. Fue tan popular que se llevó al teatro y al cine. En 1925 Fred Niblo hizo una espectacular versión muda y en 1959 fue William Wyler quien tomó el relevo. Su film ganaría 11 Oscar, incluido el de mejor película. Curiosamente, Wyler fue ayudante de dirección en el film de Niblo. A Wyler, Oscar al mejor director por tercera vez, le atraía rodar una película grandiosa, pero, acostumbrado a mimar a los personajes, sentenció: “Esta vez habrá que preocuparse de la gente”. Y fue esa mezcla de intimismo y grandiosidad la que cautivó al público. Como decía un Charlton Heston que nunca ha estado mejor, “hizo un film personal”, lo que no era nada fácil. A ello ayudó la intervención en el guión de Christopher Fry, que no sólo pergeñó unos diálogos razonables para le época descrita, sino que, según decía, vio que “la relación emocional significativa es la de amor/odio entre Messala y Ben-Hur”. Resulta un gran acierto no mostrar nunca el rostro de Jesús, a quien se ve de espaldas. Y la escena de la crucifixión, con la sangre regando la Tierra, es de una belleza inefable.
8/10
(1946) | 172 min. | Drama
Al acabar la contienda, tres veteranos de la II Guerra Mundial descubren que regresar a la normalidad puede ser más duro que el combate. Al, Fred y Homer se conocen a bordo del avión que les lleva de vuelta a casa. Y surge, natural, la amistad. Su alegría por la paz y el reencuentro con sus seres queridos tropiezan pronto con dificultades: Al se reincorpora a su puesto en un banco, su mujer e hijos le adoran, pero tiene problemas con el alcohol; Fred ve que no hay trabajo para él, y que su esposa, con la que se casó en vísperas de alistarse, no es como creía; y Homer, que perdió sus dos manos, no puede soportar que sus padres y su novia le tengan lástima. William Wyler filmó a partir de la obra de MacKinlay Cantor, con guión de Robert Sherwood, una obra maestra que completaba su contribución a la guerra con La Sra. Miniver (una inyección de moral a los civiles que sufría intensos bombardeos y la ausencia de los soldados) y Memphis Belle (soberbio documental).
9/10
(2003) | 179 min. | Aventuras | Fantástico Tráiler
Cuando una película forma parte de una trilogía, y hace la número tres, un desafío importante para el cineasta es iniciarla con buen pie. Ese tercer título tiene ya a sus espaldas un pasado, un puñado de buenas vibraciones que el espectador ha vivido, pero que quizá están adormecidas. Y se hace preciso despertarlas. Peter Jackson tiene el buen tino de empezar el film recordándonos el pasado de Gollum. Esa desdichada criatura, carcomida por el deseo de poseer el Anillo único, fue tiempo atrás un tipo normal, como cualquiera de nosotros, que se llamaba Smeagol, y que sabía disfrutar de una mañana de pesca en compañía de Deagol, un buen amigo. Explicándonos cómo casualmente, al caer al agua, halló su compañero de pesca ese bonito anillo, Jackson mata dos pájaros de un tiro: nos recuerda que el Anillo está repleto de maldad, que aunque concede a quien lo posee un poder inmenso, corrompe los corazones y empuja al asesinato; y al señalarnos que Gollum no siempre fue un ser repulsivo, el espectador cae en la cuenta del peligro al que está expuesto Frodo Bolsón, el hobbit portador del Anillo. Se nos anticipa que, a pesar de sus buenas intenciones, de llevar su pesada carga hasta el Monte del Destino para destruirlo allí donde fue forjado, el atractivo creciente que emana del Anillo le está transformando: Frodo empieza a parecerse peligrosamente a Smeagol-Gollum. El film no sólo sigue las evoluciones decisivas de Frodo, acompañado en su incursión a las tierras de Mordor por su fiel compañero Sam Samsagaz, y por el inesperado guía Gollum. Entretanto los que fueron compañeros de la Comunidad del Anillo trabajan a fondo para enfrentarse al todopoderoso ejército de Sauron, el Señor Oscuro. Saben que si Frodo fracasa, todo su esfuerzo será en vano. Pero ellos deben ganar tiempo, poner toda la carne el asador, porque todo lo que hagan es importante cara a la salvación de la Tierra Media. Hasta la más pequeña criatura tiene un papel que cumplir. Por un lado, Aragorn, el legítimo heredero de Isildur, tiene que pensar en asumir sus responsabilidades para reinar en Gondor. Con ayuda del elfo Legolas y el enano Gimli se enfrentará a mil peligros, incluido el de convocar a las tropas del rey de los muertos, que tendrá así ocasión de reparar el perjurio del pasado. El rey Theoden, librado de las malas artes de Saruman, empezará a reunir las tropas necesarias para acudir en ayuda de Minas Tirith. Merry está a su servicio, y Eowyn se destacará en el campo de batalla, siendo la mujer capaz de plantar cara a un Nazgûl. Mientras, Gandalf acude con Pippin a Gondor, para preparar la defensa de Minas Tirith. La tarea no es sencilla, pues Denethor, el Senescal, ha enloquecido de dolor desde que supo de la muerte de su muy querido hijo Boromir. Sometido al influjo de fuerzas oscuras, nunca ha sabido reconocer la valía de su otro hijo, Faramir. Tres horas y media de espectáculo épico ofrece Peter Jackson, durante las cuales se ha de esforzar por trenzar los diferentes hilos narrativos, y lograr que, ante un espléndido y fuerte tejido, el público no se pierda. ¡Y a fe nuestra, que lo consigue! Jackson, gracias a su guión, coescrito con su mujer Fran Walsh, y con Philippa Boyens, nos lleva de un lado para otro con elegancia y precisión, entrando y saliendo de las distintas tramas justo cuando la historia lo requiere. Dice Jackson: “Los personajes principales no se encuentran ni interaccionan uno con otro, lo que es bastante extraño. Así que siempre buscábamos formas de crear conexiones que transmitieran la sensación de que los hechos están ocurriendo simultáneamente, para dar la ilusión de que, aunque no compartan el mismo espacio, existe una coherencia en el devenir de los acontecimientos.” Las escenas de batalla son, una vez más, impresionantes. La batalla de los Campos de Pelennor, con populosos ejércitos, poderosas catapultas, o los sorprendentes olifantes, rodada en los increíbles parajes de Nueva Zelanda, tiene toda la capacidad del mundo para dejar boquiabierto al espectador más reticente. Sin embargo, Jackson usó un truco elemental para no convertir aquello en una serie de escenas de acción llamativas pero rutinarias: “Ninguna escena dura más de cinco minutos. Si no, se convierte en impersonal. Aunque los efectos sean todo lo espectaculares que tú quieras, después de unos minutos de observarlos, deja de importarte. Y tienes que empezar a fijarte en los personajes.” Tan es así, que los guionistas personalizaron incluso a uno de los orcos, con más peso que el resto: Gothmog, que apenas tiene presencia en el libro, nos presta sus ojos para ver la batalla desde el campo enemigo. La espectacularidad del film no impide que Jackson preste una esmerada atención a los numerosos personajes. Aunque precisamente el hecho de contar con tantos, todos con peso, y evitando dar protagonismo absoluto a uno u otro, ha jugado en contra de premios y nominaciones para las actores. De los tres filmes, sólo ha habido una nominación al Oscar para el reparto: la de Ian McKellen, por su composición de Gandalf en el primer film. Pero realmente todos están estupendos, ninguno desentona: Elijah Wood como Frodo, y Sean Astin como el fiel compañero Samsagaz, que lo aguanta todo, están maravillosos. Igual que los otros dos hobbits, Billy Boyd como Pippin (también visto en Master & Commander), y Dominic Monaghan como Merry, y un envejecido Bilbo, que es Iam Holm. El que ha dado un mayor empujón a su carrera ha sido Orlando Bloom, Legolas, que ha rodado luego Piratas del Caribe y Troya; y tampoco ha salido mal parado Viggo Mortensen, que da vida a Aragorn. Luego están John Rhys-Davies (Gimli), Bernard Hill (Theoden), John Noble (Denethor), Sean Bean (Boromir), David Wenham (Faramir), Hugo Weaving (Elrond), y perdón por los que nos dejamos en el tintero. Y entre las chicas, hay tres importantes: Liv Tyler que es Arwen, la amada de Aragorn; Cate Blanchett, la dama Galadriel; y Miranda Otto, que encarna a la guerrera Eowyn. Rematar la historia, oh, qué difícil es. Pero Jackson y cía lo consiguen. El clímax en el Monte del Destino es impresionante, se logra visualizar lo que escribió Tolkien. Y le dan un toque de sorpresa y suspense, cuando las dudas y el atractivo del mal vuelven a surgir con toda su fuerza. Después, hay varios ‘falsos’ finales (el bromista de Billy Cristal, presentador de los Oscar, decía exagerando que había recibido 11 nominaciones, tantos como finales presentaba la peli), necesarios: en la batalla, en la Comarca, en los Puertos Grises. Porque de verdad hemos llegado, como decía Frodo, al “final de todas las cosas”.
9/10
(1969) | 134 min. | Western
1911. La era del lejano Oeste llega a su fin. Pike Bishop (William Holden) atraca un banco con su banda. Pero unos cazarrecompensas, liderados por Deke Thornton (Robert Ryan), antiguo socio de Pike, les han tendido una emboscada. Los hombres de Pike aprovechan un desfile para escudarse tras ciudadanos inocentes. La situación provoca una masacre, pero Pike y otros cuatro forajidos emprenden la huida. La obra cumbre de Sam Peckinpah, donde muestra su turbia visión de un mundo lleno de auténticos depredadores salvajes, en el que resulta difícil sobrevivir. Sus protagonistas son tipos desagradables, capaces de provocar una matanza de inocentes para abrirse camino. Pero el director es capaz de mostrar su punto de vista, y les otorga rasgos de humanidad y ciertos valores, como la lealtad. Así, el espectador llega a empatizar en mayor o menor medida con ellos, sobre todo en comparación con los siniestros cazarrecompensas a las órdenes del ferrocarril, o con el despiadado general Mapache, todos ellos inmorales.
8/10
(1960) | 184 min. | Histórico Tráiler
Espartaco. El nombre de un esclavo tracio que lideró una rebelión contra el todopoderoso imperio romano, tras huir de una escuela de gladiadores con 70 hombres en el año 73 a.C. Reunió en torno a sí a 120.000 seguidores, un auténtico desafío a Roma. Las legiones de Craso y Pompeyo se emplearon a fondo para derrotar a Espartaco y crucificar a 6.000 hombres en la vía Apia, a modo de escarmiento. Al fondo estaban las luchas intestinas en el Senado, con el creciente poder de Craso y Julio César. La historia, novelada por Howard Fast, encandiló a Kirk Douglas, que se hizo con los derechos a través de su productora Bryna Productions. El guión lo escribió Dalton Trumbo. Tanto él como Fast figuraban en la lista negra del Comité de Actividades Antiamericanas, pero Douglas decidió dar crédito a ambos en el film. El director fue inicialmente Anthony Mann, que hizo las escenas de las minas de sal. Pese a su indudable competencia, Douglas, que había rodado con Stanley Kubrick Senderos de gloria, le sustituyó sin aparente motivo. Mucho se ha especulado sobre tal decisión: se diría que Douglas creía a Kubrick más controlable. El cineasta aprovechó la oportunidad para probar que podía rodar una gran superproducción (fue la única vez que hizo un film que no era iniciativa suya); a partir de entonces hizo todo lo que quiso, con su legendaria meticulosidad. Douglas se esforzó mucho, tanto en la producción como en su papel, pero su personaje, Espartaco, era de los más desdibujados. Kubrick da muestras de su enorme fuerza visual. Las luchas en la escuela de gladiadores, con Espartaco y Draba contemplando a sus compañeros por una ranura, o las evoluciones de los ejércitos en la batalla entre esclavos y romanos, son de enorme belleza. Entre los extras de esta edición, destacan, además de los comentarios, una larga entrevista con Peter Ustinov, las escenas de entrenamiento en la escuela de gladiadores, y un documental sobre ‘Los 10 de Hollywood’.
8/10
(1997) | 189 min. | Romántico | Drama
Durante meses, el rodaje de Titanic fue el más comentado por la prensa especializada. Y lo que se decía no era bueno: retrasos en el rodaje, supe­ración del presupuesto, discusiones de la productora con el director, una intoxicación alimentaria, algún accidente, condiciones draconianas de trabajo... Y pese a todo, el Titanic no se hundió. Arrasó en taquilla, arrasó en los Oscar, y ahora se dispone a arrasar en el mercado del vídeo. ¿Cuál es el secreto? A posteriori es fácil de­cirlo: el equilibrio de una poderosa historia de amor con la especta­cular recreación del naufragio del barco. Titanic nació de la afición de James Cameron por el submarinismo. El director afirma que al sumergirse donde se hundió el Titanic “aquello me tocó emocionalmente”. Escribió entonces una historia con una idea clara: no sería la típica de catástrofes. Quería una historia de amor inolvidable, del estilo de Doctor Zhivago de David Lean. No era la primera vez que la tragedia del Titanic se recreaba en la pantalla. Existían El hundimiento del Titanic de Jean Negulesco, Oscar al mejor guión, y La última noche del Titanic de Roy Ward Baker, de estilo documental. El film se inicia con un buscador de tesoros en barcos idos a pique, que inicia la exploración submarina más apasionante de su vida en los restos del mítico Titanic. El hallazgo del dibujo de una joven, milagrosamente conservado, le conduce a una anciana centenaria que afirma ser la retratada. Comienza el relato de un recuerdo maravilloso, un amor de juventud no compartido con nadie, que tuvo como marco el malhadado barco que en 1912 se llevó al fondo del mar 1500 personas. El centro de la trama lo constituye el intenso amor entre dos jóvenes: Jack, inmigrante artista y aventurero, y Rose, rica y con perso­nalidad. Por amor ambos sacrifican todo: expectativas sociales e incluso la propia vida. Jack y Rose están encarnados por Leo­nardo DiCaprio y Kate Winslet. El trato desigual de los pasajeros en su salvamento habla de las diferencias de clase, tan marca­das entonces, y no supera­das hoy. Junto a la solidaridad, el amor a los seres queri­dos y la fe para prepararse a morir, está presente el pánico y sus peores efectos. Y persiste el simbolismo del barco con respecto a la tonta vanidad humana: “El relato del hun­dimiento del Titanic –dice Came­ron– es una adver­tencia sobre los peligros del mal uso de la tecnología. Consi­derada en sí misma, no es ni buena ni mala. El problema viene del uso que los seres humanos hacen de ella. Ahora, a las puertas del tercer milenio, hay que tener cui­dado con los nuevos icebergs con los que pueden estrellarse los futuros avances tecnológicos.” El film es un hito del cine monumen­tal, de prodigiosos logros en el apar­tado técnico. Con desbor­dante fuerza visual, Cameron ofrece imágenes poderosas, como las transiciones de presente a pasado a través del casco herrumboso del barco hundido, que se convierte en la flamante nave recién botada. Las escenas del choque del Titanic con el iceberg, con las consiguientes rotura y hundi­miento, son de inusitado realismo. Y el mar, siniestra tumba flotante, deja en el es­pectador una huella indeleble. Cameron buscó autenticidad. Lo que se ve en la panta­lla transmite al espectador la sensación de estar allí, ya sea junto a los restos del naufragio –el director filmó los auténticos restos bajo el mar– o en el viaje inaugural. El detallismo llevó a construir una maqueta de la nave de dimensiones casi idénticas a las originales. Se reprodujeron con fidelidad cubiertas, salas de primera clase, escotillas, escaleras y pasillos... Los efectos visuales contribuyeron al realismo. Para las escenas de mar abierto se usó una maqueta más pequeña que la mencionada; el equipo de efectos introdujo per­sonajes filmados previamente que, multiplicados digitalmente y con el tamaño adecuado, simulaban 2000 personas en cubierta. Aguas del mar, cielo estre­llado y el aliento de los personajes por la gélida temperatura, se crea­ron muchas veces por ordenador y se logró un ensamblaje perfecto, imposible de advertir. Las imáge­nes del barco partiéndose con los viajeros cayendo al mar son asom­brosas. El presu­puesto del film aumentó en un 45%, hasta plantarse en 200 millones de dólares. Cameron hizo el gesto de renunciar a su sueldo como director y a su porcentaje de taquilla: quería ver su film terminado a toda costa. Y llegó el estreno. Las 3 horas y cuarto de duración no hicieron mella en un público, que se rindió ante una historia de dimensiones colosales, con romance incluido. El miedo al fracaso ya es historia. La película, sólo en cine, recaudó más de 1.800 millones de dólares en todo el mundo, 600 de ellos en EE.UU.
7/10
(2002) | 172 min. | Aventuras
La Comunidad del Anillo, que debía ayudar a Frodo a llevar el Anillo Único al Monte del Destino para destruirlo allí donde fue forjado, se ha disuelto. Los hobbits Merry y Pippin son prisioneros de los orcos, y un extraño trío (Aragorn, un hombre, Legolas, un elfo, y Gimli, un enano), emprenden una veloz y agotadora carrera con el propósito de liberarles. Pero cada grupo seguirá trayectorias distintas. La pareja de hobbits va a conocer a los ents, unas criaturas que son como árboles gigantes, la mar de ecologistas, y a su jefe Bárbol; y deberán vérselas con Saruman. Mientras que el trío citado se reencuentra con Gandalf, ahora conocido como Gandalf el Blanco. Y deben acudir en ayuda de Théoden, rey de Rohan, que ha caído bajo la pésima influencia de su consejero Lengua de Serpiente. Finalmente Frodo, con su pesada carga a cuestas y en compañía del fiel Sam, se dispone a cumplir su misión; y van a encontrar una ayuda inesperada. La de Gollum, antes Smeagol, que fue portador del Anillo, y que ha hecho de él un ser deleznable, en el que quedan pocos restos de humanidad. Más difícil todavía. El neozelandés Peter Jackson triunfa nuevamente al adaptar la segunda parte de la trilogía de J.R.R. Tolkien. Teóricamente se trata del film más difícil (el primero tiene la ventaja de la novedad, el tercero el de presentar el emocionante desenlace final), pero Jackson ha sabido no enredarse y combina las tres subtramas descritas antes con innegable maestría. A los hermosos paisajes que ya pudimos disfrutar en La comunidad del anillo (nos deja sin resuello la larga carrera de Aragorn, Legolas y Gimli por las espectaculares montañas), se suman espectaculares escenas de batalla nunca vistas, sobre todo la del Abismo de Helm. Desafíos como el del diseño de los ents son resueltos sin ningún problema. La peli fue una vez más nominada al Oscar como mejor película, una verdadera hazaña si se tiene en cuenta la posible tendencia de los académicos a no votar un film cuya primera parte estuvo nominada el año anterior.
8/10
(1961) | 110 min. | Romántico | Comedia Tráiler
Holly Golightly es una de esas adorables e indefinibles criaturas que ha dado la pluma de Truman Capote. Una mujer elegante y sofisticada, exquisitamente frívola, mundana, que desprende encanto por todos sus poros, aunque nada concreto parezca ocupar medianamente su cabeza. El film arranca con ella tomándose un croissant en la Quinta Avenida, mientras contempla las joyas del escaparate de Tiffany, la famosa joyería neoyoquina. La leyenda asegura que el establecimiento abrió en domingo por primera vez para que pudiera rodarse la escena, pues se requería que la calle estuviera completamente desierta. El guión se debió a George Axelrod, experto en esto tipo de obras ligeras, como acredita su obra La tentación vive arriba, que adaptó para el cine con Billy Wilder y Marilyn Monroe. Lo cual no quita para que el genio de comedia y enredo de Blake Edwards brille en cada fotograma del film. El cineasta se explaya especialmente en la surrealista escena de la fiesta, plagada de gags disparatados, y que llevaría al extremo siete años más tarde en El guateque. La escena final bajo la lluvia, es una de esas que quedan grabadas en oro en la historia del cine por derecho propio: el gato arrojado al aguacero, ella buscándolo, el encuentro de los dos enamorados, todo ello acompañado musicalmente por Henry Mancini, es soberbio. Y es que capítulo aparte es la banda sonora, premiada con el Oscar al igual que el precioso tema, de Mancini y John Mercer, 'Moon River', interpretado memorablemente en el film por la Hepburn sentada en el marco de la ventana.
7/10
(2001) | 178 min. | Aventuras | Fantástico Tráiler
Nada menos que 47 años hemos esperado los espectadores para presenciar en la gran pantalla una de las aventuras más fascinantes inventadas por la mente humana. Para los lectores de la novela, El señor de los anillos era mucho más que una historia, formaba parte del ideal de la vida, de la lucha perpetua entre el bien y el mal, una epopeya legendaria a la altura de los grandes mitos clásicos. La noticia de la filmación de una trilogía sobre la misión de Frodo y sus amigos fue sin duda una buena noticia, ya que los fans habían quedado algo desilusionados con la incompleta aunque laudable película en dibujos animados realizada en 1978 por Ralph Bakshi. La nueva versión prometía cerca de 9 horas de aventuras, tres películas correspondientes a las tres partes de la obra original. El estreno mundial de La comunidad del anillo el 19 de diciembre del pasado año se convirtió en el mayor acontecimiento cinematográfico que se recordaba en muchos años y la historia no había hecho más que empezar... Todo arranca en un territorio denominado La Comarca. Allí se celebra el cumpleaños de un hobbit llamado Bilbo (Ian Holm), en otros tiempos gran aventurero. Entre los invitados se encuentra el mago Gandalf (Ian McKellen), que sabe que Bilbo posee un extraño anillo lleno de poder encontrado en uno de sus viajes. Cuando, tras los festejos, Bilbo decide abandonar el pueblo, Gandalf le pide que se desprenda por su bien del anillo mágico. Éste pasará a manos de Frodo (Elijah Wood), el sobrino de Bilbo, quien tras recibir los consejos del mago, deberá a su vez escapar de su casa e impedir que el anillo caiga en manos de Sauron, quien lo busca con ahínco. El anillo en cuestión es de una importancia capital para el destino del mundo, su poder es incalculable y quien lo posea será el dueño de todas las conciencias. Fue forjado por el malvado Sauron, quien ahora quiere recuperarlo para sembrar el mal y reinar sobre todas las criaturas. La única manera de impedirlo es arrojar el anillo en el lugar donde fue forjado, el Monte del Destino, en la tierras de Mordor, dominio de Sauron. Allí se dirigirá Frodo, a quien en diversas etapas de su viaje se le irán uniendo otras criaturas (hobbits, hombres, enanos, elfos) hasta formar un número de nueve. La comunidad del anillo irá recorriendo la Tierra Media, un lugar lleno de sorpresas y peligros, de lugares mágicos y sórdidos y, poco a poco, Frodo irá siendo consciente de la importancia de su misión para el destino del mundo, sobre todo cuando los nueve compañeros tengan que afrontar peligros inimaginables: los repugnantes orcos, los trolls, los temibles nazgul, los peligros enterrados en las minas de Moria, el mismo poder oscuro del anillo… El director neozelandés Peter Jackson (Criaturas celestiales), fiel seguidor de la obra de Tolkien, se hizo cargo de un proyecto que contemplaba la filmación de toda la trilogía en una sola etapa. Esto, por una parte, posibilitó ajustarse al presupuesto de 270 millones de dólares, y, por otra, facilitó la unidad intrínseca de la trilogía, concebida por su creador como una única historia. El resultado es una apabullante aventura visual, rodada con una majestuosidad impresionante gracias a los grandiosos escenarios naturales de Nueva Zelanda. Batallas, persecuciones, romance, traición… Todo lo reúne esta obra filmada con la sensibilidad de quien conoce el excepcional material que tiene entre manos. Cuanta para ello en esta primera parte con un reparto encomiable, sobre todo por su adecuación a los personajes, pero de entre ellos sobresalen con fuerza Ian McKellen en el papel de Gandalf, el joven Elijah Wood en el de Frodo, y Viggo Mortensen en el del humano Aragorn, todo un seguro de vida para el pequeño hobbit portador del preciado anillo.
8/10
(1982) | 115 min. | Ciencia ficción Tráiler
Steven Spielberg no sería quien es si no hubiera rodado esta película hace 20 años. Si ya antes había sorprendido con una visión favorable de la vida más allá de la Tierra en Encuentros en la tercera fase, su siguiente película fue directamente a destrozar el mito del marciano con malas pulgas que viene a nuestro planeta para sembrar la destrucción. ¿Qué ocurriría si el extraterrestre más simpático del universo perdiera el bus de vuelta a casa? Esta pregunta dio origen a la película más personal de Steven Spielberg, de la que ahora celebramos su veinte aniversario. En el pequeño Elliott, que sufre por la reciente separación de sus padres, y que no tiene amigos de su edad, podemos ver el “alter ego” de Spielberg. También él pasó por el divorcio de sus padres, y era un muchacho solitario, que buscaba refugio en su enorme imaginación. Como el protagonista de E.T., que vive en una casa de una zona residencial y juega con sus muñecos de superhéroes. Pero lo que más anhela es un verdadero amigo y, como explica el director, “dentro de esa existencia en solitario llega un regalo de las estrellas, el mejor amigo que pudiera uno imaginar. Por supuesto, esto es algo que nunca me sucedió a mí, pero es una parte de mis fantasías. Cuando yo tenía 9 años deseaba tener un amigo que viniese de las estrellas y creciera conmigo. Y pienso que, en definitiva, de ese deseo surgió la idea de hacer E.T.” En efecto, uno de los alienígenas que están recogiendo especies de plantas en la Tierra, pierde la nave espacial que debe llevarle a casa. Elliott le descubre, y se convierte en su mejor amigo. Pero ha de ayudarle a volver con los suyos, aunque le duela la separación. Steven Spielberg dibujó de un modo inimitable el mundo infantil. Sólo a los niños les está permitido conocer la presencia de E.T., los adultos no están preparados mentalmente para ello. Para remarcar esto, el director filmó toda la película con la cámara a la altura de Elliott, y por ellos los planos están tomados como si la cámara fuera un niño. De hecho, casi nunca se ven los rostros de los adultos, que son tomados de cintura para abajo: la excepción la constituyen la madre de Elliott, y el personaje de un científico, Peter Coyote, que dice la célebre frase, que bien podía haber pronunciado Spielberg, “he estado esperando esto desde que tenía diez años”. Además, el director tomó elementos de uno de sus libros favoritos, el clásico infantil 'Peter Pan' (años más tarde dirigiría Hook, una variación sobre el tema), de James Barrie; se trata del cuento que la madre lee a la pequeña Gertie, que sabe creer en las hadas, tiene auténtica fe. Steven Spielberg encargó el guión del film a Melissa Mathison, la que fuera esposa de Harrison Ford. De hecho, el actor hizo un pequeño cameo en la película, en la escena de la escuela, aunque luego fue eliminado del metraje que se estrenó en 1982. Otro “cameo” interesante es el de Yoda, en la fiesta de Halloween, al que E.T. quiere saludar, reconociendo en el maestro jedi a uno de los suyos. También es sensacional la incomparable música de John Williams, ganadora del Oscar con todo merecimiento.
8/10
(1967) | 134 min. | Thriller | Drama
Se trata de una excelente adaptación de la célebre novela de Truman Capote. Un honesto granjero de Kansas lleva una vida normal y corriente junto a su esposa y sus dos hijos. No sospechan que dos ex convictos, con las facultades mentales perturbadas, planean matarles prácticamente sin motivo. Una vez cometido el crimen, lejos de sentirse culpables o atormentados, los asesinos se recrean en la crueldad. Emprenden la huida perseguidos por el eco del sangriento caso. La policía les pisa los talones y después de un año de persecución son detenidos y llevados a juicio. Está basada en una historia real que ocupó los periódicos estadounidenses durante una buen temporada. El escritor Truman Capote vio en este hecho la oportunidad de realizar una gran novela, y así lo hizo. Investigó el suceso con meticulosidad, indagó en la vida y en las personalidades de los asesinos, en sus motivos y en su manera de pensar. Visitó el lugar del crimen y el resto de los lugares donde estuvieron los ex convictos. La adaptación al cine es excepcional, y está dirigida con sobriedad y sensibilidad por Richard Brooks. Una incursión en la verdaderas profundidades de los Estados Unidos. Es profunda, repleta de tensión, y huye en todo momento del sensacionalismo. La música de Quincy Jones es sensacional, y la fotografía en blanco y negro del maestro Conrad L. Hall, todo un lujo.
8/10
(1993) | 100 min. | Drama
Primera entrega de la trilogía moral de los colores del realizador polaco afincado en Francia Krzysztof Kieslowski (Tres colores: Rojo, Tres colores: Blanco), dedicada a los colores de la bandera francesa. Quizá es más importante en cada una de ellas la forma que el contenido, apartado en el que Kieslowski hace auténticas maravillas. Entre los temas que trata están el destino, la nostalgia, la caridad y el dolor humano, sobre todo en esta primera entrega que, probablemente, es la mejor de todas. Julie pierde a su marido, Patrice, un compositor de éxito y a su pequeña hija Anna, en un accidente de automóvil. Ella intenta olvidar su vida anterior, pero una periodista especializada en música sospecha que ella es la autora de la obra de su marido, aunque ella lo niega. Mientras tanto, Olivier, el ayudante de su marido está enamorado de ella en silencio. El protagonismo es para la bellísima Juliette Binoche, que se convirtió en una celebridad tras esta película.
8/10
(1990) | 185 min. | Western
En plena conquista de los territorios inexplorados del Oeste en 1860, un intrépido soldado de la Unión decide visitar la frontera con los indios antes de que esta desaparezca. Allí, entra en contacto con una tribu de Sioux, con los que vive una mujer blanca que fue secuestrada cuando era pequeña. Tras tomar el nombre de ‘Bailando con lobos’ y pasar una temporada con los indios, consigue su admiración y respeto, a la vez que él comienza a sentir amistad por ellos y vive un apasionado romance con ‘En pie con el puño en alto’, la mujer blanca. Uno de los más exitosos debuts como realizador fue este filme dirigido por el reputado actor Kevin Costner, que era en aquel momento la estrella más taquillera de Hollywood. No sólo fue una de las películas más vistas del año, sino que a pesar de sus defectos de primerizo consiguió 7 premios oscar en la edición de 1991: Mejor Película, Director, Fotografía, Montaje, Guión Adaptado, Banda Sonora y Sonido. La fotografía de grandes espacios de Dean Semler es excelente y muestra de forma espectacular las grandes llanuras del estado de Dakota –donde fueron rodados todos los exteriores– en Panavisión. Por otra parte el guión ensambla con soltura los ingredientes de una clásica historia épica, como son la historia de amor, las batallas y, sobre todo, en esta ocasión, la naturaleza, uno de los personajes más importantes.
7/10
(1982) | 117 min. | Ciencia ficción
Los Angeles, año 2019. Rick Deckard (Harrison Ford) es un blade runner, un cazador de replicantes rebeldes. Los replicantes son robots construidos a semejanza de los humanos, más perfectos que éstos, pero sin sentimientos y, por tanto, sin recuerdos. Sus inventores no contaron con que, en su evolución genética, podrían adquirir los mismos sentimientos que los humanos. De manera que la pregunta que Deckard debe plantearse, a la vez que trata de aniquilarlos, es: ¿se han convertido los replicantes en unos seres más humanos que los propios humanos? Ridley Scott debe su magnífica reputación a esta película y a Alien, el octavo pasajero (1979), otra producción mítica de la ciencia ficción. En esta ocasión mezcla de manera particular y magistral el cine negro con el de ciencia ficción, a partir de una novela de Philip K. Dick. Construye una película muy interesante, creando una atmósfera inigualable y envolvente, que muchas películas posteriores del mismo género han tomado como referencia. Harrison Ford completa un papel sobresaliente, contagiando sus dudas y la identidad que va adquiriendo con los replicantes a los que debe cazar. La atractiva y coherente estética es fascinante. Algunos aspectos de la película, como la ligazón del ser humano a sus recuerdos, han trascendido el mundo del cine, y son estudiados por filósofos y antropólogos. Pero el film ofrece otros muchos puntos de reflexión -globalización, ética de la biotecnología, el enigma de la muerte- casi inagotables. Una obra maestra.
9/10
(1995) | 171 min. | Histórico | Aventuras
Siguiendo los pasos de Kevin Costner con su Bailando con lobos, Mel Gibson también recreó un drama histórico de más de dos horas de duración, protagonizado y producido por él y con un gran despliegue de medios. Asímismo, se alzó con el oscar a la mejor película en 1995. Tras su magistral debut como realizador con El hombre sin rostro, Gibson se afianzó tras las cámaras con la recreación de la vida de William Wallace, un líder escocés del siglo XIII que encabezó la rebelión contra el rey de Inglaterra Eduardo I. Wallace consiguió la unión de todos los nobles escoceses, por lo que consiguió incluso derrotar al ejército inglés en la batalla de Stirling. Tras el asesinato de su joven esposa por los ingleses, la única motivación de Wallace es la venganza. El filme contiene grandes secuencias, no sólo las relativas a la batalla, que son las más espectaculares -cientos de extras participaron en su elaboración-, sino también en el interior de la trama, de tipo romántico, lírico e incluso humorístico, de todas las cuales el realizador consigue salir con evidente soltura. La recreación que Mel Gibson ofrece de la Edad Media es realista, y da la impresión de ser una época ruda y con evidentes signos de cambio, como la creación de las universidades, por lo que el mensaje, en el fondo, es positivo.
8/10
(1974) | 128 min. | Cine negro | Thriller
La acción se sitúa a mediados de los años 30 en Los Angeles. Una mujer encarga al detective J.J. Gittes (Jack Nicholson) que investigue la vida sentimental de su marido, Hollis Mulwray (Darrell Zwerling), el ingeniero jefe del servicio de agua y electricidad de la ciudad. Mulwray se opone a la construcción de la presa del Alto Vallejo, por sus escasas ventajas y por los desastres que puede ocasionar. Gittes no tarda en descubrir que la mujer no es su esposa Evelyn Mulwray (Faye Dunaway), sino Ida Sessions (Diane Ladd), que ha sido contratada a su vez por el ingeniero Yelburton (John Hillerman) para echar a Mulwray de su puesto y poder así construir la presa. Todo se complica cuando Gittes descubre que, en plena sequía, alguien abre los aliviaderos y deja que se pierdan grandes cantidades de agua. A pesar de las presiones a las que se ve sometido, Gittes decide continuar con su investigación, a la vez que entabla una pasional relación con Evelyn. Excelente homenaje al mejor cine negro, que con el tiempo se ha convertido en un clásico del género, y en una referencia obligada para cualquier amante del cine. Se basa en un magnífico guión de Robert Towne, que ganó el Oscar. Se nota el toque personal del inquietante Roman Polanski, realizador entre otras de El baile de los vampiros (1967), La semilla del diablo (1968) o La muerte y la doncella (1994). Nicholson y Dunaway mantienen un atractivo duelo interpretativo que absorbe al espectador desde el principio.
9/10
(1982) | 122 min. | Aventuras
En una era remota, una pequeña aldea es atacada por el temible ejército de Thulsa Doom. Un niño llamado Conan ve cómo sus padres son asesinados, lo que se le queda grabado en la memoria. Él mismo es capturado y vendido a unos mercaderes de esclavos. Cuando se convierte en adulto, su fuerza física es muy grande, por lo que sus amos le convierten en gladiador. Debido a sus triunfos en la arena, consigue la libertad. Aún sigue pensando en vengar la muerte de sus padres, por lo que comienza a buscar a Thulsa Doom. Espectacular adaptación cinematográfica de la serie de novelas creadas por Robert E. Howard a partir del año 1932, dentro del género de fantasía heroica. Como héroe de novelas populares, las historias de Conan tuvieron un gran éxito, pero éste fue aún mayor cuando en los años 60 la editorial Marvel adaptó sus aventuras al cómic, lo que le convirtió en uno de los personajes más famosos del mundo. John Milius, reputado guionista de filmes como Apocalypse Now, consiguió satisfacer a los admiradores del personaje con esta adaptación, lo que no era tarea fácil, gracias al cuidado en todos los detalles. Las principales bazas del filme son su tono lírico, embellecido por una sugestiva fotografía, una inolvidable banda sonora de Basil Poledouris –en la línea de "Carmina Burana"– y el hecho de que Arnold Schwarzenegger es el actor ideal para interpretar al personaje.
7/10